“Debemos resolver los problemas juntos, porque en el mundo actual todo está interrelacionado”

Vladímir Putin concede una entrevista antes de viajar a la cumbre del G20 en Brisbane, Australia. Fuente: Mijaíl Kleméntiev / Ria Novosti

Vladímir Putin concede una entrevista antes de viajar a la cumbre del G20 en Brisbane, Australia. Fuente: Mijaíl Kleméntiev / Ria Novosti

Vladímir Putin responde a las preguntas de la agencia informativa rusa TASS sobre la próxima cumbre del G20 en Brisbane (Australia).

En estos momentos se dirige a la próxima cumbre del G20. ¿Hasta qué punto sigue siendo necesario y relevante el formato del G20? ¿Hasta qué punto es lógico que los países del G20, que desean colaborar y desarrollar la economía global, impongan sanciones contra uno de los miembros de la organización?

¿Es necesario este formato o no? Yo creo que sí. ¿Por qué? Porque el G20 es un lugar, una plataforma en la que podemos reunirnos, analizar también las relaciones bilaterales, los problemas globales y por lo menos alcanzar un entendimiento común sobre la esencia del problema y el modo de resolverlo, de marcar el camino del trabajo conjunto.

En 2014 la Cumbre de Líderes se celebrará en Brisbane el 15 y 16 de noviembre en el Centro de Congresos y Exposiciones de Brisbane.  Será la reunión de líderes mundiales más importante que haya organizado Australia.

La agenda de Australia para el G20 en 2014 se concentra en fomentar un crecimiento económico más sólido mediante la obtención de mejores resultados en comercio y empleo y el aumento de la capacidad de la economía mundial de resistir shocks futuros.

Esto es lo principal, porque no es nada realista esperar que se cumpla todo lo establecido en las resoluciones, si consideramos además que las propias decisiones tomadas no tienen un carácter obligatorio. Algunas de ellas no se cumplen.

Y no se cumplen donde y cuando no se corresponden con los intereses de alguno de los miembros, principalmente con los intereses de los líderes globales. Por ejemplo, en una cumbre del G20 se decidió reforzar el papel de las economías emergentes en la actividad del FMI, redistribuir las cuotas. El Congreso de Estados Unidos vetó la resolución, y se acabó. Y nuestros socios nos dicen durante las negociaciones: si fuera por nosotros, firmaríamos la resolución, nosotros también la hemos tomado, pero el Congreso no lo permite. Así sucede con todas las decisiones

No obstante, el propio hecho de que se haya formulado esta resolución y de que todos los miembros involucrados en la vida internacional del G20 lo consideren algo correcto y justo también se corresponde con la realidad actual, esto empieza a calar en cierto modo en la opinión pública internacional y en la mente de los expertos, de modo que debemos tenerlo en cuenta.

Y el hecho de que el Congreso de Estados Unidos rechazara esta ley pone de relieve que es precisamente Estados Unidos quien se sale del contexto general de las decisiones que se toman para resolver los problemas de la comunidad internacional. Lo que pasa es que nadie recuerda nada de esto. Estados Unidos, que ostenta el monopolio de los medios de comunicación de todo el mundo, obvia toda esta información como si no existiera.

Hay que tener en cuenta una cosa, todo el mundo habla de ciertos problemas actuales, entre ellos las sanciones y Rusia, mientras que en el terreno global, en este caso, Estados Unidos no cumple las resoluciones. Y son cuestiones fundamentales, pero no se cumplen. Aunque esto no significa que sea un formato inútil, ya he dicho por qué. Tiene ciertas utilidades.

¿Quizá estas resoluciones deberían ser obligatorias?

Eso no es posible. En la práctica internacional no existen ejemplos de ello, excepto las resoluciones del Consejo de Seguridad en el ámbito de la seguridad internacional. Pero estas se formularon en un momento muy complicado, durante la Segunda Guerra Mundial.

En la actualidad no es realista pensar en el desarrollo de unos nuevos mecanismos que garanticen el cumplimiento de las resoluciones, sobre todo en el ámbito de la economía. Pero, repito, todo esto tiene un carácter moralmente político y económico. Y esto por sí solo no está mal.

En cuanto a las sanciones impuestas contra Rusia por parte de algunos países del G20, evidentemente, esto no sólo contradice los propios principios del funcionamiento del G20, sino que también va en contra del derecho internacional, porque las sanciones pueden imponerse en el marco de la Organización de Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad.

