Buscando respuestas para el drama del Bolshói

Habla el director artístico del teatro moscovita, Serguéi Filin, tras el atentado con ácido sulfúrico que le desfiguró el rostro. Fuente: Reuters

Habla el director artístico del teatro moscovita, Serguéi Filin, tras el atentado con ácido sulfúrico que le desfiguró el rostro. Fuente: Reuters

El pasado 17 de enero un enmascarado roció con ácido sulfúrico el rostro del director artístico del Teatro Bolshói de Moscú, Serguéi Filin. Tras dos semanas en un hospital ruso, Filin partió el 4 de febrero hacia Alemania para recibir tratamiento médico en un centro especializado. Poco después de someterse a su cuarta intervención quirúrgica en Moscú, Filin habló con la periodista Anna Nemtsova sobre la agresión.

El atentado que ha sufrido ha conmocionado al mundo entero. ¿Han desfigurado los agresores una parte importante de su rostro? ¿Está preocupado por el aspecto que tendrá en el futuro? 

Como ser humano, puedo asegurar que mi aspecto no me preocupa: la belleza no está en la cara. Seré el mismo Serguéi Filin que amaba, que era un buen amigo, que decía la verdad. Espero que quien me conoce no me vuelva la espalda cuando vea que me he quedado un poco calvo y ciego. Os prometo también que todos nuestros nuevos ballets saldrán a escena. Quizá no los vea bien con mis ojos, pero los escucharé con mis orejas. 

Sus amigos aseguran que usted es un luchador sin miedo y que incluso en el hospital sigue trabajando. ¿Cómo lo consigue? 

A veces, con la mano en el corazón, me preguntaba: "¿Es duro, Serguéi? Sí, lo es. ¿Te duele, Serguéi? Oh, sí, me duele. ¿Superarás estas dificultades? Claro que sí, lo haré". Esto es solo otro desafío más que está poniendo a prueba mis fuerzas. Pero me reprocho haber descuidado mi seguridad personal, desde diciembre de 2012, cuando sentí que crecían a mi alrededor amenazas y hostilidades. 

El director general del Bolshói, Anatoli Ixanov, ha comentado, en una entrevista concedida a Newsweek, que en los dos últimos años un grupo de personas han tratado de instaurar un clima de guerra en el teatro. ¿Quiénes son estas personas? ¿Sospecha de alguien?

Ya en 2011, partir del segundo día en que me uní al Bolshói como director artístico, sentí que estaba ocurriendo algo extraño dentro del teatro y en los círculos estrechamente relacionados con él: todo tipo de sucias intrigas, publicación de documentación comprometedora en los medios e internet, como si alguien de las altas esferas de la gestión del Bolshói tuviese un programa para hacernos daño y destruirnos. Estoy convencido de que no se trata solo de dos o tres personas, sino de un gran grupo que está implicado en el descrédito de esta catedral del arte. 

Unos hackers entraron en su cuenta de correo electrónico en 2012 y publicaron mensajes en los que criticaba algunas declaraciones de uno de vuestros mejores bailarines, Nikolái Tsiskaridze. ¿Sospecha que Tsiskaridze pueda estar detrás de la agresión? 

Muy pronto descubriremos la verdad. Desafortunadamente, no se me ocurrió investigar antes. Pero siempre he sido consciente de que tendría que haber trabajado en dos frentes: ofreciendo resultados perfectos en el ballet y al mismo tiempo no permitiendo que los criminales me chantajeasen con fotos mías desnudo o, pongamos por caso, con Cindy Crawford en una sauna. Pero siempre he tenido que enfrentarme a provocaciones. Alguien ha debido de pagar a nuestros bailarines para crear conflictos, organizar pequeñas revoluciones, para desafiarme públicamente o entre bambalinas. 

En el pasado, los celos envenenaban el ballet ruso, pero no había tentaciones económicas importantes en los grandes teatros soviéticos. ¿Qué le ha hecho pensar que el dinero tuviese algo que ver en estos acontecimientos? 

Quedó claro hace un año y medio. La policía me enseñó un pen-drive que contenía todos mis emailes personales y se descubrió que unos hackers de Cheliabinsk habían entrado en mi cuenta de correo electrónico por unos 200 dólares. Pero quién les dio la orden sigue siendo un secreto. Los autores del delito publicaron algunos de mis correos en mi página de Facebook. Fue sorprendente el hecho de que siete personas, algunas probablemente involucradas en hechos delictivos contra mi persona, me pidiesen exactamente el mismo día que los agregase como amigos en Facebook. 

La policía interroga a los bailarines todos los días. ¿Logra imaginar quién podría ser el agresor? 

Tomo una hoja de papel en blanco y trato de imaginarme dibujando el retrato no de la persona que me ha tirado ácido en la cara, sino el de la que ha ordenado el atentado. Seguramente, nunca ha tenido una familia, nunca ha tenido hijos. Ningún padre, no importa lo profunda que sea su indignación contra mí, podría pensar nunca en destruir mis posibilidades de ver cómo crecen mis tres hijos.

Probablemente esa persona tampoco ha tenido padres. Hay una rasgo que sobresale en el retrato: la soledad. Solo un hombre muy enfermo puede tomar una decisión así. He confesado mis pecados a un sacerdote y he prometido perdonar a todos los que me han deseado el mal. 

¿Cree que será suficiente con una voluntad política de encontrar al agresor? 

Cada día podrían sacar del Sena a un ahogado con mi foto en el bolsillo de la chaqueta y decir que fue él. Honestamente, no me contentaré con esto. 

En 2012 Nikolái Tsiskaridze y sus simpatizantes han recogido firmas para una petición directa a Vladímir Putin en la que se pedía el despido de Ixanov y el nombramiento de Tsiskaridze como director del Bolshói. Pero el Kremlin renovó el contrato de Ixanov hasta 2013. ¿Ha tenido posibilidades de informar al Kremlin sobre los problemas de gestión del Bolshói y de sus mejores bailarines? 

Sí, las tensiones aumentaron tras el nombramiento de Ixanov. Hemos hablado tanto con Vladímir Putin como con Dmitri Medvédev (cuando aún era presidente) sobre la importancia de parar los conflictos que hemos sufrido en nuestro teatro. La cuestión es si nuestras autoridades resolverán el problema general en todo el teatro. ¿Quiénes son las personas que han aterrorizado durante tanto tiempo el escenario del Bolshói? Si permanece en secreto, yo, un ciudadano ruso, padre, contribuyente honesto, nunca dejaré de preguntarme qué más tiene que suceder en nuestro país para despertar una reacción de las autoridades. 

Anna Nemtsova es corresponsal en Moscú para 'Newsweek' y 'The Daily Beast'.