El peso de la historia persigue a Rusia

Tradicionalmente, los gobiernos rusos tienden a no rendir cuentas ante nadie. Este patrón histórico podría estar condicionando las decisiones del presente. Fuente: Ilia Varlamov

Tradicionalmente, los gobiernos rusos tienden a no rendir cuentas ante nadie. Este patrón histórico podría estar condicionando las decisiones del presente. Fuente: Ilia Varlamov

Incluso un vistazo superficial a la historia rusa muestra que algunos patrones institucionales tienden a repetirse a lo largo del tiempo.

La historia es un gran peso sobre los hombros de Rusia. Es sorprendente, al tiempo que sintomática, la frecuencia con la que los acontecimientos actuales son interpretados a través de la óptica de experiencias previas. Y a veces, la perspectiva puede remontarse muy atrás en el tiempo. La razón por la que esto puede representar un problema es que existe el riesgo de que vivir en el pasado histórico se apodere de la mente de tal modo que llegue a interferir con la toma de decisiones en el presente. 

Las teorías económicas conocidas como "path dependence" (o histéresis) se centran en los casos en los que la búsqueda de soluciones a problemas del presente está limitada por las decisiones que se tomaron en el pasado. Desde la elección de una tecnología a la de un emplazamiento, sugieren que podría haber otras alternativas más convenientes a nuestra disposición, pero quedan fuera de nuestro alcance. 

La aplicación de estas teorías al desarrollo socioeconómico lleva a la demostración de que reformas e intervenciones políticas potencialmente beneficiosas quedan impedidas o desvirtuadas por valores, creencias y expectativas históricamente determinadas. Aunque esta interpretación puede resultar compleja y controvertida, las pruebas apuntan a que las dificultades en las reformas emprendidas por Rusia no pueden ser explicadas sin hacer referencia al pasado. 

Falta de rendición de cuentas 

Incluso una mirada superficial a la historia rusa mostrará que existen ciertos patrones institucionales que tienden a repetirse a lo largo del tiempo. A intervalos regulares, se hacen intentos por romper con el pasado, pero, hasta el día de hoy, estos esfuerzos solo han dado como resultado un característico movimiento pendular de reforma, represión o restauración. 

El rasgo distintivo de los patrones que así se repiten es el de un gobierno que no rinde cuentas ante nadie. 

Numerosas etiquetas se han utilizado para describir este característico modo de gobernar, que ha ido de la autocracia al totalitarismo, hasta llegar a la actual "democracia con adjetivos". Más allá de las etiquetas, la base es que los líderes no reconocen ningún límite efectivo en el ejercicio de su poder. 

En la Rusia imperial, constaba incluso por escrito que el emperador solo respondía ante Dios. Durante la era soviética, los líderes del Partido Comunista quedaban por encima de la ley. En la Rusia postsoviética, se crearon instituciones legales de control de la gestión pública, preparando así el terreno para un gobierno democrático. Pero, como muestran los recientes acontecimientos, sigue faltando la esencia de una verdadera transparencia en el ejercicio público. 

Los gobiernos (autoritarios) necesitan, por su parte, que sus ciudadanos no tengan derechos inalienables. La historiografía rusa está repleta de ejemplos de cómo Rusia ha fracasado en aprender la lección más importante de los juristas romanos, esto es, que es preciso trazar una línea entre el poder del Estado y el derecho del individuo a la propiedad. Las consecuencias van más allá de que la protección a los derechos de propiedad individual resulte en estos casos intrínsecamente débil. 

La supresión de los derechos individuales es, simplemente, esencial para mantener un poder que no rinda cuentas ante nadie. Los individuos deben ser conscientes de que no tienen derechos que puedan hacer valer ante sus gobernantes. Idealmente, también deben estar convencidos de que esto es justo y legítimo. 

Las implicaciones de todo esto en la actividad económica son considerables. Una economía de mercado basada en normas depende esencialmente de que el gobierno haga cumplir, de manera creíble, los derechos y obligaciones contractuales. Si esto falla, las fuerzas económicas se verán obligadas a asegurar sus propios contratos por vías informales. Esto implica invertir en técnicas para jugar al juego de las influencias. Los datos históricos a este respecto son, de nuevo, muy reveladores. 

Los boyardos de Moscovia estaban obsesionados con sus posiciones sociales. La "tabla de rangos" que introdujo Pedro el Grande formalizó una forma de control estatal sobre los nombramientos que fue continuada con la fatídica nomenklatura soviética. 

Durante la presidencia de Borís Yeltsin el sistema se volvió más fluido. Pero la emergencia de los oligarcas demostró que la cercanía al líder seguía siendo la clave del éxito. Y la era post Yeltsin ilustra ampliamente la persistencia del patronazgo y la clientela. La cultura de impunidad que de ello resulta corroe profundamente tanto la legalidad como la confianza en el gobierno. 

Volviendo a las implicaciones para la toma de decisiones en el presente, se podría argumentar que lo que se ha expuesto hasta ahora no es más que la descripción de un patrón recurrente. Puede ser interesante observar la asidua repetición de ciertos tipos de soluciones institucionales. Pero, siguiendo la lógica de la tradición económica neoclásica, esto no tendría relevancia para la política presente y futura. El "Homo economicus" siempre va a ser práctico y racional, y va a pensar en el futuro. 

Podríamos denominar esta creencia "liberalismo normativo", un rechazo preocupante a reconocer la importancia de las particularidades institucionales, que derivan de la persistencia de valores, creencias y expectativas históricamente determinados. La teoría institucional sostiene que, si faltan las instituciones informales que cimientan una actividad económica exitosa, los cambios en las normas oficiales no pueden tener y no tendrán las consecuencias planeadas. 

El problema de la economía en este aspecto es que el contexto de una transacción siempre será un intrincado panorama de valores, creencias y expectativas, imbricados en complejos sistemas de normas informales. En situaciones en las que hay que tomar decisiones de rutina, esto no importa demasiado. Pero en los momentos de amplias transformaciones institucionales, sí que importa. Y, si no entendemos la importancia y el origen de las normas informales, no seremos capaces de predecir cómo responderán los agentes económicos a la coyuntura. 

La acción colectiva 

La principal razón por la que la carga de la historia pesa tanto sobre los hombros de Rusia es que los patrones que se han descrito han demostrado no solo ser resistentes, sino también estar fuertemente interrelacionados. Una transición exitosa hacia el ideal de una economía de mercado regulada requiere que el gobierno se comprometa, de manera creíble, a actuar como un supervisor imparcial. 

Si se niega a aceptar que debe dar cuentas de sus actos, esto no funcionará. Si los individuos no creen en sus propios derechos, no habrá una acción compensatoria capaz de asegurar que se puede obligar a alguien a rendir cuentas. 

Existen numerosos ensayos y artículos de tema económico que tratan sobre el acatamiento de la constitución por parte de la clase política. En general, subrayan que este cumplimiento de los valores constitucionales depende de que la ciudadanía crea en la eficacia de la acción colectiva contra las transgresiones del gobierno. 

Aquí es donde los acontecimientos del pasado pueden revelarse como especialmente importantes. Y el eslogan utilizado en las protestas de Moscú, "No somos ganado", indica que se está produciendo un cambio en la mentalidad colectiva. 

La rápida extensión de internet y la consecuente explosión de las redes sociales han disipado la ignorancia sobre el pluralismo y han echado leña al fuego de la ira contra el régimen. También han producido un sentimiento de toma de poder, así como la emergencia de normas sociales que avergüenzan a los que no se unen a las manifestaciones ni luchan por los derechos civiles. 

Las encuestas de opinión muestran que las reivindicaciones se refieren a bienes públicos que hasta ahora no abundaban, como un estado de derecho o fuerzas policiales no corruptas. 

Hay motivos para creer que esta es la primera vez en la historia de Ruisa en la que la presión hacia el cambio ha surgido de abajo, de los miembros de una emergente sociedad civil unidos en acciones colectivas para apoyar sus reivindicaciones. Es imprescindible formular una respuesta a este desafío, y la naturaleza de esta respuesta determinará la evolución de Rusia durante la próxima década. 

Puede que haya buenas noticias, pero el lado negativo es que, si las actuales esperanzas y expectativas se revelan infundadas, entonces estará claro que la carga de la historia es aplastante.  

ThomasOweneshistoriadoryprofesorenelCentroDavisparaEstudiosdeRusiayEurasiadelaUniversidaddeHarvard.Esautordellibro: 'DilemmasofRussianCapitalism:FedorChizhovandCorporateEnterpriseintheRailroadAge'(Dilemasdelcapitalismoruso:FedorChizhovyla  empresaenlaeradelferrocarril). 

PublicadooriginalmenteenMoscowTimes.