Tres hijos propios y cinco ajenos

Conocemos una familia de acogida que vive en una granja de la región de Kaluga. Fuente: Alamy / Legion Media

Conocemos una familia de acogida que vive en una granja de la región de Kaluga. Fuente: Alamy / Legion Media

En Berezovka, un pueblo de la región de Kaluga (a 140 km de Moscú), se encuentra la granja de Elena e Iván Zheléinikov, donde viven con tres hijos propios, cinco de acogida, cuatro vacas, dos terneros, tres perros y los mismos gatos. El matrimonio siempre quiso una niña, así que un día decidieron adoptar un bebé del orfanato. "Donde cabe uno, caben dos", decidieron los Zheléinikov, y otros tres niños se sumaron a la familia.

El día en casa de los Zheléinikov comienza a las 7:20, cuando la madre despierta a los niños para que vayan al colegio. Estos se preparan a toda prisa: los mayores corren a la escuela y los dos pequeños a la guardería. La casa se queda en silencio. Es entonces cuando Elena aprovecha para dedicarse a los quehaceres del hogar. Primero, hay que dar de comer a las vacas y a los pollos, después vuelve a la casa... hay que hacer ocho camas, recoger y preparar la comida. La familia no se rige por ninguna disciplina militar: al fin y al cabo, no dejan de ser niños.

Elena se casó a los 16 años y no ha tenido tiempo de hacer carrera; es madre de profesión. Primero educó a sus tres hijos y ahora se encarga de sus otros cinco hijos adoptivos. En realidad, Iván y Elena querían una niña, pero resultó que solo tuvieron niños, así que decidieron adoptar una niña del orfanato.

Un día, Elena acudió a una conocida de la Junta de Educación del distrito en busca de ayuda. Al poco tiempo se enteraron de que, en la sección de cuarentena, por la que pasan todos los niños antes de entrar en un orfanato, había dos hermanas, Arina y Liera. “Donde cabe una hija, caben dos”, pensaron los Zheléinokov, y se llevaron a las dos hermanas que ahora tienen nueve y diez años. Un año más tarde, recibieron una llamada del servicio de custodia en la que les plantearon la posibilidad de acoger a un niño encantador que acababa de llegar al orfanato de la ciudad de Obinsk, su nombre era Vania (Iván).

“La situación que vivimos el día que recogimos a Vania fue moralmente muy difícil”, cuenta Elena. “Todos los niños te miran con esos ojos, pero tú sabes que no puedes ayudarlos a todos”. Ahora Vania tiene trece años, es muy activo, sociable y le encanta el deporte; llama a su madre biológica con regularidad, sus nuevos padres no tienen ningún inconveniente al respecto.

Y hace dos años y medio les propusieron acoger a los dos hermanos pequeños de Arina y Liera. Ha pasado el tiempo, pero su madre biológica no se ha recuperado; le quitaron también los derechos de custodia de los hijos que tuvo con su nuevo marido. Así fue como el pequeño Elbiek, de tres años, y Eldorbek, un chico de diez, se unieron a la familia de los Zheléinikov. Sus nuevos padres enseguida les cambiaron los nombres por los de Iliá y Dima, y con el tiempo les gustaría hacerlo también en los documentos oficiales. Los niños tienen ahora seis y trece años respectivamente.

El 1 de enero de 2012 había una larga lista de candidatos como padres adoptivos: 12.900 personas, entre rusos y extranjeros. Según información del gobierno, en 2011 (último año del que hay datos oficiales)los rusos adoptaron a 7.434 niños. Ese mismo año los españoles adoptaron 712 niños rusos .   

A la vuelta del colegio, la casa de los Zheléinikov se vuelve a llenar de vida. No hay espacio suficiente en la mesa para todos, así que tienen que comer por turnos, si no es que los mayores se sientan con su plato frente al televisor o se van a su habitación. La casa tiene ahora cuatro habitaciones, pero pronto terminarán de construir otras dos en la segunda planta que dejarán un poco más de espacio.

