La ineficacia de las medidas para combatir el VIH en Rusia

La prueba del VIH se realiza a más de 24 millones de personas al año en Rusia, pero no tiene en cuenta a los grupos más vulnerables. Fuente: PhotoXPress.

La prueba del VIH se realiza a más de 24 millones de personas al año en Rusia, pero no tiene en cuenta a los grupos más vulnerables. Fuente: PhotoXPress.

La expansión del VIH es hoy en Rusia uno de los problemas más apremiantes en materia de salud. Según el último informe mundial de UNAIDS, la región de Europa Oriental y Asia Central son las únicas regiones del mundo donde las tasas de infección por el VIH siguen aumentando.

El número estimado de personas que consumen drogas ilegales en Rusia es de cinco millones.
• El número estimado de personas que consumen opiáceos ilícitos es de 1,6 millones.
• A finales del 2009, más de 555.000 personas quedaron registradas como usuarios de drogas. El 70% había consumido drogas por vía intravenosa.
• En la media nacional, un 37,2% de personas que se inyectan drogas viven con el VIH, en algunas regiones, la prevalencia del VIH en este grupo alcanza el 75%.

En la actualidad Rusia no destina ni un solo rublo a programas de prevención del VIH entre los consumidores de drogas. Anteriormente se llevaron a cabo con la asistencia de los donantes internacionales, cuya gran mayoría salió de Rusia a la luz de los acontecimientos políticos de los últimos años.

En el 2011 la campaña de prevención entre los grupos vulnerables (incluidos los drogodependientes) a la que el presupuesto destinó 85 millones de rublos (2, 6 millones de dólares), duró solo 39 días. Y el resultado práctico tampoco fue conocido. 

Pero por petición de la Asociación AGORA en Defensa de los Derechos Humanos, la Fiscalía General sometió la información al control de la Comisión de Investigación para levantar un proceso penal.

Hoy en día, el énfasis en la lucha contra la epidemia del VIH en Rusia se realiza mediante el uso de medidas de prevención ineficaces y el desarrollo de programas dirigidos a la promoción de un estilo de vida saludable, sobre la base de la represión de los consumidores de drogas y mediante la creación de una atmósfera de intolerancia pública hacia ellos.

Mientras tanto, la experiencia internacional muestra que la prevalencia del SIDA en este grupo se reduce con programas de prevención fundamentados científicamente, tales como el cambio de agujas y de jeringuillas, la terapia de sustitución de opiáceos (TSO), así como un cambio en la política represiva.

La TSO ha sido utilizada con éxito en más de 60 países. Programas de metadona operan en todos los países de la CEI, excepto Rusia, Uzbekistán y Turkmenistán. En Rusia el uso de la metadona para fines médicos está prohibido por la ley y no hay programas de terapia de sustitución.

Por otra parte, el tema de la prueba del VIH en Rusia merece un comentario especial. El principal problema radica en el hecho de que, por una parte, Rusia gasta gran cantidad de medios cada año en la prueba, que la pasa todo el mundo antes de una hospitalización, en su mayoría abuelas. Sin embargo apenas lo hacen los miembros de los grupos vulnerables.

Por ejemplo, de las más de 24 millones de personas que en 2011 se hicieron la prueba del VIH en Rusia, los grupos vulnerables, como los consumidores de drogas y los homosexuales, apenas representaban el 1 %.

Asimismo, el número de ciudadanos examinados en el 2011 disminuyó en comparación con el año 2010, y precisamente a expensas de los representantes examinados de los grupos vulnerables (homosexuales y bisexuales en un 35,9% y drogodependientes en un 10,2%).

En este contexto, despierta especial interés la reciente iniciativa del Servicio Federal de Supervisión de los Derechos de Protección al Consumidor que ha realizado el primer estudio nacional de difusión del VIH entre los "hombres que tienen relaciones sexuales con hombres” y las mujeres que ejercen la prostitución.

Los programas a gran escala de investigación sobre la prevalencia del VIH entre los hombres homosexuales funcionan con éxito en otros países desde hace décadas y por sí misma es una iniciativa muy importante. Esto permitiría recibir datos reales sobre estos grupos vulnerables, que podrían servir como fundamento para la asignación de fondos públicos para los programas de prevención, todo ello sobre una base científica.

Sin embargo, a la luz de la política conservadora del país hacia los representantes de las minorías sexuales, la presencia de políticas represivas hacia los consumidores de drogas hace surgir una preocupación por las posibles consecuencias que puedan resultar a causa de la revelación de su orientación sexual y estatus.

Y, por supuesto, como resultado del estudio surgiría el número de personas diagnosticadas con VIH. En este punto se plantea la cuestión de la calidad del asesoramiento previo y de la prueba, y lo más importante: el acceso a una terapia con antirretrovirales para los que lo necesiten.

Iván Varentsov es experto en el campo de la salud pública, y empleado de la Fundación Andréi Rylkov.

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