Las 'bábushkas' se pasan a una jubilación activa

Buránovskiye Bábushki son un grupo coral ruso de pop folclórico que quedaron en el segundo puesto del festival musical Eurovisión 2012. Fuente: RIA Nóvosti

Buránovskiye Bábushki son un grupo coral ruso de pop folclórico que quedaron en el segundo puesto del festival musical Eurovisión 2012. Fuente: RIA Nóvosti

Las abuelitas rusas 'tradicionales', o bábushkas, que disfrutan mascando tocino sentadas en los bancos que hay en la calle junto a sus casas y cuidando de sus nietos, están dando paso últimamente a un grupo más activo, uno al que le gusta el deporte y la tecnología moderna y desea ayudar no solo a su familia sino también a la sociedad. Las empresas están reaccionando a esta tendencia ofreciendo más productos y servicios para la tercera edad.

Olga Kuznetsova, que recorre con gracia la pista de un estudio de baile con un elegante vestido y tacones, apenas puede ser descrita como una mujer mayor, y la palabra bábushka ni se le pasa a uno por la cabeza. Tiene 55 años, acaba de jubilarse, y está haciendo lo que siempre soñó hacer: bailar tango argentino.

No le amedranta ser la mayor del grupo. Tras la clase, Olga queda con sus amigas y juntas planean un viaje a Europa el mes que viene. “He criado a un hijo, he tenido tres trabajos, y ahora solo quiero vivir para mí”, resume.

Para Rusia esto es una novedad. Aquí la opinión pública sobre lo que se espera de los jubilados es bastante firme, especialmente cuando se trata de mujeres. La abuela estereotípica se sienta en un banco a la salida de su bloque de viviendas, envuelta en una bufanda y un abrigo pesado, y conoce de vista a todo el que pasa. Las bábushkas típicas crían a sus nietos, cultivan pequeñas huertas y sellan jarras de chucrut.

Pero la generación actual de mujeres de 60 años en Rusia es muy diferente de la de sus predecesoras. La visión de jubilados europeos, ya sea en las películas o en viajes al extranjero, les ha hecho pensar. La sensación de vivir un estilo de vida anticuado los llevó a la acción.

“Mi madre tiene 62 años y no es en absoluto una bábushka”, dice Yulia Bushúeva, directora ejecutiva de The New Kremlin Fund (Arbat Capital). “Se jubiló hace varios años, comenzó a conducir y ahora está pensando asistir a cursos de fotografía e inglés”.

“Mi abuela se descarga patrones de bordado informatizados y los usa con una máquina de coser especial”, dice la estudiante Yulia Vedénina. “Si no entiende algo, mira un tutorial de vídeo por Skype”.

La moda de la jubilación activa no solo está en alza en Moscú y en San Petersburgo. Por ejemplo, Gertruda Pankrúshina, de Novosibirsk, que trabajó como anestesista, se apuntó a un curso de informática con 70 años.

“No fue fácil, pero lo logré”, dice ella entre risas. “Ahora hablo por Skype con mis nietos, escribo emails y saco recetas de internet”.

Los cursos de cuerpo y alma para la tercera edad están brotando por todas partes. Por ejemplo, en el Centro de Exposiciones de Toda Rusia de Moscú (VDNJ),  se ha abierto recientemente una escuela de baile para personas mayores. Y el centro de servicios sociales de Mitino ahora acoge un teatro amateur de marionetas. En el proyecto “Edad de la Felicidad”, lanzado por el fundador del periódico Kommersant, Vladímir Yakovlev, se dan seminarios sobre cómo vivir, comer y mantenerse ocupado, independientemente de la edad y de los estereotipos sociales.

Pero los cursos no solo están disponibles en la capital. La página web baba-deda.ru, creada por Anastasía Lazibnaya, es una fuente de información práctica para los jubilados de toda Rusia. El portal menciona cientos de cursos y tours con descuentos.

“A paso lento pero firme, las personas mayores están cambiando su propia actitud con respecto a sí mismos: navegan en la red, acuden a clubs de salud y practican actividades de ocio”, contaba Lazibnaya a Rusia Hoy. “Según las estadísticas, nuestra web recibe muchas más visitas de mujeres que de hombres, ya que las mujeres no se asientan con el paso de los años. Por el contrario, el rol social de la madre pasa a ocupar el asiento trasero, y la mujer comienza a vivir para sí misma”.

En 2007, Marina Yalysheva abrió la Universidad de la Edad de Plata en San Petersburgo, que está especializada en enseñar a estudiantes mayores. Ahora tiene ya unos 300 graduados, de los cuales alrededor del 95% son mujeres.

“No todos los jubilados quieren trabajar, pero casi todos quieren ser de utilidad, compartir su experiencia y conocimientos”, dice Yalysheva. Bajo su punto de vista, el voluntariado es una buena opción para los graduados de su instituto.

“Las empresas están comenzando a desarrollar servicios y productos para la tercera edad, y claro, ¿quién puede servir mejor a las personas mayores que ellas mismas?”, razona Lazibnaya. Nos cuenta también que los primeros que vieron el potencial de promocionar servicios para los consumidores mayores en Rusia fueron las marcas de cosméticos y las compañías de seguros.

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