La movilidad sostenible la única salida para Moscú

La capital de Rusia requiere de instrumentos para solventar los problemas de tráfico y hacerla más ecológica. Fuente: Kommersant

La capital de Rusia requiere de instrumentos para solventar los problemas de tráfico y hacerla más ecológica. Fuente: Kommersant

Los atascos de Moscú generan una serie de problemas en la calidad de vida de los ciudadanos y en el medio ambiente que se deben resolver con nuevos recursos tecnológicos.

Moscú es una ciudad de más de 10,5 millones de habitantes según las estadísticas del censo del año 2010. Aunque teniendo en cuenta el flujo de turistas y los movimientos poblacionales relacionados con el trabajo o los estudios, a diario pueden utilizar medios de transporte entre 15 y 20 millones de personas.

Y un grave problema derivado del uso del vehículo privado es el tráfico intenso y los continuos atascos que se generan tanto en la propia ciudad como en sus vías de acceso, lo que alarga los tiempos de desplazamiento, e implica un gran impacto ambiental.

Si no logramos que nuestras ciudades sean sostenibles, tampoco conseguiremos que lo sea el propio planeta como ecosistema global. Las sociedades modernas demandan una alta y variada movilidad, lo que requiere un sistema de transporte complejo, con los menores costes económicos, sociales y ambientales.

El transporte urbano es esencial en la vertebración del entramado de las ciudades. Pero, por otra parte, supone una enorme carga energética y un gran impacto ambiental con efectos directos sobre la salud, la calidad de vida, los ecosistemas y el cambio climático, todo lo cual va en detrimento del desarrollo sostenible a nivel local y global.

Los problemas de congestión crónica y de estrés urbano asociado afectan muy negativamente a las empresas y a los ciudadanos, con pérdidas de tiempo, eficiencia, accesibilidad y de salud pública.

En relación con el cambio climático, el transporte urbano es responsable de un 40% de las emisiones de CO2 originadas por el transporte y, a su vez, supone una cuarta parte de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI). Y el reto planteado para limitar el cambio climático a menos de 2°C, requiere un gran esfuerzo para alcanzar una economía hipocarbónica a mediados de siglo.

También merecen un comentario destacado los costes externos vinculados al transporte, ya que no se computan adecuadamente en los sistemas de contabilidad, pero los pagan los ciudadanos, el medio ambiente y las generaciones futuras.

En todo este panorama, el predominio del vehículo privado convencional es incuestionable, y el automóvil es un devorador de energía y espacio. Tiene un consumo potencial más de dos veces superior al metro o tren de cercanías y más de tres veces con respecto al autobús. Y, además, es el medio de transporte con menos ocupación. Un viaje en autobús o en ferrocarril consume, por pasajero y por kilómetro recorrido, entre 3 y 5 veces menos energía que el vehículo particular. Y las distancias que se pueden recorrer con igualdad de combustible consumido son igualmente superiores. Y con respecto a las emisiones de CO2, un coche con un solo ocupante tiene un impacto emisor 100 veces superior al de un viajero que se mueve en transporte público.

Un sistema eficiente de transporte que proporcione patrones de movilidad inteligente y sostenible es esencial para la economía y la calidad de vida urbana.

El concepto de sistemas inteligentes de transporte (SIT) se plantea como un mecanismo clave para las grandes urbes y se suele referir a un conjunto de soluciones tecnológicas basadas en las tecnologías modernas de telecomunicación e informáticas diseñadas para mejorar la operación y seguridad del transporte terrestre, con un especial énfasis en resolver los problemas causados por la congestión del tráfico.

Pero la gestión del tráfico con el uso de las nuevas tecnologías se debe conjugar con una ordenación del territorio, una planificación urbana integrada y un cambio de hábitos de los ciudadanos en aras de ciudades más habitables, sostenibles y convivenciales.

Luis M. Jiménez Herrero es director ejecutivo del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE).