Entre el boicot y el apoyo popular

La denominada en Occidente como “ley antigay” está provocando protestas en el ámbito internacional, mientras que las encuestas afirman la base social de la norma. Fuente: AP Photo / Dmitry Lovetsky

La denominada en Occidente como “ley antigay” está provocando protestas en el ámbito internacional, mientras que las encuestas afirman la base social de la norma. Fuente: AP Photo / Dmitry Lovetsky

En junio de 2013, la Duma Estatal de Rusia (su parlamento) aprobó por unanimidad un proyecto de ley que prohíbe a los ciudadanos rusos, a los extranjeros que viven en Rusia y a los medios de comunicación la distribución de “propaganda sobre relaciones sexuales no convencionales” entre menores.

La ley, coloquialmente conocida en Occidente como “ley antigay”, ha sido objeto de duras críticas a nivel internacional, debido a sus implicaciones en el campo de los derechos humanos concernientes a las comunidades de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales de Rusia (LGBT).

Liudmila Alexéyeva, exdisidente de la Unión Soviética y cofundadora de la organización Grupo Moscovita de Helsinki (MHG, por sus siglas en ruso) —el cual se dedica a velar por el cumplimiento de los derechos humanos— considera esta ley como “una vuelta a la Edad Media”. Pero Kiril Kobrin, historiador y periodista en la versión rusa de Radio Free Europe, tiene una visión diferente: “hace veinte años era impensable que se pudieran discutir estas cosas en Rusia”, comenta. Kobrin cree que la conciencia colectiva ha experimentado un importante cambio y que ahora, bajo la dirección del Kremlin, los derechos de la comunidad LGBT se han convertido en el foco de atención pública y de debate en Rusia (un debate censurado, por otra parte, tras la adopción de la nueva ley).

La manzana de la discordia

La controvertida diputada Elena Mizúlina, que dirige el comité para la familia, las mujeres y los niños del parlamento ruso, y que además es coautora de la ley en cuestión, afirma que el objetivo de la ley es proteger a los niños frente a una información que rechaza los “valores tradicionales de la familia”.

Para ser más exactos, la ley prohíbe “la difusión de información” destinada a: (1) fomentar comportamientos sexuales no convencionales entre los niños, (2) hacer que las relaciones sexuales no convencionales parezcan atractivas, (3) proporcionar una percepción distorsionada sobre la igualdad social existente entre las relaciones sexuales tradicionales y las no convencionales o (4) introducir información sobre las relaciones sexuales no convencionales que suscite el interés por ese tipo de relaciones.

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha manifestado su apoyo a la nueva ley alegando que su propósito es solo el de “proteger a los niños”. Putin también ha comentado que los homosexuales “no están siendo discriminados en modo alguno”. ¿Pero cómo es posible —se preguntan los críticos— acaso hay algo en esta ley que no sea discriminatorio?

Argumentar que la homosexualidad es algo vergonzoso y sobre lo que no se debe debatir, y al mismo tiempo, afirmar que los homosexuales no serán discriminados es algo que Occidente no alcanza a comprender.

¿Y a qué se refiere la ley exactamente con “relaciones no convencionales”? Puesto que la ley no lo define, se ha especulado sobre que podría referirse a cualquier cosa, desde la homosexualidad, la promiscuidad o las prácticas relacionadas con el sexo sadomasoquista y otras tendencias no convencionales (BDSM).

Homosexuales en Rusia

El comisionado de Derechos Humanos de Rusia, Vladímir Lukin, anunció en junio de 2013 que “una aplicación imprudente de la ley podría dar lugar a tragedias y víctimas humanas”.

¿De dónde ha salido la ley?

Para un país asediado por una buena dosis de problemas que requieren la atención del gobierno, los legisladores rusos parecen extrañamente preocupados por defender los modelos tradicionales de monogamia. Incluso se está discutiendo un proyecto de ley que limitará el número de matrimonios legales que puede contraer una persona.

La adopción de la ley antipropaganda desató una ola de leyes similares que se aprobaron a lo largo de 2012 por toda Rusia y en la ciudad de San Petersburgo. ¿Se trata pues de una respuesta del Kremlin a un creciente sentimiento popular?

