Seísmos en Rusia: un problema infravalorado

El enorme territorio del país tiene zonas de gran actividad sísmica, aunque alejados de los principales centros de población. Alamy / Legion Media

El enorme territorio del país tiene zonas de gran actividad sísmica, aunque alejados de los principales centros de población. Alamy / Legion Media

Más del 20% del territorio de Rusia se considera zona propensa a la aparición de terremotos de más de 7 puntos en la escala de Richter. Normalmente, estos terremotos se producen en zonas montañosas, donde se juntan dos placas tectónicas, como las regiones del Cáucaso, Altái, Siberia Oriental y el Extremo Oriente.

El 5% del territorio de Rusia está cubierto por zonas de alto riesgo, con cotas que alcanzan los 8-9 puntos de la escala Richter. La mayoría de los terremotos se producen en la península de Kamchatka y en las Islas Kuriles, y con frecuencia vienen acompañados de tsunamis. Por ejemplo, en 1952, un terremoto en el océano pacífico originó un tsunami en la costa de Kamchatka que devastó la ciudad de Sévero-Kurilsk; y hace relativamente poco, en 1995, la aldea de Neftegorsk quedó completamente destruida durante un terremoto en Sajalín. 

Las últimas investigaciones demuestran que el nivel de sismicidad de muchas regiones está subestimado. Además, aún no se ha desarrollado ningún método que permita predecir con un alto grado de precisión dónde y en qué momento se producirá un terremoto. El último ejemplo ha sido el de Tuvá, en diciembre de 2012, que registró una magnitud de 7 puntos.

Según los expertos, debido a la existencia de tantas áreas propensas a la aparición de terremotos de gran escala en Rusia, la predicción de la actividad sísmica y el desarrollo de medidas específicas de construcción para las zonas de riesgo constituyen uno de los principales objetivos del gobierno.

Tal como señala el jefe de laboratorio del centro de investigaciones de ingeniería sísmica TsNIISK (por sus siglas en ruso) V. A. Kucherenko, Arkadi Granovski, “en Rusia no hay necesidad de abandonar por completo la construcción de edificios en zonas de riesgo sísmico.

Por ejemplo, en China, Japón y Chile se utilizan tecnologías que garantizan la seguridad de las estructuras en las zonas con abundante actividad sísmica”. Según los ingenieros, las principales soluciones técnicas deben concentrarse en el aumento de la rigidez y la estabilidad estructural.

 

Después del terremoto en Neftegorsk. Fuente: Ria Novosti

Por ejemplo, para las Olimpiadas de 2014 que se celebrarán en la región de Sochi (donde existen incluso áreas con una actividad sísmica equivalente a los 10 puntos), se ha puesto en marcha un plan de construcción que incluye instalaciones deportivas y edificios de gran altura.

La normativa rusa prohíbe la construcción de edificios de más de 16 plantas en aquellas zonas sísmicas que registran un grado de peligro equivalente a los nueve puntos, pero en Sochi existen edificios de hasta 28 y 30 plantas que quedan fuera del código de edificación general y deben cumplir, por tanto, unas condiciones técnicas especiales.

A menudo, en la construcción de la estructura de estos edificios se utiliza un sistema combinado: las fuerzas sísmicas transversales son absorbidas por paredes transversales de hormigón armado, mientras que las fuerzas longitudinales son asimiladas por entramados metálicos reticulares que se colocan en la fachada del edificio. En Rusia, para la construcción de edificios en zonas sísmicas, existen unos parámetros previos de rigidez, entramados especiales y un número limitado de plantas.

Por otro lado, los expertos han expresado su inquietud con respecto a la seguridad de los edificios de gran altura que se han construido de forma intensiva en el país durante los últimos 10 años. Cuanto mayor es la altura de un edificio, mayor es también la amplitud de las vibraciones que genera.

La capacidad de soportar los efectos de un terremoto no atañe solo a la estructura de estos edificios, sino también a la ingeniería implicada en su construcción. Las instalaciones de fontanería, de calefacción o los sistemas de refrigeración trasladan un importante volumen de agua; en las etapas iniciales de un terremoto pueden sufrir daños que dificultarían los procesos de evacuación de personas.

El Ministerio de Situaciones de Emergencia de Rusia, por su parte, recomienda abandonar los edificios de forma inmediata con la aparición de los primeros temblores. También resulta de vital importancia garantizar el correcto funcionamiento de las instalaciones de protección contra incendios. Se sabe que una buena parte de los daños derivados de un terremoto suelen estar provocados por los incendios posteriores, los cuales aparecen como consecuencia de desgarros en el tendido eléctrico durante los temblores.

En Rusia se está empezando a utilizar ahora la tecnología de aislamiento sísmico, cuya función principal consiste en anular las cargas dinámicas en los cimientos del edificio.

Para garantizar la seguridad de los edificios en las zonas de riesgo sísmico, se utiliza también una cimentación y unas juntas antisísmicas especiales, que consisten en refuerzos colocados entre las distintas plantas del edificio. Además se suelen utilizar contrafuertes: salientes verticales que proporcionan estabilidad estructural al edificio al ejercer de contrapeso.

