La traición de los cosacos en la Segunda Guerra Mundial

Se unieron al ejército alemán y tras la contienda Stalin pidió su repatriación. Fuente: ITAR-TASS

Se unieron al ejército alemán y tras la contienda Stalin pidió su repatriación. Fuente: ITAR-TASS

Durante la invasión de los nazis a la Unión Soviética, un grupo de cosacos enviados a los Balcanes que luchaban contra el ejército alemán pidieron a Joseph Goebbels pasarse a su bando. Cuando el Ejército Rojo se impuso, Stalin pidió la repatriación de los cosacos fugados. La historia inspiró parte de la trama de la película de James Bond GoldenEye.

El 22 de junio de 1941, las fuerzas nazis lanzaron su ofensiva contra la Unión Soviética en la operación que abría el Frente Oriental, y que fue bautizada con el nombre clave de Operación Barbarroja. El Ejército Rojo sufrió un elevado número de bajas en combate, pero con lo que no contaron era con que algunos de sus generales cambiasen de bando para reforzar a los nazis.

Los generales Piotr Krasnov y Andréi Shkuró formaban parte del ROVS, RusskiObshche-VoinskiSoyuz o “Unión Militar Rusa”, un ejército formado por los cosacos que huyeron procedentes de la Guerra Civil Rusa que estalló en 1917. Las huestes cosacas formaron una importante oposición armada ante el gobierno bolchevique, pero León Trotski impuso la 'descosaquización', una serie de políticas represivas contra los cosacos y éstos, especialmente los del Don y Kubán, emigraron de Rusia con destino a los Balcanes. Allí formaron el ROVS.

En pleno ataque a la Unión Soviética, el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels recibió una jugosa noticia. Dos generales cosacos, huidos de la antigua Rusia pedían formalmente luchar con las fuerzas del Eje para combatir al Ejército Rojo.

El efecto propagandístico que podía tener esta noticia no pasó desapercibido por Goebbels, que aceptó encantado y, poco después, se creó la primera división cosaca, compuesta principalmente por prisioneros de guerra soviéticos capturados por las fuerzas de la Wehrmacht.

En 1944, un decreto especial de Heinrich Himmler nombraba al general Shkuró jefe de la reserva de tropas cosacas bajo el Estado Mayor de las SS.

Sudestino,enYalta

Cuando la división cosaca al servicio de los nazis quiso comenzar a batallar, el Ejército Rojo estaba ya ganando terreno a las fuerzas del Eje y fueron enviados de nuevo a los Balcanes, zona que conocían a la perfección, para combatir a los partisanos yugoslavos de Josip Broz Tito.

En la recta final del conflicto, la primera división cosaca pasó a formar parte de las Waffen-SS, algo que se les recordaría en Moscú.

En la famosa conferencia de Yalta a comienzos de febrero de 1945 se trató el futuro de los cosacos que se pasaron a las filas nazis. En principio, los emigrados de la Revolución bolchevique no tenían por qué figurar en la lista de repatriados soviéticos, pero Stalin aseguró a Winston Churchill que éstos se emplearon con gran ferocidad contra el Ejército Rojo, especialmente la división de cosacos tártaros.

El general Krasnov, junto a otros líderes cosacos, pidió a Hitler, un año antes de la reunión de Yalta, que los enviara a la localidad de Carnia, en los Alpes italianos, donde se asentaron mediante las típicas stanitsas o campamentos cosacos fortificados. Allí cometieron numerosas atrocidades contra la población local y fueron expulsados por las tropas italianas hacia Austria.

Una vez en territorio austriaco, estos cosacos se establecieron en Lienz, donde fueron acogidos por las tropas británicas por lo que, en principio, les pareció que les ponía a salvo de la repatriación. Además, consideraban que no eran ciudadanos soviéticos, por lo que nunca se les podría acusar de traición en Moscú.

Traiciónbritánica

El 28 de mayo de 1945, el Ejército británico comunicó a los líderes cosacos que estaban invitados a una importante conferencia junto a oficiales ingleses en una localidad cercana y que estarían pronto de regreso.

Algunos de los cosacos no vio clara la invitación, pero uno de ellos aseguró que un oficial británico les “juró por su palabra de honor” y les repitió: “sólo vais a una conferencia”.

En total, cerca de 2.500 cosacos, entre los que se encontraban los generales Piotr Krasnov y Andréi Shkuró, fueron transportados esa noche a la vecina Tristach, donde descansaba el Ejército Rojo.

Fue la primera fase de la repatriación de los cosacos por parte británica hacia la Unión Soviética. Hasta junio de 1945, los británicos enviaron decenas de miles de cosacos y caucásicos acusados de traición. Muchos fueron ejecutados en Austria, pero la mayoría fueron sometidos a juicio en territorio soviético.

No hay cifras exactas del total de cosacos y colaboradores nazis repatriados a Moscú. Según algunas fuentes se llegaron a enviar 22.500 hasta el verano de 1945. Sin embargo, una de las más fiables es la de Nikolái Tolstói, uno de los primos del genio Lev Tolstói, que cita directamente un telegrama del militar británico Harold Alexander, en el que pide directrices para las disposiciones finales de “50.000 cosacos, entre ellos 11.000 mujeres, niños y ancianos”.

Los generales Krasnov y Shkuró fueron encarcelados en la prisión moscovita de Lefortovo, en espera de juicio. Ambos fueron encontrados culpables junto a Timoféi Domanov y Helmuth von Pannwitz por el Colegio Militar de la Corte Suprema de la Unión Soviética que castigaba “a los criminales nazis responsables de los asesinatos y torturas de civiles y prisioneros soviéticos del Ejército Rojo por espías y traidores del pueblo”. Fueron ahorcados en público en Moscú el 17 de enero de 1947.

Muchos otros cosacos lograron huir, adoptando distintas nacionalidades y mantuvieron su identidad en secreto hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991.

Sin embargo, antes de que eso ocurriera, Nikita Jrushchov, en plena desestalinización, decretó una amnistía parcial el 27 de marzo de 1953 que se extendió hasta el 17 de septiembre de 1955.

La película GoldenEye (1995) de James Bond, que comienza su trama en una base de armas químicas en Arjánguelsk, tiene influencias de la repatriación de los cosacos. El antagonista de la película, el agente 006 Alec Trevelyan, es uno de los hijos de los cosacos repatriados y busca vengarse de los británicos que traicionaron a sus antepasados en 1945.

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