“Deberíamos cuestionarnos cómo vivimos”

Entrevista a Serguéi Kuznetsov, arquitecto jefe de Moscú, sobre los retos y males que afectan a la capital rusa. Fuente: Getty Images / Fotobank

Entrevista a Serguéi Kuznetsov, arquitecto jefe de Moscú, sobre los retos y males que afectan a la capital rusa. Fuente: Getty Images / Fotobank

Antes de que Serguéi Kuznetsov, el arquitecto jefe de Moscú, partiera para la feria internacional MIPIM (“Mercado Internacional de los Profesionales en Inmuebles”), habló con el corresponsal de 'Rusia Hoy' sobre un ambiente urbano confortable, la 'Nueva Moscú', los carriles bici en invierno y la idiosincrasia nacional.

Representa a Moscú en la feria internacional de bienes inmuebles MIPIM. Háblenos de lo que expondremos allí.

Tenemos dos stands en MIPIM. En uno se muestra la ideología para el desarrollo de la ciudad y en el otro se presentan los proyectos de inversión que, a día de hoy, se encuentran en diferentes fases de ejecución.

De algunos de esos proyectos nos sentimos especialmente orgullosos, como la renovación de la zona industrial alrededor de la fábrica automovilística ZIL, un enorme territorio junto al río Moscova. El estudio de arquitectura Meganom empezó a desarrollar el concepto para esta renovación hace más de un año y el Instituto de Planificación General Urbana de Moscú ha estado trabajando en él en los últimos meses, en el que yo también he estado involucrado como arquitecto jefe de la ciudad.

Está prevista una honda transformación del territorio,  la reducción radical de las áreas de producción, el desarrollo de la red vial y de los sistemas de transporte público, así como la construcción de viviendas, oficinas y equipamientos culturales y deportivos.

Se ha referido a la ideología para el desarrollo de la ciudad. ¿Puede describir brevemente en qué consiste?

Moscú necesita convertirse en una ciudad en el sentido estricto de la palabra. Una ciudad es un estilo de vida. Uno vive en una casa que debe diferenciarse del resto: cerca tiene que haber un patio acogedor y, en la calle, oferta de cafeterías, restaurantes, pequeños comercios, o maneras de socializar de un modo u otro.

Las funciones que son inherentes a la ciudad y que las diferencian de un pueblo, como las recreativas, educativas, médicas, sociales y culturales, deben estar al alcance.

Moscú no es esa ciudad. Vaya a cualquier barrio dormitorio y entenderá que, en efecto, se pueden organizar ocho horas de sueño pero no se puede hacer nada más en las restantes dieciséis.

Si en una parte de la ciudad no puede cubrir todas sus necesidades vitales, toda la ciudad está enferma.

 

Serguéi Kuznetsov. Fuente: ITAR-TASS

¿Hay algún modelo o alguna experiencia que pueda servir de inspiración para Moscú?

Todas las ciudades son únicas, pero hay experiencias que se pueden aprovechar. Después de la unificación de Berlín, se construyó un nuevo centro casi de la nada donde antes se levantaba el muro.

En Hamburgo se ha reorganizado una enorme zona industrial y se ha transformado en el distrito HafenCity. En Pekín también se han producido renovaciones de gran calado. En las afueras de la ciudad se han creado zonas con funciones mixtas: en cada barrio hay un edificio de oficinas, un hotel, un centro deportivo, tiendas en las plantas bajas.  Esta infraestructura incluso puede parecer un poco hipertrofiada.

Otro ejemplo positivo es el de Shanghái donde se desarrolló el área de Pudong, que tiene puntos en común con nuestro centro internacional de negocios Moskvá-City, construido en un terreno baldío. 

Háblenos de la 'Nueva Moscú'.  Muchos dicen que se desarrollará según un plan moderno, con una densa red de carreteras, casas pequeñas, de la forma más racional posible, siguiendo el estilo de los suburbios. Pero, a juzgar por la publicidad, se siguen construyendo enormes edificios de muchas plantas.

En la 'Nueva Moscú estamos creando un centro alternativo, no un suburbio. Por consiguiente, el centro de negocios en Kommunarka, por ejemplo, no se puede construir siguiendo el modelo de casas de una sola planta con jardín.

Por otra parte, el problema de estos nuevos territorios es que acumulan una gran cantidad de proyectos desarrollados por la Región de Moscú, a la que antes pertenecían. Las personas que aprobaron estos proyectos sólo empujaron estos territorios hacia su conversión en un gigantesco barrio dormitorio. Ahora, el gobierno de Moscú tiene que negociar con los inversores, intentando a veces rescindir compromisos adquiridos. Es una tarea ardua, pero estamos trabajando en ello.

¿Qué quieren lograr allí?

Un ambiente urbano confortable. Estamos creando muchos puestos de trabajo, mucha gente tendrá que vivir allí. Y la única manera de motivarlos a mudarse es brindando a los vecinos un entorno confortable, que no esté densamente urbanizado, con edificios de no demasiadas plantas, con una buena arquitectura y una oferta equilibrada de servicios.

¿Utiliza Moscú los servicios de estudios de arquitectura extranjeros? ¿Participan en concursos y pueden ganarlos?

