Vuelve la hostilidad: las raíces de la actitud antigay en Rusia

Activistas LGTB tratan de realizar una marcha a favor de sus derechos en Moscú. Fuente: RIA Novosti / Alexéi Filoppov

Activistas LGTB tratan de realizar una marcha a favor de sus derechos en Moscú. Fuente: RIA Novosti / Alexéi Filoppov

Veinte años después de la despenalización de la homosexualidad, vuelven leyes que impulsan la homofobia. Sin embargo, la historia no es un proceso lineal y la percepción de la homosexualidad no siempre ha sido negativa en Rusia: durante siglos hubo más tolerancia que en otros lugares de Europa.

El pasado 25 de enero Antón Krasovski, jefe de redacción de Kontr-TV, canal de televisión respaldado por el Kremlin, se declaró homosexual en una emisión en vivo: “Soy gay, y soy una persona igual que ustedes, mi querido público, igual que el presidente Putin, el primer ministro Medvédev y los legisladores de nuestra Duma”. No encontrarán la grabación en ningún lugar on line —fue borrada del sitio web de Kontr-TV, junto con la cuenta corporativa personal de Krasovski y las páginas sobre él—. Krasovski fue obligado a renunciar tres días más tarde. En sus propias palabras, a nadie le importó su admisión de homosexualidad, pero “a todos les llamó la atención la frase 'soy igual”.

Sería hipócrita decir que Krasovski fue despedido debido a su orientación sexual. Lo que enfureció a sus jefes fue su afirmación acerca de la igualdad. Gran cantidad de homosexuales rusos trabajan con éxito en los medios, así como en otros ámbitos, si bien para muchos admitir su homosexualidad sería lo último que harían.

En la Rusia contemporánea, los homosexuales aun son parias sociales—según encuestas realizadas por el Levada Center, en abril de 2013 la población rusa considera la homosexualidad una enfermedad (35 %), un mal hábito (43 %), mientras que solo un 12 % piensa que la orientación homosexual es algo normal.

En respuesta a si los derechos homosexuales debieran ser iguales a aquellos de los heterosexuales, un 47 % se declaró en contra, mientras que un 39 % se expresó en favor de la igualdad. Para comprender de dónde viene tal actitud, hagamos un breve repaso del pasado de la homosexualidad en Rusia.

No siempre ha sido así

En la Rusia antigua, las relaciones sexuales entre hombres (sodomía) eran repudiadas por la Iglesia, si bien no con mucha rigidez. Las penitencias no diferían de aquellas para los pecados de naturaleza viciosa o heterosexual.

Poco frecuentes son las menciones a amores gais en fuentes medievales, pero existen. Entre los siglos XV y XVII, los contactos homosexuales masculinos se tornaron más comunes entre los jóvenes hombres de la nobleza: incluso el zar Iván IV a sus veinte años había mantenido relaciones con jóvenes de su mismo sexo muy cercanos de la nobleza, entre quienes se destacó Fiódor Basmánov.

Los visitantes extranjeros a Rusia mencionaban en sus memorias que la homosexualidad masculina existía en todos los niveles de la sociedad y no era considerada un delito, para sorpresa de los visitantes provenientes de Europa.

La expansión de la homosexualidad puede adjudicarse a los sacerdotes de la Iglesia ortodoxa rusa, que no detenían a los jóvenes nobles de finales del siglo xvii cuando se afeitaban la barba, se maquillaban y usaban perfume. El historiador S. Soloviev más tarde subrayaría que “en ningún lado de Oriente u Occidente este pecado era visto con tanta liviandad como en Rusia".

En 1716 Pedro el Grande introdujo las primeras sanciones a las relaciones homosexuales en el ejército. La condena por violación a una persona del mismo sexo eran castigos corporales y el exilio. Para la nobleza rusa del siglo xviii, el sexo homosexual no era poco convencional.

En el siglo xix, de la mano del crecimiento de las relaciones ruso-europeas, el pueblo ruso supo que en otros países, la homosexualidad con frecuencia era considerada un delito, lo cual hizo que los rusos comenzasen a ocultar su comportamiento sexual.

Aun así, la homosexualidad seguía muy extendida entre los artistas, poetas y funcionarios, incluido el príncipe A. N. Golitsyn y el conde S. S. Uvarov y era vista con cierta ironía en lugar de con una verdadera actitud condenatoria.