El apoyo popular a las nuevas leyes

Las últimas encuestas del Centro de Opinión Pública de Toda Rusia (VTSIOM, por sus siglas en ruso) sugieren que la gran mayoría de los rusos (el 88 por ciento de los encuestados) apoyan la nueva ley contra la propaganda homosexual, y una mayoría simple (el 54 por ciento) cree que la homosexualidad debería estar criminalizada. VTSIOM también ha informado de que el 94 por ciento de los encuestados nunca se había encontrado con propaganda homosexual, aunque el 84 por ciento se opuso a ella. El conocido defensor de los derechos de los homosexuales en Rusia, Nikolái Alexéyev, ha presentado una demanda por incitación al odio contra la controvertida diputada Elena Mizúlina, uno de los miembros del parlamento que respalda la ley. También ha acusado al gobierno ruso de cometer crímenes contra la humanidad, por temor a que la ley acentúe la cultura del rechazo a la ya marginada comunidad LGBT rusa. En Facebook, mediante la iniciativa Dieti-404 (Niños -404), la periodista rusa Lena Klimova ha hecho un llamamiento a la comprensión, a la tolerancia y al reconocimiento de los jóvenes LGBT en Rusia.

La versión petersburguesa de la ley ya se ha aplicado una vez para tratar de procesar a Madonna por los comentarios que hizo a favor de la comunidad gay durante uno de sus conciertos en Rusia.

Vitali Milónov, el creador de esta ley de San Petersburgo, también amenazó con demandar a Lady Gaga por difundir propaganda homosexual. Sus pretensiones, sin embargo, fueron desestimadas por los tribunales, y Milónov se convirtió en el objeto de las burlas internacionales tras conceder una entrevista al cómico y comentarista británico Stephen Fry.

Aparte del conservadurismo regional, podría decirse que la Iglesia Ortodoxa rusa ha ejercido una fuerte influencia en la adopción de la ley. El jefe de la Iglesia, el patriarca Kiril, es conocido por sus despiadadas críticas homófobas. En julio declaró, en una congregación celebrada en la Catedral de Kazán —en la Plaza Roja de Moscú— que el matrimonio entre personas del mismo sexo es “una peligrosa señal de la llegada del apocalipsis” y que “apunta a que la gente está escogiendo el camino de la autodestrucción”.

Implicaciones de la ley a nivel práctico

Bajo esta nueva ley, los particulares que promuevan las “relaciones no convencionales entre menores” podrían afrontar multas de hasta 5.000 rublos (113 euros).

En caso de tratarse de empleados públicos, la multa podría ascender hasta los 200.000 rublos (4.545 euros), y los particulares que hagan uso de los medios de comunicación o de Internet para promover propaganda homosexual podrían recibir sanciones de hasta 100.000 rublos (unos 2.272 euros).

La multa establecida para las organizaciones asciende a 1 millón de rublos (cerca de 22.700 euros) y una pena de prisión de hasta 90 días, mientras que los extranjeros podrían ser detenidos durante un máximo de 15 días y deportados, además de estar sujetos a una multa de 100.000 rublos (cerca de 2.272 euros).

Historia de la homofobia en Rusia

Las relaciones entre personas del mismo sexo fueron despenalizadas en Rusia en 1993, cuando se revocó la Ley contra la Sodomía, que databa de 1934. Aunque en 1999 se retiró la homosexualidad del código oficial ruso de enfermedades mentales, aún se conserva un fuerte sentimiento antigay en el país, algo que está bastante generalizado. La palabra “pídor” —un peyorativo derivado de la palabra pederasta— por ejemplo, es uno de los términos de los que más se abusa en Rusia.

Ningún partido político ruso apoya a las minorías sexuales y no hay estadísticas (oficiales o extraoficiales) que recojan la cantidad de personas que se identifica como homosexual.