Hasta hace poco, cuando no había tal aglomeración de concursos, los clientes estatales apenas utilizaban los servicios de arquitectos extranjeros. Los inversores privados trabajan más a menudo con arquitectos extranjeros, aunque el destino de estos proyectos es complicado. Los proyectos ejecutados en Moscú por parte de extranjeros son casi nulos. Se trata de casos aislados. Suponen el 2-3% de los proyectos en marcha.

¿Por qué es así?

No hay un proceso de selección claro. La calidad de la arquitectura occidental contemporánea es muy superior. El mercado entiende que se corre el riesgo de que éste sea copado por los arquitectos occidentales, que conseguirían la mayoría de encargos. Por tanto, es un mecanismo de autoprotección instintivo: defender los intereses de los diseñadores nacionales. Pero considero que se ha sobrepasado el límite, hasta el punto de que la ausencia de procedimientos honestos se ha convertido en la norma.

De hecho, hay un grupo bastante reducido de arquitectos que ha monopolizado el mercado en los últimos quince años. Se han dividido en esferas de influencia y están satisfechos con la situación. No hay competencia: han aprendido a mantener a raya a los extranjeros y a hacer lo propio con los arquitectos jóvenes. Es precisamente el tipo de situación contra el que he empezado a luchar activamente.

¿De qué manera?

El concurso de ideas es la forma más natural y justa de realizar una selección. Estamos llevando a cabo negociaciones concretas, tratando de atraer el máximo de promotores posible.

Tenga en cuenta que no espero el apoyo de la comunidad de arquitectos. Para ellos, la competencia es una amenaza natural. Pero es muy importante para la ciudad. Después de la entrada en la OMC,  ante la falta de propuestas competitivas nacionales nos arriesgamos a recibir una oleada de compañías occidentales, porque la actual generación de arquitectos rusos desaparecerá inevitablemente y no habrá nuevos talentos para sustituirla.

Existe el riesgo de que el mercado se inunde de estudios de arquitectura de tercera categoría con recursos importantes y resistencia, mientras que los arquitectos buenos y creativos queden excluidos, pues enfrentarse con clientes  y acuerdos es muy difícil aquí, además de peligroso. Por eso, creo que debemos fomentar la competencia y dar una oportunidad a nuestros jóvenes.

¿Y qué opinión le merece el concurso en San Petersburgo, cuando se presentaron muchas propuestas interesantes para el nuevo edificio del Teatro Mariinsky y, a pesar de que una de ellas ganara, al final se construyera un “supermercado” con un diseño completamente distinto?

Hay que entender que un concurso es una responsabilidad no sólo de los arquitectos sino también de los clientes. No he visto el edificio del Mariinsky, así que no puedo juzgar. Los que lo critican pueden tener razón o no.

En cualquier caso, realizar una buena obra en Rusia es mil veces más difícil que en Europa. Aquí, tenemos una comunidad profesional malintencionada y un público hostil que se frotará las manos y se alegrara ante cualquier fracaso. Considero, por otra parte, que hay que valorar con sensatez los propios errores para evitar repetirlos en un futuro. En general, es inherente a nuestra forma de ser, mofarnos de todo lo que sea posible.

¿Tal vez se deba a que no tenemos voz en el gobierno? Incluso el alcalde ha sido nombrado a dedo…

Es estúpido pensar que hay buenos ciudadanos y un poder desagradable que ha sido designado para gobernar Moscú y que está haciendo mal su trabajo.

No son los arquitectos los que crean las ciudades y la arquitectura, son los ciudadanos, independientemente del modelo de gobierno.

Mire los aparatos de aire acondicionado que cuelgan en las fachadas de los edificios históricos, ¿fue el alcalde quien los colocó? A la sociedad le gusta criticar todo de manera indiscriminada. Cuanto mayor es el fracaso tanto mejor, así hay un motivo de entretenimiento.

Por desgracia, forma parte de nuestra cultura y nuestros compatriotas deberían empezar a cambiar en este sentido. Si todo el mundo se observara a sí mismo y comenzara a cuestionarse: ¿Cómo vivo?, ¿En qué tipo de piso vivo?, ¿Cómo es el patio que hay alrededor de mi casa?, ¿Cómo es mi calle?, ¿Cómo aparco el coche?, ¿Cómo hago mi trabajo?, las respuestas no serían muy halagüeñas.

Todo forma parte de un proceso socioeconómico general en el que algunas personas no han dado lo mejor de sí y han hecho trabajos deficientes. Así que los cambios deben comenzar por uno mismo.

Uno de los temas más debatidos es el de los carriles bici en Moscú. Después de que el gobierno municipal empezara a construirlos, los jóvenes urbanistas rápidamente salieron en su defensa considerándolos la panacea de todos los males de la ciudad. Pero, en el mejor de los casos, se pueden utilizar cinco meses al año.

En ciudades de Canadá y Estados Unidos, donde el clima es muy parecido al nuestro, hay carriles bici. A pesar de las inclemencias del tiempo, la gente utiliza la bicicleta. El hecho de que el clima es un obstáculo para montar en bicicleta es una falacia.

Lo que necesitamos es articular la motivación y organizar inteligentemente el proceso. En cuanto el ciudadano se dé cuenta de que el camino al trabajo le lleva quince minutos en bicicleta por un carril despejado y habilitado para tal fin, en lugar de los treinta que tarda en coche, además de la inevitable búsqueda de aparcamiento, y que puede dejar la bicicleta sin peligro cerca de su puesto de trabajo, hay muchas posibilidades de que las bicicletas también se utilicen en invierno.