Promotores inmobiliarios destruyen el legado arquitectónico de Moscú

La casa de Volkonsky en la calle Vozdvízhenka (Moscú) que fue construida a finales del siglo XVIII. Fuente: wikimedia

La casa de Volkonsky en la calle Vozdvízhenka (Moscú) que fue construida a finales del siglo XVIII. Fuente: wikimedia

Hasta el momento las sanciones no han conseguido frenar la destrucción de numerosos edificios. Se planea crear una legislación que aumente considerablemente la cuantía de las multas.

Muy a menudo, los monumentos arquitectónicos de Rusia se destruyen por culpa de promotores con pocos escrúpulos. 

La hacienda de Rosenberg, construida a finales del siglo XIX y principios del XX, y adquirida por una . empresaria de Pskov en 2011 es un ejemplo paradigmático. Al efectuar la compra se comprometió a conservar el edificio, pero, tras el término de la negociación, lo demolió para construir un hotel. 

En Rusia una noticia así no sorprende a nadie, lo que llama la atención es otra cosa: el hecho de que la mujer fuera sentenciada a pagar un sanción por valor de 35.000 rublos (unos 870 euros), una cantidad insignificante en comparación a los beneficios que obtiene del hotel. En realidad, quedó impune, como otros tantos promotores. 

El jefe de departamento, Vladímir Tsvetnov, explicó que “hoy por hoy, en la legislación rusa no hay establecido un sistema de sanciones por acciones no autorizadas contra bienes de patrimonio cultural”. 

Según Tsvetnov, este sistema aparecerá este mismo agosto año y establecerá sanciones por cantidades de hasta 20 millones de rublos (medio millón de euros) por la demolición de bienes culturales patrimonio del país, y hasta 60 millones de rublos (un 1.500.000 euros) por la destrucción de monumentos listados por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.

En el año 2012, Rusia perdió 40 bienes de patrimonio cultural. Esta cifra la proporcionó recientemente el Departamento del Ministerio de Cultura de Rusia para el control, la supervisión y la concesión de licencias en el ámbito del patrimonio cultural.

Sin embargo, incluso estas medidas parecen ser insuficientes debido al hecho de que en Rusia hay lugares y monumentos que por sí solos “valen” las arriba mencionadas sumas. Sin irnos más lejos, “la casa del viejo Volkonski”, que se ha convertido en los últimos meses en el epicentro de la lucha entre edificadores y figuras públicas. 

La casa de Volkonsky en la calle Vozdvízhenka (Moscú) fue construida a finales del siglo XVIII y reconstruida tras un incendio en el año 1812. En 1816 la compró el príncipe Nikolái Volkonski, abuelo del escritor  Lev Tolstói, que se convirtió en el prototipo del viejo príncipe Volkonski de la novela Guerra y paz. 

La hacienda pudo sobrevivir dos guerras mundiales y la época soviética, pero en 2009 fue retirada de la lista de monumentos arquitectónicos reconocidos, momento que se convirtió en el principio del fin. 

Dos años antes, las autoridades aprobaron el proyecto de reconstrucción del edificio “como parte de las medidas especiales enfocadas a la reconstrucción histórico-urbanística del medioambiente”. En realidad, estas medidas consistieron en añadir dos plantas que, como se supondrá, el dueño del edificio (la fundación “Centro de relaciones interpersonales”) planea arrendar como locales de oficina. 

Según 'Arjnadzor', organización dedicada a la protección de monumentos arquitectónicos de Moscú, tras la reconstrucción el coste de arrendamiento de la casa de Volkonski aumentará en varios millones de rublos al año y que, de ser así, habrá merecido la pena para el edificador. 

El departamento del Ministerio de Cultura de la Federación achaca la situación con la casa de Volkonski a la falta de documentos que confirmen el valor cultural del edificio. 

“Sí, todos sabemos que en esa casa vivió el abuelo de Lev Tolstói y que eso forma parte de la historia, pero el mercado no es ninguna historia y es por ello que no podemos hacer nada. Nosotros no somos historiadores”, explicó Vladimir Tsvetnov, al tiempo que señalaba otro problema de la protección de los bienes de patrimonio cultural. 

Se refería a la disputa que surge a menudo durante las peritaciones alternativas de los expertos. A esto último se le puede añadir los casos de manipulación de hechos históricos, así como las deducciones incorrectas de los expertos. 

Según los miembros de 'Arjnadzor', son precisamente estos motivos los que han provocado la destrucción de bienes culturales tales como el estadio Dinamo o el 'Detski mir' (Mundo de los Niños): 

“Por desgracia, las peritaciones realizadas con pocos escrúpulos son cada vez más frecuentes. A veces no se trata de la manipulación de los hechos sino de deducciones incorrectas como fue el caso del Depósito circular (estación de Leningrado)”, considera Rustam Rajmatulin, coordinador de 'Arjnadzor', mientras explica que los expertos aprobaron el proyecto de demolición del monumento con el pretexto de ajustarlo y señalando que  la parte demolida no pertenece a la parte del monumento que debía conservarse. 

En su opinión, la manipulación histórica está relacionada con la peritación estatal de los edificios histórico-culturales. Se declaró que tres cuartas partes de los muros del estadio Dinamo, construidos en los años 20, fueron demolidos antes de las Olimpíadas de los años 80, cuando en realidad “esas tres cuartas partes fueron demolidas en el 2012”. 

Los expertos continúan buscando la forma de proteger los bienes culturales. Además de imponer fuertes sanciones, otra opción posible podría ser la privatización de los edificios históricos para el establecimiento de estrictas medidas de conservación y el derecho de las autoridades para rescindir el contrato en caso de infracción. Tsvetnov confía en la  entrega de los edificios al sector privado para así poder compensar la falta de dinero y proteger todos los bienes culturales.