Antiguos tatuajes llegados del frío

Una tradición hoy desaparecida, pero que hunde sus raíces en el simbolismo más íntimo del hombre. De ella nos habla Nikolái Lilin, autor del bestseller "Educación siberiana": "Hoy en Rusia es una moda, como en Europa pero sin significado preciso".

Los orígenes del tatuaje siberiano se remontan a los pueblos nómadas, que lo usaban como signo de reconocimiento y como medio de comunicación. Eran gentes paganas, que usaban una simbología religiosa que representaba a sus tótems. Luego, con la llegada del cristianismo, los signos paganos fueron absorbidos por los cristianos, creando una red simbólica de tipo sacro-profano muy habitual en la tradición siberiana. 

Sobre este tema habló Nikolái Lilin, autor del bestseller Educación siberiana durante el congreso internacional “En la piel: símbolos, identidad e historia de los signos corporales permanentes” celebrado el Roma el diciembre pasado. 

Lilin, nacido en Bender, en Transnistria, en una familia de origen siberiano, es muy popular en algunos países europeos por su libro Educación siberiana, que será adaptado al cine. En él cuenta su infancia y juventud vividas en el seno de comunidades criminales siberianas. Lilin no es un experto en tatuajes ni un tatuador profesional: aprendió este arte de pequeño, observando los que llevaban los ancianos dibujados en sus cuerpos; después, estudió con un viejo de Bender que le transmitió el arte del tatuaje siberiano. 

Este tipo de tatuajes indican la pertenencia a una comunidad y por ello es altamente simbólico: cada símbolo es una palabra, por eso, un cuerpo tatuado es como una historia que lo cuenta todo sobre la persona que lleva esos símbolos, con una fuerte carga religiosa debido a su profunda relación con la fe de los miembros de esa comunidad.

          

 Jesús (tatuaje), Nikolái Lilin               Virgen con Niño. Dibujo y ejecución del tatuaje de Nikolái Lilin

Por tanto, un cuerpo tatuado es como un libro misterioso, que muy pocos saben leer, porque los símbolos toman significado solo si se decodifican dentro de la composición completa. En esta tradición, los siberianos empiezan a tatuarse muy jóvenes y continúan durante toda su vida, de modo que sus historias son legibles sobre su piel a través de tatuajes. 

En la cultura siberiana el tatuaje servía para sustituir las palabras y era, por tanto, una cosa muy íntima, tanto que los siberianos nunca hablaban de sus tatuajes, solo quien sabe interpretarlos puede comprender enteramente su significado y, en consecuencia, la historia o mensaje representado. “Nunca se habla del significado del tatuaje”, explica Lilin, “además, los tatuajes se hacían para no hablar, para sustituir las palabras. Preguntarle a alguien qué significan sus tatuajes supone ofenderlo”. 

Además, “los tatuajes de la cultura siberiana no pueden ser explicados ni fotografiados”, continúa Lilin. “Solo la persona que lleva el tatuaje y el que lo ha realizado conocen su significado”. Precisamente por esto, explica Lilin “el tatuador, en la tradición siberiana, era como un confesor a quien uno podía contar su historia, sin miedo de que la difundiese si no es a través de los símbolos que componían el tatuaje”. 

El tatuaje se realizaba a mano con una especie de baquetas o palos, y para terminarlo podían hacer falta varios meses. Durante este periodo, tatuador y cliente vivían juntos, estrechando aún más su vínculo. Al final del proceso, el tatuador no pedía explícitamente la remuneración por el trabajo realizado, sino que era el cliente quien, según sus posibilidades, establecía el importe del pago, que también podía no ser en dinero. 

“El tatuaje siberiano no tiene nada que ver con el llamado 'tatuaje criminal ruso'  que ha inspirado algunas películas" añade Lilin, “y, por su historia, no puede ser identificado como una tradición perteneciente a la realidad carcelaria, aunque esta haya condicionado su evolución”. 

Pero ¿existe aún el tatuaje siberiano? “No”, niega Lilin. “El tatuaje siberiano murió con los siberianos, los jóvenes no han querido seguir las enseñanzas de los viejos. Hoy- concluye el escritor- tatuarse en Rusia es una moda, exactamente igual que aquí, y las imágenes ya no tienen el significado preciso que sí tenían las de la tradición siberiana”.

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