Piel artificial para personas 'de verdad'

Fuente: ITAR-TASS

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Biofísicos rusos crearon en los años 80 este material, que actualmente se utiliza en todo el mundo para tratar diferentes daños en la piel.

Gracias a los tratamientos excepcionales de los biofísicos rusos se ha conseguido salvar el rostro de Serguéi Filin, el director artístico del Ballet del Teatro Bolshói.

El nombre común de esta tecnología es “piel artificial”. Este material se utiliza en todo el mundo para tratar lesiones de piel severas. Pero pocos saben que los pioneros en su creación fueron los científicos de una ciudad de la provincia de Moscú llamada Púschino.

En el laboratorio de crecimiento de células y tejidos del Instituto de Biofísica Teórica y Experimental de la Academia de Ciencias de Rusia aparecieron las primeras muestras de “piel artificial”, que cumple por completo las funciones de la epidermis destruida, en la década de 1980.

Después de utilizar durante treinta años tecnologías celulares en Púschino se han desarrollado decenas de productos contra quemaduras, tanto películas como geles, que se utilizan para superficies dañadas, para cosmética médica y para la regeneración de la piel.

Uno de los últimos productos de gel basado en tecnología celular se ha empleado para curar al bailarín y coreógrafo Serguéi Filin, a quien le arrojaron ácido a la cara en enero de este año.

Le aplicaron el producto en las primeras veinticuatro horas. “La regeneración de los tejidos dañados comenzó inmediatamente. Y el resultado sorprendió incluso a algunos médicos, que al principio decían: el paciente tendrá que ser sometido a una serie de complejas operaciones plásticas y, aun así, no hay ninguna garantía de que recupere su aspecto anterior”, dice el profesor Borís Gavrilyuk, jefe del laboratorio de crecimiento de células y tejidos del Instituto de Biofísica Teórica y Experimental y miembro de la Unión Internacional para la lucha contra las lesiones por quemaduras.

“Pero sin ninguna operación, únicamente con la ayuda de nuestros productos, pasados cinco días ya no había ni rastro de quemaduras. La piel del paciente es suave y no tiene ni cicatrices ni marcas”.

Según el profesor, en la actualidad Rusia posee, si no los mejores, unos de los productos más efectivos contra quemaduras de todo el mundo.

Borís Gavrilyuk recuerda que el problema de ayudar a gente con quemaduras graves se les planteó a los científicos soviéticos casi inmediatamente después de la tragedia de Chernóbil. Había que investigar si era posible, en relación con la amenaza de accidentes nucleares, que van acompañados de una gran cantidad de heridos por quemaduras de radiaciones ultravioletas y gamma, crear una “piel artificial” para ayudarles.

Surgió la necesidad de elaborar materiales que, por sus propiedades, correspondieran a la capa superior de la piel y que tuvieran la capacidad de regenerar las capas inferiores destruidas.

Los experimentos realizados a lo largo de muchos  años llevaron a descubrir el llamado coloide biológico, en el que se ha logrado combinar las propiedades terapéuticas de los materiales sintéticos y las propiedades biológicas de los polímeros naturales.

“Antes, para tratar los diferentes tipos de daños en la piel, se aplicaban fundamentalmente los llamados revestimientos de herida”, dice el profesor Gavrilyuk. “Tienen buenas propiedades mecánicas, protegen las heridas de agentes externos y contribuyen más o menos a la cicatrización. Sin embargo, les faltaba lo principal: la capacidad de regular el proceso de cicatrización de la herida. Hemos creado un sistema que permite dirigir este proceso, proporcionando una regeneración completa en el sentido de reconstrucción normal y restaurando el tejido. El efecto logrado es varias veces mayor”.

En otras palabras, este gel-coloide contiene sustancias con la viscosidad necesaria y que estimulan el movimiento de las células en la dirección necesaria: así empieza el proceso de regeneración.

Según las estimaciones más modestas, los heridos por quemaduras de diversa gravedad son unas 700.000 personas al año. Sin hablar ya del más de millón de pacientes con diferentes tipos de afecciones tróficas cutáneas, así como congelaciones.

“Los productos de esta serie abren nuevas posibilidades para la medicina actual”, dice Henrich Ivanitski, director de Instituto de Biofísica Teórica y Experimental y miembro de la Academia de Ciencias de Rusia.

Texto abreviado. El original fue publicado en ruso en Itogui.

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