La lucha de un fotógrafo contra el cáncer infantil

Participantes del proyecto “Vivimos en esta Tierra” en Alemania. Fuente: Amvrosiy Jrámov

Participantes del proyecto “Vivimos en esta Tierra” en Alemania. Fuente: Amvrosiy Jrámov

Cada año mueren más de mil niños de cáncer en Rusia. Si no fuera por las fundaciones benéficas y por la labor de los voluntarios, la cifra podría ser mayor. El fotógrafo Yuri Jrámov, de 46 años, también ayuda a los niños con problemas, enseñándoles fotografía directamente en sus habitaciones del hospital.

Rita Jairúlina tiene 18 años y es campeona de Europa de triatlón y participa en el proyecto de fotografía “Vivimos en esta Tierra”, dirigido por Yuri Jrámov.

Hace un año le diagnosticaron leucemia y, durante su tratamiento, encontró un nuevo hobby. “Fotografiaba todo lo que veía: a los médicos, a las enfermeras, las vistas desde mi ventana”, cuenta la joven mientras se arregla el pelo corto, el único recuerdo que le queda de la enfermedad.

“La fotografía me ayudaba a entretenerme de lo que sucedía a mi alrededor”, añade. Rita pasó casi un año en una habitación de hospital, sus amigos no tenían permiso para visitarla y a ella le inyectaban medicamentos y la sometían a tratamientos de quimioterapia que hacía que se le cayera el pelo. Rita no podía salir a pasear.

Cáncer infantil en Rusia

Anualmente se registran alrededor de 3.500 casos de cáncer infantil en Rusia. La mayoría de ellos, un 70%, son curables, informa el subdirector del Instituto Blojín de Oncología y Hematología Infantil, Gueorgui Mentkévich. Según el experto, los principales centros médicos del país que tratan a niños con enfermedades oncológicas se encuentran en Moscú, San Petersburgo, Ekaterimburgo (Urales) y Rostov del Don (sur de Rusia).

“Los psicólogos dicen que en estas situaciones se desarrolla un hambre visual”, aclara el fotógrafo Yuri Jrámov. “Y la fotografía, como cualquier otro arte, desarrolla la fantasía. Gracias a ella, las abrumadoras paredes de la habitación pueden convertirse en un castillo o en una jungla”.

Yuri lleva ya seis años poniendo en práctica el proyecto “Vivimos en esta Tierra”. Visita a los niños del Centro de Hematología, Oncología e Inmunología Infantil de Moscú, y allí les cuenta y les muestra cómo fotografiar esos objetos que tanto les cansan: la puerta, el techo, la cama, la ventana. “Reflejarlos de un modo bello e interesante nos da la posibilidad de desafiar la realidad”, dice el fotógrafo sonriente. 

¿Una vida o una firma?

En el pasado, Yuri Jrámov fue funcionario y después empresario. Entonces solo fotografiaba para sí mismo. Después vio un anuncio: una fundación benéfica buscaba un voluntario que pudiera enseñar a niños las bases de la fotografía una vez al mes. Envió su solicitud y lo aceptaron. Jrámov no tardó en comprender que una clase mensual era demasiado poco. Sobre todo para él, pues relacionarse con los niños se volvió una necesidad. Entonces empezó a visitarlos una vez a la semana.

En una ocasión, después de una clase, se enteró de que un niño estaba muriéndose en la sala de reanimación. “Le quedan 30 minutos”, dijo el médico. Aún se podía salvar al pequeño, pero en el hospital no tenían la medicina necesaria. “Corrí a mi coche y conduje por la escarcha en busca de la ampolla que podía salvarlo, saltándome todas las normas de tráfico”, recuerda el fotógrafo. Le dominaba una dosis frenética de adrenalina. Jrámov llegó a tiempo y el niño se salvó.

El día siguiente fue al trabajo: debía obtener la firma de un funcionario. Yuri esperó una eternidad en el recibidor de su despacho hasta que le devolvió los documentos. “Cuando por fin tuve los documentos firmados en mis manos, pensé: para salvar la vida de un niño he tardado quince minutos. Para recibir la firma de un funcionario ruso en un documento estúpido que no ayudará a nadie, ocho horas”, dice Jrámov.

Desde aquel día, el proyecto de fotografía “Vivimos en esta Tierra” se convirtió en su única ocupación. Muchos fotógrafos rusos célebres le ayudan con este proyecto: ninguno de los grandes de la fotografía invitados se ha negado a dar una master class a los niños en el hospital. 

Después del alta

Una vez añ año, Jrámov y sus niños de entre diez y quince años enfermos de cáncer viajan a Alemania. Se alojan en un pequeño hotel, pasean por la ciudad, visitan museos y castillos y, por supuesto, hacen fotos.

Todos los pupilos de Yuri participan en este viaje de forma gratuita. “¿Cuántos de sus padres podrían pagar un viaje así?”, pregunta casi retóricamente el fotógrafo. Solamente uno o dos, pues muchos de estos niños son de las provincias o de familias con pocos recursos.

Katia Kazakova tiene 26 años y participa en el proyecto. Superó el cáncer hace siete años, pero afirma que no importa cuándo se cura una persona. Los problemas psicológicos permanecen durante mucho tiempo.

Algunos adolescentes sufren abusos en el colegio debido a la delgadez o a la gordura que les causan las hormonas. Otros se siguen culpando por enfermar y por haber hecho sufrir a sus padres. “Pero la mayoría simplemente no tiene con quién hablar”, dice Katia.

“Durante el tiempo que pasan en el hospital pierden a todos sus amigos. Sin embargo, quien ha sobrevivido a una enfermedad mortal le cambia la forma de ver el mundo”. Solo quien ha pasado por ello puede comprender esta visión. Cuando pasean con una cámara colgada del cuello, lo olvidan todo. Incluso los cuentagotas y los aparatos respiratorios.

Las obras de los niños, realizadas desde una profundidad nada infantil, pueden verse en exposiciones. Yuri Jrámov habla poco de sus beneficios, pues estos son obvios. Por eso se limita a contar una historia que le contaron los padres de un niño.

Al llegar a la escuela tras ser tratado con quimioterapia, sus compañeros comenzaron a insultarlo llamándolo calvo. “¿Y qué, si estoy calvo?”, respondió él. “Al menos he tenido dos exposiciones en Moscú, ¿y vosotros cuántas?”. Además de las exposiciones, Yuri Jrámov publica con frecuencia álbumes con fotografías tomadas por niños. Se vende la mayor parte de la tirada.

El sueño de Yuri es crear un campamento de fotografía en el que jóvenes fotógrafos de diversos países puedan trabajar juntos. No duda del éxito que tendría su idea. Yuri es, en general, un optimista y ríe mucho. Por eso cuando dice que financia el proyecto de su propio bolsillo parece que no es más que otro chiste. Pero es cierto. A la pregunta “¿Y si no tuviera usted dinero suficiente para el viaje de los niños a Heidelberg?” responde sin titubeos: “Pediría un préstamo al banco”.

Para ver las fotografías y saber más acerca del proyecto visita la página de Facebook (en ruso). 

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