Gente rara de Siberia

Fuente: María Akínina

Fuente: María Akínina

El estudiante de doctorado Vladímir Mélnikov (24 años), oriundo de la ciudad siberiana de Tomsk, da clases en la universidad, dirige su propia empresa en internet y, desde hace dos años, recoge voluntariamente basura de las calles. La cantidad de los desperdicios recogidos por él se mide en toneladas.

 

Fuente: María Akínina

¡Fuerabasura!

No hace tanto que los habitantes de Tomsk, al ver Vladímir y a sus amigos, se llevaban el índice a la sien y decían: “¡Mira que sois raros!”. Miraban con desconfianza a unos chicos que comprimían en bolsas grandes la basura de la calle. 

“Seguro que están currando por dinero”, refunfuñaban los transeúntes. Pocos eran los que creían que unos jóvenes limpiaran la ciudad los fines de semana durante seis horas simplemente porque sí. 

Vladímir es licenciado en Filosofía y no tiene ninguna relación con movimientos políticos o ecologistas. Su 'pasión' por la basura de la ciudad empezó por una discusión corriente.

“Estaba con unos amigos en la cocina y, como suele pasar, empezamos a hablar de política”, cuenta Vladímir. “Todos se pusieron a insultar a los funcionarios, a culparles de que no saben hacer nada como es debido, ni siquiera recoger la basura de los parques. Pero después a unos cuantos, entre los que estaba yo, nos hartó esta conversación inútil. Y alguien propuso: ¡Pues vamos a hacerlo nosotros!”.


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Al día siguiente, Vladímir y un par de amigos se fueron al parque que está frente al ayuntamiento de Tomsk. El vertedero era impresionante: la basura se acumulaba desde los años 90.

Comprendiendo que entre los tres no iban a poder con ella, Vladímir creó en una red social el grupo “Gente rara” e invitó a todo aquel que deseara unirse a un sábado de trabajo voluntario. Se juntaron unas 20 personas.

Cien sacos de rafia del tamaño de medio hombre fue el resultado del primer día de limpieza en el parque. Esto fue en julio del año 2011 y nadie puede decir con exactitud cuánta basura ha recogido desde entonces la “Gente rara”. Pero esta cantidad se mide en toneladas, y en el grupo de internet hay inscritos 756 voluntarios.

“Ahora sé muy bien que las manos de uno pueden hacer muchas cosas en la ciudad. Y no hace falta ni que te ayuden los funcionarios ni dinero”, confiesa Vladímir Mélnikov. 

“La avenida Gógol”

Tomsk tiene medio millón de habitantes habitantes y decenas de barrios degradados. Normalmente tienen el mismo aspecto: matorrales, garajes levantados ilegalmente, edificios vetustos y montañas de basura. Por eso no sorprende que fueran del gusto de alcohólicos y drogadictos: aquí, sea de día o de noche, uno puede ocultarse de miradas ajenas.

En realidad, estos barrios y la basura que hay en ellos no pertenecen a nadie. Y como no tienen dueño, pues nadie se dedica a limpiarlos, a no ser que lo hagan los voluntarios.

“Pero una única batida es poco, –explica Vladímir–. Para que las zonas liberadas de basura no se conviertan de nuevo en vertederos, hay que acondicionarlas. Cada lugar abandonado tiene potencial para transformarse en algo, puede ser una zona infantil o para pasear a los perros, o una avenida...”

Tamara Mélnikova tiene 25 años. Es licenciada en Periodismo y trabaja de relaciones públicas. No solo ha apoyado la idea de su marido de recoger la basura de la ciudad. Tamara es una de las líderes de “Gente rara” y este es el segundo año que actúa bajo el lema: “¡En lugar de meterte con tu ciudad, prueba a mejorarla!”.

Durante el último verano Tamara dirigió el proyecto “Avenida Gógol” junto con su marido y unos amigos. Transformaron una calle llena de trastos del centro de Tomsk en un lugar para el ocio. A un lado, las vías del tren, y al otro un edificio abandonado de un antiguo instituto de comunicaciones que había pertenecido al Ministerio de Defensa. El barrio, por decirlo suavemente, no atraía a los paseantes. Incluso después de sacar la basura y de cortar los arbustos silvestres, continuaba teniendo un aspecto deprimente.

“En estos dos años he comprendido que los problemas se resuelven no tirando de conocidos o de dinero, sino simplemente con conversaciones entre personas –dice Vladímir–. Habíamos decidido dibujar un grafiti en la escuela de comunicaciones, pero ¿cómo hacerlo sin el permiso del Ministerio? Así que llamé a la otra punta del país, a Moscú, expliqué la situación y conseguí el permiso, ¡algo prácticamente imposible en Rusia!”

 

Fuente: María Akínina

Tras llenar el edificio abandonado y la larga tapia de ladrillos de grafitis con motivos de las obras de Nikolái Gógol, “Gente rara” creó la primera galería de arte de Tomsk al aire libre. Este otoño pasó por ella la excursión inaugural. 

QR-Tomsk

Mientras en Tomsk haya nieve, “Gente rara” ayuda a quitarla a quien no puede hacerlo solo. Por ejemplo a un refugio para perros abandonados. Pero en cuanto empiece el buen tiempo, empezarán nuevos sábados de trabajo voluntario en las barriadas y su conversión en espacios públicos.

En general, se tiene la impresión de que no pasa un día sin que “Gente rara” tenga una idea nueva. Recientemente han recibido una subvención y han puesto en marcha el proyecto “QR-Tomsk. Una nueva historia”: realizar excursiones sin guía. Ahora, para recibir información de cualquier objeto, solo hace falta un teléfono más o menos moderno y el código QR, ese “cuadradito extraño” que aparece últimamente en anuncios, carteles e, incluso, tarjetas de visita.

La pegatina con el código QR se coloca en un edificio, en ella está cifrada la información sobre el mismo, y después se lee con ayuda de un teléfono inteligente. O lo que es lo mismo, es posible que muy pronto Tomsk se convierta en una ciudad por la que los turistas puedan, gracias a los códigos QR, pasear en solitario y no pagar por los servicios de un guía. Suena raro… Pero, claro, si el proyecto está dirigido por “Gente rara” no podía ser de otra manera.