Poco después de la adopción de la ley contra la propaganda homosexual, el 3 de julio, el presidente Putin firmó una enmienda introducida en el Código de la Familia que prohíbe la adopción de niños rusos por parejas homosexuales de países extranjeros. El proyecto de ley se aprobó por unanimidad en la Duma Estatal en su tercera y última lectura. Las parejas del mismo sexo rusas, por otro lado, no están reconocidas y no pueden adoptar.

El ayuntamiento de Moscú ha prohibido las manifestaciones de la comunidad LGBT y las marchas del orgullo gay durante los últimos siete años, y el anterior alcalde de la ciudad, Yuri Luzhkov, calificó este tipo de reuniones de “satánicas”, lo que tuvo bastante resonancia.

Algunos grupos LGBT han sufrido los ataques de violentas muchedumbres y han sido detenidos por la policía al intentar celebrar los desfiles en Moscú y San Petersburgo sin los permisos pertinentes.

Con frecuencia, los activistas de la comunidad gay son atacados públicamente por grupos de cristianos ortodoxos extremistas, que les escupen y les lanzan huevos podridos durante sus protestas pacíficas.

A través de las redes sociales, se están distribuyendo campañas fotográficas que muestran la violencia ejercida por la policía y otros grupos de personas contra los manifestantes de la comunidad LGBT, lo que ha despertado la indignación y la preocupación a nivel internacional por la seguridad de esta comunidad en Rusia.

A pesar de estas campañas, no existen datos oficiales sobre el número de manifestantes LGBT que han soportado agresiones físicas como consecuencia de sus actividades.

El caso más escalofriante se produjo esta primavera, cuando un joven, supuestamente gay, fue asesinado en la ciudad de Volgogrado tras ser violado con botellas de cerveza y golpeado en la cabeza con una piedra. Sin embargo, aún no se ha encontrado ninguna evidencia de que realmente fuera homosexual. 

La crítica internacional

La nueva ley ha motivado fuertes críticas internacionales, las cuales sugieren que su aprobación ha ampliado significativamente la brecha cultural entre Rusia y los países occidentales, predominantemente liberales.

El año pasado, numerosas personalidades levantaron la polémica en el país eslavo al manifestar su opinión en nombre de la comunidad LGBT rusa. En junio, por ejemplo, una fotografía de la actriz Tilda Swinton en la que sostenía una bandera multicolor en frente del Kremlin se propagó rápidamente por las redes sociales.

Algunos grupos LGBT estadounidenses han hecho un llamamiento para boicotear los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebrarán en la ciudad de Sochi en febrero del año que viene, en protesta por la nueva ley. Otros, sin embargo, proponen aprovechar la celebración de las Olimpiadas para forzar al Kremlin a reconsiderar su postura en relación con la comunidad LGBT.

El Comité Olímpico Internacional ha publicado una declaración oficial en la que anuncia que se encargará “de garantizar que ningún participante de esta comunidad sufra cualquier tipo de discriminación durante los juegos”.

También se ha presionado a las administraciones de algunas ciudades hermanadas con ciudades de Rusia para que pongan fin a sus relaciones.

El alcalde de Reikiavik —la capital islandesa— por ejemplo, ha abogado por anular su hermanamiento con Moscú tras la aprobación de la ley; y el ayuntamiento de Melbourne ha recibido una solicitud con 10.000 firmas para que haga lo mismo con San Petersburgo.

Numerosos bares y restaurantes de todo el mundo han dejado de servir vodka ruso tras un llamamiento del columnista sobre sexualidad Dan Savage, quien está detrás de la campaña Dump Russian Vodka (Derrama el vodka ruso). “Enséñale al mundo que la persecución de homosexuales en Rusia es inaceptable”, declaran los folletos de su campaña. “Boicotea el vodka ruso hasta que se ponga fin a la persecución de homosexuales y de sus amigos”.

Sin embargo, el Kremlin se mantiene firme frente a la crítica oficial y social. Muchos rusos no comprenden la reacción de Occidente ante la nueva ley —que tachan de drástica y emocional— e insisten en que esta no va en contra de los homosexuales, sino de la propaganda, y aseveran que simplemente se ha diseñado para “proteger a los niños”. No obstante, en Occidente la gente se pregunta: ¿protegerlos de qué?