Daguestán pierde una voz crítica

El periodista Ahmednabí Ahmednabíev fue asesinado a tiros el pasado martes. Fuente: ITAR-TASS

El periodista Ahmednabí Ahmednabíev fue asesinado a tiros el pasado martes. Fuente: ITAR-TASS

Daguestán perdió uno de los informadores críticos y comprometidos tras el asesinato el martes del Ahmednabí Ahmednabíev, que se ha convertido en el periodista número 17 asesinado o muerto en circunstancias sospechosas en esta república norcaucásica de la Federación de Rusia desde 1993. La investigación apunta que la versión principal del crimen está relacionada con la actividad profesional de la víctima.

Ahmednabí Ahmednabíev, 53 años, periodista del semanario Nóvoye Dielo y colaborador del portal de noticias Kavkavski uziel, fue abatido a tiros por un desconocido a las 7 de la mañana del martes cuando regresaba en coche a su casa, en el barrio Semender de Majachkalá, la capital de Daguestán.

El Comité Investigador de la fiscalía abrió una causa penal por asesinato, tenencia ilegal de armas y aniquilación o deterioro de propiedades. Se analizan varias versiones pero la fiscalía anunció que la principal es la actividad profesional de Ahmednabíev.

Sin embargo, sus colegas no descartan que el asesinato pueda tener también algún tipo de motivación política porque la víctima participaba activamente en la vida política opositora de su comarca (Ajvajskaya).

En Daguestán Ajmednabíev, uno de los periodistas más leídos, era conocido por sus artículos en los que denunciaba las violaciones de los derechos humanos, sobre todo los abusos policiales y la persecución religiosa contra personas que profesan el salafismo, corriente religiosa que reivindica el retorno a los orígenes del islam y que en Daguestán está enfrentada al islam de tendencia sufí, más tradicional en la región.

Esta actividad le hizo ganarse el calificativo de “cómplice de los terroristas y extremistas” entre algunas capas de la población y de las estructuras de seguridad por la vinculación que popularmente se establece entre el salafismo y el movimiento terrorista que lucha por la creación de un Emirato en el Cáucaso Norte regido por la sharía aunque muchos salafitas no tengan nada que ver con la lucha armada.

Además, según los informes de International Crisis Group, toda la actividad terrorista que azota la región tampoco puede calificarse exclusivamente de islamista ya que existe un complicado esquema de estructuras criminales relacionadas con clanes y poderes económicos que no tienen nada que ver con la religión.

Ahmednabíev escribía también sobre política interna, sobre temas de moral y ética islámicas, el papel del islam  en el mundo y sobre cuestiones históricas relacionadas con la guerra colonial que en el siglo XIX la Rusia zarista mantuvo en el Cáucaso y tras la cual se anexionó la región.

Ajmednabíev empezó su carrera periodística en el semanario Chernovik, cuyo fundador y editor, Gadzhimurad Kamálov, fue asesinado a tiros el 15 de diciembre del 2011.

Magomed Magomédov, redactor de Chernovik, explica que Ajmednabíev era una persona que “seguía las normas del islam en todos los aspectos de la vida, amaba Daguestán y no ocultaba su desprecio por Rusia”. Además, el excompañero de redacción recuerda que la víctima combinaba el periodismo de investigación y de denuncia con su profesión de médico.

Según las valoraciones de varias organizaciones, Daguestán se distingue de otras regiones de Rusia por el alto grado de libertad de expresión en los medios de comunicación privados y a la vez por la peligrosidad de la profesión.

Magomédov explica que esto último es debido a que los medios privados, sobre todo Nóvoye Dielo y Chernovik (que fueron los primeros semanarios sin dotaciones del Estado) “no podían no hablar de los problemas del terrorismo y del extremismo y de los conflictos en la sociedad que generan estos fenómenos, así como de los abusos de las estructuras de seguridad”.

En el 2009 el nombre de Ajmednabíev apareció en una lista negra formada por periodistas, activistas y abogados que fue repartida en panfletos en Majachkalá, cerca de la mezquita donde rezan los salafitas, en los que se decía que esas personas eran objetivos en señal de venganza por la muerte de policías.

Magomédov explica que entonces la lista se interpretó como un mensaje a la insurgencia armada en el que se decía “no os tenemos miedo y mataremos a aquellos que os defienden”.

Sin embargo, en la redacción de Chernovik, cuyo fundador también estaba en la lista negra y posteriormente fue asesinado, no se tomaron en serio la amenaza porque consideraron que era una acción del servicio de prensa del Ministerio de Interior y actualmente tampoco ven una relación directa entre la lista y el asesinato de Kamálov, que todavía no ha sido descubierto.

Ajmednabíev había recibido varias amenazas y el pasado enero le dispararon en el mismo sitio donde el martes fue asesinado. Magomédov recuerda que cuando apareció la lista Ajmednabíev tampoco se la tomó en serio pero decidió comprobar hasta qué punto las estructuras de seguridad defendían a los periodistas, presentó una denuncia e intentó que le garantizaran algún tipo de seguridad pero le denegaron la petición y el caso se cerró rápidamente.

La organización internacional Human Rights Watch ha pedido a las autoridades rusas que se abra una investigación exhaustiva del asesinato de Ajmednabíev y que trabajen para asegurar que esta clase de ataques no queden impunes.

Según la Unión de Periodistas de Rusia Ajmednabíev es el periodista número 17 asesinado o muerto en circunstancias sospechosas en Daguestán desde 1993. Magomédov recuerda que la mayoría de casos no han sido descubiertos y lamenta la pasividad del Estado a la hora de defender a los periodistas así como el hecho que las autoridades y las fuerzas de seguridad no reaccionen a las denuncias que se exponen en algunos artículos.

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