“En nuestra opinión, la construcción de viviendas en regiones con propensión sísmica debería basarse en estructuras ligeras de madera, polímeros y materiales compuestos, como ocurre en los países desarrollados. Esto requiere una mejora de la calidad en los trabajos proporcionados por las empresas de construcción”, comenta el ministro de Desarrollo Regional, Govurin.

“La modernización del sector de la construcción es especialmente importante en Siberia y en el Extremo Oriente, debido a las limitaciones propias de estas regiones en términos de transporte, las cuales aumentan significativamente el precio de importación de los recursos. Ya tenemos algunos ejemplos positivos en esta dirección: en la República de Sajá se ha puesto en marcha una fábrica de materiales compuestos de construcción y, en Jabárovsk, se están produciendo casas prefabricadas con nuevas tecnologías de estructuras que han superado todas las pruebas climáticas y geológicas pertinentes”. 

Recordando el terremoto más destructivo de la reciente historia rusa

 

Fuente: ITAR-TASS

Hace 18 años, un seísmo de casi 10 grados asoló por completo la pequeña población de Neftegorsk. El lugar no ha sido reconstruido y en su antiguo emplazamiento se levanta un memorial por las víctimas.

Cinco minutos de silencio. Cinco minutos cada hora, toda la maquinaria que limpia los escombros tras un terremoto, se para completamente. Se detiene todo el trabajo, toda conversación se extingue. Los equipos de rescate y los voluntarios escuchan al silencio, con la esperanza de oír cualquier señal de que hay supervivientes atrapados bajo los cascotes. Esta técnica se usó por primera vez en 1995, en las ruinas de la ciudad de Neftegorsk, en el norte de Sajalín.


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En 1995, la actividad sísmica en el Pacífico alcanzó niveles sin precedentes. El invierno de ese año, un terremoto asoló la ciudad japonesa de Kobe y dejó 5.300 víctimas mortales. Los sismólogos rusos estaban en alerta para detectar nuevos temblores en el Extremo Oriente y la península de Kamchatka. Nadie esperaba que el desastre golpease Neftegorsk, especialmente porque la zona norte de Sajalín siempre había sido mucho menos propensa a los terremotos que el sur, o las islas Curiles.

Neftegorsk contaba con 3.197 habitantes en 1995. La ciudad, junto con toda la costa norte de Sajalín, sintió el seísmo a la 1:04, hora local, el 28 de mayo. Según fuentes del Ministerio de Protección Civil ruso, este ha sido el terremoto más destructivo en todo el país en los últimos 100 años, con una magnitud de 8.0 a 10.0 grados en la escala de Richter en su epicentro, que se encontraba a solo 25-30 kilómetros de Neftegorsk. En total, murieron 2.100 personas bajo los escombros de los edificios que se derrumbaron. Más de 350 siguen desaparecidas a día de hoy. Los equipos de rescate encontraron a 2.364 personas entre las ruinas, pero muchas se hallaban en tal estado que los servicios médicos ya no pudieron hacer nada para ayudarlas.

Neftegorsk fue fundada en 1964 como un pequeño asentamiento de trabajadores de la industria petrolífera, que hacían largos turnos lejos de sus hogares. En los 30 años previos al desastre, este pequeño pueblo contaba con bloques de viviendas de 17 pisos, con 80 apartamentos cada uno; cuatro edificios residenciales de dos pisos, hechos de ladrillo y bloques de hormigón; una casa de campo de planta baja que compartían tres familias. Además, había cuatro guarderías de dos pisos, una escuela y varias tiendas. Casi todos estos edificios fueron completamente destruidos por el terremoto. La escuela local celebraba la ceremonia de graduación el día del terremoto. De 26 graduados, solo sobrevivieron nueve.

Tras el terremoto, el Gobierno rechazó los ofrecimientos de ayuda por parte de equipos de rescate extranjeros. Esta decisión acarreó numerosas críticas tanto dentro como fuera del país. Sin embargo, los equipos de rescate que envió el Ministerio de Protección Civil ruso lograron salvar tantas vidas como era humanamente posible. Tras las operaciones de rescate en Neftegorsk, los equipos rusos recibieron reconocimiento internacional como unos de los mejores del mundo. Desde entonces, cada vez que un país golpeado por un desastre decide buscar ayuda internacional, el Ministerio de Protección Civil ruso es uno de los primeros en ser llamado.

Los equipos del Ministerio llegaron a la zona de la catástrofe antes de 24 horas. Ese mismo día, el Gobierno formó una comisión especial para supervisar las operaciones de rescate y auxilio. La magnitud de la tragedia fue tal que se necesitaron 25 aviones, 24 helicópteros y 66 camiones y coches en el plan de auxilio. El cuarto día, el número de los diversos vehículos y maquinaria que participaban en la operación se había elevado a 267. Además de los equipos de rescate civil de Kamchatka, Sajalín y Jabarovsk, trabajaron también en el lugar unidades del Ejército. El número total de personas que tomaron parte en las labores de rescate y de ayuda humanitaria, contando profesionales y voluntarios, fue de 1.646