Crónica de una visita carcelaria a una de las Pussy Riot

María Aliójina, Ekaterina Samutsevich and Nadezhda Tolokónnikova (primera por la derecha). 1 de octubre del 2012. Fuente: Reuters

María Aliójina, Ekaterina Samutsevich and Nadezhda Tolokónnikova (primera por la derecha). 1 de octubre del 2012. Fuente: Reuters

Ha pasado un año desde el día del arresto de una de las integrantes de Pussy Riot, Nadezhda Tolokónnikova. La periodista de 'Radio Svoboda’, Masha Gessen se reunió con el marido, el padre y la hija de esta en Mordovia, colonia penitenciaria donde cumple condena.

A las 9 de la mañana Piotr Verzílov carga enormes baúles en el maletero de mi coche, tras dejar atrás el hotel donde pasamos la noche junto con su hija de cuatro años, Guera, y su suegro, Andréi Tolokónnikov.

Primero aparto el coche de la puerta del edificio para que Verzílov pueda hacer con los baúles un pequeño recorrido y que la televisión alemana pueda rodarlo. "Es la sexta vez que filmo esta puesta en escena de cargar las cosas en el coche”, dice Verzílov.

Los periodistas alemanes intentan entrevistar a Guera. Ella frunce los labios y responde asintiendo: “Sí, la extraño. Sí, me gustaría ver a mi madre más a menudo”. A la pregunta de a dónde nos dirigimos, finalmente responde con palabras: “A ver a Nadia” . Guera la vio por última vez aún en Moscú, en la cárcel, en septiembre.

Cuando se lo pregunto, ella responde: “Ya no me acuerdo”. Le pregunto por qué su madre fue arrestada. Guera se encoge de hombros: “No lo sé”. Pero, ¿Y quién lo hizo? Y una vez más se encoge de hombros y dice: “Putin”.

Masha Gessen

Periodista ruso-estadounidense, caracterizada por ser una ferviente oponente de Putin y trabajar para 'Radio Svoboda’ (‘Radio Libre’). Llegó a publicar una biografía no autorizada sobre el presidente Putin en el que se le describe como un ‘dictador’. Escribe en ruso y en inglés, aunque sus publica habitualmente en medios norteamericanos como Vanity Fair, US News and World Report 

La privación de libertad es perder el derecho a formar parte de la sociedad. Andréi Tolokónnikov, padre de Nadezhda, ha pasado todo el día y la noche en compañía de su yerno, Verzílov, y pasará aún casi un día entero y será duro.

Nadezhda Tolokónnikova vive entre un colectivo de cuarenta mujeres, que se divide en dos grupos: las que están presas según el artículo 228 (drogas), y las que están presas según el artículo 105 (asesinato). La única persona en la colonia que vino del mismo mundo que Tolokónnikova, que leyó los mismos libros y revistas, que caminó por las mismas calles, es Yevguenia Jasis, condenada a 18 años de prisión por el asesinato del abogado Stanislav Markélov y la periodista Anastasía Babúrova.

Durante la visita, Tolokónnikova hablará con Verzílov principalmente de las mujeres con las que se encuentra en la cárcel. Y la primera vez que oigo hablar a Verzílov tras largas horas es de algo parecido más que a una queja, a envidia, cuando dice que otra de las presas integrantes de Pussy Riot, María Aliójina,  recluida en una cárcel en la región de Perm, está en un “lugar seguro", es decir, en soledad, y no tiene que establecer relaciones con las demás internas. 

Un territorio lleno de centros penitenciarios

De camino a la prisión nº14, Verzílov muestra con cierto orgullo las atracciones locales. Esto es Dubravlag, aquí se encuentra la mayor concentración de cárceles del país por kilómetro cuadrado. Pasamos por delante de un letrero oxidado que dice: "Área restringida. Parada obligatoria”.

Pero no hay ningún puesto de control. Más allá está el centro de intermiento de régimen estricto. A ambos lados de la carretera hay un paso rodeado completamente por unos paneles de metal, que es por donde conducen a los prisioneros. Luego, más alejada, otra cárcel para hombres; después, una femenina, y un largo tramo, sombrío, rodeado de bosque por ambos lados, hasta llegar a Partsa, pueblo donde se encuentra la penitenciaría nº14. 

Tras la valla de acero gris se ve una iglesia de grandes dimensiones. En la década de los 90 se construyeron numerosas iglesias a lo largo y ancho de este territorio. Toda la pared del alto edificio está cubierta por un enorme póster con una niña. Debajo, me dice Verzílov, hay una frase escrita: “Sus seres queridos le esperan”.

En la entrada hay  una casita recién construida para las visitas. Se dice que fue construida cuando llegó Tolokónnikova y los periodistas que la seguían. Incluso hay una sala de juegos con una cuna, un Lego y un burrito balancín.

