El colectivo LGBT se siente acosado en Rusia

Activistas rusos del movimiento LGTB en Rusia. Fuente: ITAR-TASS.

Activistas rusos del movimiento LGTB en Rusia. Fuente: ITAR-TASS.

La ley que se está debatiendo en la Cámara baja del Parlamento (Duma) de la Federación de Rusia sobre la prohibición de la “propaganda homosexual” entre los menores de edad ha vuelto a poner de actualidad la situación del colectivo LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales). Rusia Hoy ha hablado con activistas LGBT rusos que luchan para que sus derechos se equiparen a los de los heterosexuales.

 Serguéi Iliupin, escritor y diseñador moscovita y activista LGBT, considera que “el principal problema jurídico de LGBT es que en la legislación es como si no existieran, no están reconocidos como un grupo social, no existe el concepto de homofobia y por eso es difícil demostrar los motivos homófobos que hay tras expulsiones, despidos, palizas y asesinatos”.

Yuri Gavrikov, jefe de la organización “Igualdad”, destaca que la principal violación de los derechos de los LGBT es que se les niega la libertad de reunión y de asociación porque “bajo cualquier pretexto los actos LGBT públicos se prohíben y no se registran las organizaciones”. Además de las prohibiciones, Dmitri Kuzmin, poeta y editor y homosexual reconocido, añade que “en el campo informativo a menudo se difunde el odio y el desdén hacia los LGBT y eso contribuye a que haya más intolerancia en la sociedad”.

Inga Admiralskaya, psicóloga de Moscú que trabaja con homosexuales, alerta que la ley sobre la “propaganda homosexual” que se está discutiendo provoca una gran angustia entre el colectivo LGTB: “Muchas familias están moralmente preparadas para emigrar; sienten miedo, ansiedad, culpabilidad, desamparo y abatimiento”.

“Estas leyes en realidad legalizan la violencia contra los homosexuales y en todas partes se registra un auge de la retórica homofoba, pero sobre todo golpean a los adolescentes, la semana pasada dos chicas se suicidaron juntas”, explica Admiralskaya. 

Los defensores de los derechos humanos denuncian muchos casos de violencia contra los LGBT en la calle. Yekaterina Soboleva, voluntaria LGBT lesbiana, vivió un caso de agresión en la calle que ella atribuye a su orientación sexual. Soboleva, futura pedagoga que actualmente hace prácticas en una escuela de la Región de Moscú, conoce de cerca los problemas de los adolescentes gais y lesbianas y destaca la incomprensión general, con raras excepciones, por parte de sus padres y de su alrededor, porque “en Rusia hay muchos fascistas que odian especialmente a los LGBT porque según ellos deshonramos a los rusos”.

En cuanto al entorno familiar, Soboleva explica que conoce “personalmente a unas cuantas chicas lesbianas, a quiénes sus padres pegaban, las mandaban al psicólogo, intentaron ponerlas en el buen camino con la ayuda de la iglesia y les restringían el círculo de amistades”.

Precisamente los activistas entrevistados por Rusia Hoy señalan a sectores de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que ven muy próximos al poder actual, como instigadores de la homofobia que se percibe en Rusia. Sin embargo algunos de ellos, como Yasine y Kuzmin, consideran que es el poder quién utiliza la Iglesia como instrumento de su política.

Los activistas explican que el movimiento LGBT todavía es muy débil. A las dificultades para organizar actos públicos, marchas del orgullo gay, que siempre son prohibidas, festivales o sesiones informativas, se les suma el poco apoyo que tiene el movimiento entre los mismos LGBT.

Kisilev atribuye la falta de activismo “al miedo a la violencia y también a la homofobia interior incluso en los propios LGBT”. Para Gavrikov “el propio secretismo y el temor a perder la seguridad se proyectan en la percepción del medio social y del activismo porque creen que cualquier acción puede hacer empeorar la situación actual”. Iliupin explica que “muchos LGBT creen que los activistas sólo provocan la agresión homofoba, cuando el principal problema de los LGBT en Rusia es su secretismo que impide que cambie el estereotipo del freak en la sociedad”.

Además, los propios activistas están divididos, hay sectores partidarios de celebrar marchas y actos aunque no hayan sido autorizadas que se convierten en un desafío para las fuerzas de seguridad, mientras que otros consideran que antes hay que realizar una mayor labor informativa en la sociedad. Kuzmin, por ejemplo, considera que uno de los fallos del activismo es “imitar las formas y métodos de acción de los activistas occidentales, sobre todo de los americanos”.

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