La vida de esta familia no es muy diferente de la de otras miles de familias convencionales, solo que en esta hay el doble o el triple de niños. El hijo mayor, Vlad, tiene 27 años. Ya se ha independizado. El segundo, Slava, de 25, sigue viviendo con sus padres y está buscando trabajo. Y el pequeño, Iván, tiene 15 años y aún va al colegio, está en noveno curso (el equivalente a cuarto de ESO). Dentro de un año quiere matricularse en la Facultad de medicina de Kaluga, donde ya estudia un compañero de Vania de Berezovska, de modo que la adaptación al nuevo sitio, probablemente, será más fácil. 

Las adopciones en Rusia

En Rusia, existen tres formas para acoger a un niño adoptivo: la tutela, la familia de acogida y la adopción. A la primera opción normalmente recurren los familiares de los niños (tíos o abuelos). Los padres de acogida, por otro lado, suscriben un contrato con el Estado en el que se determina un sueldo por la educación de los niños. En cuanto a las adopciones, a los padres se les entrega una asignación única de 30.000 rublos (unos 750 euros) y un subsidio de 3.000 rublos mensuales por niño (unos 75 euros), pero a nivel jurídico no existe ninguna diferencia con los hijos biológicos.

El padre de familia, Iván, es un auténtico muzhik ruso (apelativo utilizado en Rusia para referirse a los hombres de campo, curtidos). Trabaja todo el día; se dedica al transporte y tiene un camión ZIL Bichok, además de un tractor y, desde hace poco, un microbús GAZel. Aunque este último de momento está en el garaje porque no tiene motor.

Según cuentan los Zheléinikov, acoger a un niño del orfanato no es complicado. Solo hay que cumplir una serie de requisitos de edad e ingresos, y tener una vivienda en propiedad. Aunque se trate de una familia con recursos, si vive en un piso de alquiler, las leyes rusas no les permitirán adoptar ningún niño. A los padres de acogida el Estado les paga unos 7.000 rublos al mes (unos 175 euros) para la manutención del niño, y otro tanto en calidad de sueldo. Los Zheléinikov reciben mensualmente unos 70.000 rublos (1750 euros aprox.) por los cinco hijos, pero a final de año deben justificar los subsidios estatales. Esto supone un problema, porque en las tiendas la ropa es cara y en el mercado no dan recibos de compra.

“Hace seis años, cuando trajimos a las niñas, la situación era bastante sencilla”, explica Elena. “Al acabar el año, iba a la Junta de Educación Popular del distrito y anotaba de memoria en una hoja en qué había gastado el dinero. Pero en los últimos tres años esto se ha convertido en un martirio. Las declaraciones son cada vez más estrictas; por ese dinero, en las tiendas, no compras nada, e incluso si compramos en el mercado ya no es suficiente. Nos salva solo la granja: en verano y en otoño, cuando ordeñamos las vacas, no nos hace tanta falta el dinero. Vendemos leche, smetana (nata agria) y requesón en el mercado, y con eso nos mantenemos. Pero en invierno, la cosa cambia. En diciembre nos retrasaron los pagos hasta tal punto que ya no sabíamos qué hacer”.

Los Zheléinikov tenían una pequeña tienda de alimentación que les socorría bastante, pero hace medio año se fue a la quiebra. En el pueblo vecino han abierto un supermercado y ahora los habitantes de Berezovska prefieren ir hasta allí para hacer la compra. Muchos en el pueblo tienen ya coche y acercarse al supermercado que está a cinco kilómetros ya no supone ninguna complicación.

“Según las estadísticas, en la región de Kaluga, la situación con los niños que pierden la protección de sus padres se está equilibrando”, anuncia la ministra de Política Familiar, Demográfica y Social de la región de Kaluga, Svetlana Médnikova.

“En el último año, el número de niños que se encuentran en esta situación ha bajado de 478 a 373. Solo el año pasado acudieron a nosotros 250 familias, de las cuales 116 se dieron de alta. La mitad de ellos son candidatos para la adopción, y el resto serán padres de acogida o tutores. La región de Kaluga ocupa actualmente el segundo lugar dentro del Distrito Federal Central en porcentaje de niños acogidos por familias: 86,1%. De estos, 1.128 se crían en familias de acogida, 1.546 con tutores (curadores) y 1.337 en familias de adopción”.

Actualmente, hay cuatro orfanatos en la región de Kaluga, que tiene una población de un millón de habitantes, pero estos registran una ocupación del 72%. Si se mantiene esta tendencia, en el futuro solo quedarán dos orfanatos en todo el territorio.