También resulta de importancia que la mayoría de los nobles en sus años de juventud habían asistido a colegios militares privados, en donde la homosexualidad juvenil era más bien una regla y no la excepción.

En 1832, bajo el imperio de Nicolás I, se introdujo la primera disposición penal relativa a contactos homosexuales, cuya pena era el exilio a Siberia. Casi nunca se utilizó, sin embargo, ya que cualquier caso en que se aplicara dicha penalidad habría derivado en un escándalo, lo cual era muy poco deseado por parte de la nobleza.

Hacia finales del siglo, la legislación homófoba desapareció casi por completo de escena, a medida que las relaciones del mismo sexo florecían en los círculos bohemios y en la más alta nobleza, incluida la familia real. Tras la revolución de 1905 desapareció la censura literaria, por lo que comenzó a aparecer literatura gay,  y los homosexuales pudieron expresar sus sentimientos en la poesía y prosa.

Un hábito burgués, según los bolcheviques

Tras la revolución bolchevique y el establecimiento de la URSS, la lucha contra la homosexualidad se convirtió en un asunto de Estado. En 1934, se volvió a establecer la sodomía como delito, ahora con una fuerte sanción, entre cinco y ocho años de encierro en una colonia penitenciaria.

La homosexualidad fue declarada un vicio burgués que debía erradicarse por completo, sioguiendo el de lucha de clases utilizado durante la construcción del Estado soviético.

Hasta la actualidad las organizaciones vinculadas a la seguridad del Estado ocultan información respecto a la cantidad de personas procesadas por mantener relaciones homosexuales. El investigador estadounidense Dan Healey afirma que las cifras de 1934 a 1950 están incompletas, y que faltan datos entre 1951 y 1960.

A partir de 1961, las estadísticas oficiales informan que aproximadamente 1.000 personas son procesadas por año en virtud de la cláusula 121 del Código Penal de 1960 de la URSS, con un pequeño incremento en dicha cifra cada año, lo cual suma 22.163 personas entre 1961 y 1981. Durante la década de los años 80, la cantidad de homosexuales procesados disminuyó y, en 1993, se abolió la cláusula 121.

Los prejuicios sociales respecto de la homosexualidad en la URSS aumentaron de la mano de la persecución legal. En una sociedad muy ideologizada, donde los niños aprendían a muy temprana edad los valores comunistas, la homosexualidad se encontraba completamente prohibida.

Mientras tanto, en las cárceles y colonias penitenciarias se convirtió en una marca de los marginados, y la violación homosexual se utilizada con fin de humillar a los nuevos convictos y a aquellos que quebrantaban las reglas de la sociedad carcelaria. Fuera de la prisión, los exconvictos estaban estigmatizados por la sociedad "libre", lo cual condujo a percibir a los homosexuales como excluidos sociales.

Después de la abolición de la cláusula 121 en 1993, la situación se tornó algo más clara, y la opinión pública comenzó a suavizarse. De acuerdo con las encuestas realizadas por el Levada Center en abril de 1998, un 18 % de los encuestados consideraban normal la homosexualidad; a partir de 2005, dicha cifra se incrementó a un 20 %.

 

 

El mismo año, un sorprendente 51% (en la Rusia postsoviética) de los encuestados consideró que los derechos de los homosexuales eran iguales a aquellos de los heterosexuales. Sin embargo, en los años siguientes, la propaganda antihomosexual se incrementó, ahora con la ayuda de la Iglesia ortodoxa rusa, que predica incansablemente en contra de la homosexualidad y la declara un pecado, al igual que en los tiempos medievales.

Tal como vimos en este texto, las medidas antihomosexuales se tomaban en la Rusia de Pedro el Grande, Nicolás I y Iósif Stalin —líderes autoritarios cuyo objetivo era minimizar la diversidad social y generar una tolerancia cero a cualquier tipo de marginación.

Actualmente en Rusia se están aprobando nuevas disposiciones legales en contra de la propaganda y el casamiento homosexual, con el apoyo de una retórica homófoba en los medios de comunicación afines al Gobierno. Por ahora, persiste la sombra de sanciones penales contra la homosexualidad, aunque, con el aumento de la tolerancia al movimiento LGBT, en especial entre las generaciones más jóvenes, esperemos que no vuelvan a repetirse los sucesos del siglo xx.