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En el edificio principal hay una pequeña caseta llamada 'sistema de estratificación social', con un esquema que muestra el destino diferente que le espera a los ‘peores delincuentes’ y a los ‘condenados caracterizados positivamente’. También hay otra caseta de 'información': donde se encuentran los modelos de solicitud, los extractos de reglamentos y mensajes instructivos acerca de dónde y bajo qué circunstancias fueron identificados los delincuentes. En ambos casos muestran que los infractores trataron de colar un teléfono móvil a la cita. Se quedaron sin teléfono y sin cita. 

Reglas para la ‘audición’

Una empleada del Servicio Federal Penitenciario vestida de uniforme lee a través del cristal las reglas y extractos del Código de Ejecución Penal. La lectura dura unos veinte minutos, de modo que al final del período de espera hemos asimilado completamente las reglas.

De espaldas a la pantalla, sentado en un escritorio, Verzílov hace una lista de todo lo que ha traído: frutas, medicinas, ropa de cama, solo se permite de color blanco. La última vez no le permitieron dejar una funda de almohada porque descubrieron que llevaba un ribete, aunque aún Verzilov no entiende muy bien lo que es un ribete en una funda almohada. Por el contrario, la ropa interior solo puede ser negra. En el suelo hay un paquete de prendas térmicas de Uniqlo.

Una empleada del Servicio Penitenciario Federal lee de manera monótona la lista de artículos prohibidos en las visitas: "... marcadores, lápices de colores, papel de calco", que son, potencialmente, herramientas para escapar.

Mientras tanto, en la sala de juegos Guera y su abuelo Andréi construyen una cárcel modelo con muros hechos de cubos, un cuenco invertido que simula uno de los edificios, una alta pirámide a modo de iglesia y un gran muñeco desnudo en el papel de director de la prisión.

Acercan a los muros un coche de bomberos, enganchan una escalera a la pirámide y los patos amarillos ayudan a las figuritas que representan a Nadia y a su amiga a escapar de la cárcel. Entonces Guera lanzará una enorme pelota de goma roja que derrumbará por completo los muros de la prisión. 

Los procedimientos preliminares llevan casi tres horas. Verzílov, Tolokonnikov y Guera llegan para la visita hacia la una de la tarde y terminan cerca de las cuatro. Contando la espera consumieron alrededor de dos horas y media de las cuatro establecidas cada dos meses.

Durante todo ese tiempo, dice Verzílov, estuvieron sentados en la cafetería, orgullo y gloria no solo de prisión nº 14, sino de todas las instituciones penitenciaria de Mordovia y que incluso ha sido mostrada en televisión. Guera estuvo casi todo el rato sobre las rodillas de su madre. Todos los participantes de la visita jugaron a un conocido juego de mesa, los adultos se distrajeron y Guera los engañó...

En total: cerca de 11 horas en coche desde Moscú a Mordovia, una corta noche en un hostal, dos horas y media de visita y nos sentamos en el coche para recorrer los 500 kilómetros de vuelta. Guera, que en los últimos dos días y medio ha sobrevivido heroicamente a la adversidad y a la espera, grita caprichosamente, se enfada y exige que la lleven al hotel, con su abuela y con su madre.

Andréi Tolokónnikov se comporta de manera similar, reprende a su nieta y la llama: "Niña mimada". Verzílov intenta contarme la visita, pero todo el tiempo se distrae con uno de sus dos teléfonos y luego se mete en Facebook, olvidando lo que dijo: “Realmente no quiero hablar, porque no hay nada especial que decir”.

Seguramente dentro de poco convertirá sus impresiones en historias: sobre una prisionera que se rumorea que se comió a su amante, aquella que estuvo cuatro años esperando que su amor saliera de la cárcel y dos semanas más tarde después de salir lo atrapó en la cama con otra mujer y apuñaló a ambos, aquella a la que van a ver los padres de su marido que asesinó porque se lo merecía. Pero ahora todos están cansados​​, nadie consiguió lo que quería y nadie tiene ganas de fingir que todo está bien. Mientras vamos, Verzílov recibe un mensaje de Aliójina que parece un poco molesta porque él se dedica a hablar de su vida en la cárcel como si estuviera en un balneario.

Al día siguiente, viernes, llegará la noticia de que Nadezhda Tolokónnikova ingresará en una celda de aislamiento por haberse desplazado por el territorio de la cárcel sin escolta. Esta sanción, recibida el último día hábil de la primera mitad de la pena, la privará seguramente de la posibilidad de obtener libertad condicional.

El lunes, 4 de marzo, se cumplió un año desde el día del arresto de Tolokónnikova y Aliójina. Y Guera cumplió cinco años.