Es más, todo esto contradice incluso los principios de la OMC y del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros, el llamado acuerdo GATT. Estados Unidos creó en su momento esta organización y ahora viola sus principios sin pudor. Esto es perjudicial y evidentemente nos causa cierto daño, pero para ellos también es perjudicial, ya que en realidad socava todo el sistema de las relaciones económicas internacionales. Espero que con el tiempo todo esto sea comprendido y quede en el pasado.

En el G20 existe actualmente una especie de equilibrio de fuerzas: por un lado figura el Grupo de los 7 y por otro lado los países de los BRICS y algunos estados cercanos a ellos. Teniendo en cuenta sus declaraciones acerca de que cada uno defenderá sus propios intereses, ¿qué opina de este equilibrio de fuerzas: se trata de una discusión de la que nacerá la verdad o de una confrontación totalmente nueva entre dos bloques?

En primer lugar, creo que sería una mala idea volver a crear bloques distintos. No es nada constructivo, es incluso perjudicial para la economía mundial. Porque estamos hablando de economía, ¿verdad?

En efecto, de una economía en la que la política influye cada vez más.

Es cierto. Pero de todos modos, el G20 sigue siendo ante todo un foro económico. Y propongo que traslademos el centro de nuestra conversación a ello.

Me gustaría hacer hincapié en una cuestión. Ya he mencionado la OMC, que formulaba unas determinadas reglas del juego. Más tarde se creó un mecanismo como el FMI. También se discute el perfeccionamiento de los mecanismos financieros internacionales y de las relaciones comerciales. Usted sabe que la llamada Ronda de Negociaciones de Doha en el marco de la OMC se encuentra en un callejón sin salida. ¿Por qué? Por la diferencia de opiniones y la diferencia de intereses entre las economías emergentes y las economías desarrolladas.

En un caso se crea un desequilibrio en el ámbito del capital y en el otro caso aparecen desequilibrios en el ámbito de los flujos comerciales. En las economías desarrolladas existe mucho capital libre, y el problema es su inversión, una inversión eficaz, fiable y segura de este capital en unas regiones y economías del mundo que garanticen una estabilidad, defiendan la propiedad y generen ciertos beneficios, aporten algún tipo de ingresos a las economías desarrolladas.

Por esta razón exportan el capital y los países emergentes forman los flujos comerciales. Unos necesitan la seguridad de que invierten su capital de forma segura, mientras que los otros, que son receptores de este capital, necesitan estar seguros de que las reglas del juego no cambiarán según deseen los que exportan el capital, sobre todo por consideraciones políticas, entre otros motivos.

Pero todos deben comprender que la economía y las finanzas hoy en día son totalmente dependientes entre sí. En nuestro caso, por ejemplo: supongamos que nuestros socios limitan el acceso de nuestras instituciones financieras a los mercados financieros internacionales. Nosotros, con los capitales que atraemos de los mercados financieros internacionales, financiamos a través de nuestras instituciones financieras a nuestras compañías que adquieren producción acabada a estas mismas economías desarrolladas y garantizan allí puestos de trabajo y apoyan el ámbito social y el crecimiento de la economía. Si no lo hacemos, les provocamos problemas. Se trata de cuestiones profundas que puede que a primera vista no parezcan evidentes.

Gracias a nuestro trabajo conjunto con Alemania, en este país mantenemos 300.000 puestos de trabajo. Si dejamos de hacer pedidos, estos puestos de trabajo desaparecerán. Es posible que consigan reorientar estos pedidos, pero antes habría que ver hacia dónde. No es tan sencillo.

Por esta razón, debemos resolver todas las tareas y dificultades (que son muchas) juntos. Pero si tomamos otro camino… Por ejemplo, ahora Estados Unidos habla de la creación de dos asociaciones: una Transatlántica y otra Transpacífica. Si se trata de dos grupos cerrados, en última instancia esto no llevará a la liquidación de los desequilibrios en la economía mundial, sino a su incremento. Está claro que nosotros queremos que estos desequilibrios no existan para poder trabajar juntos. Pero sólo podremos resolver estos problemas de manera conjunta.

Porque hace 20, 30, 50 años, la situación era distinta. ¿Y por qué digo con tanta seguridad que únicamente juntos podremos resolver los problemas de forma eficaz? En cuanto a la paridad del poder adquisitivo, el PIB de los países de los BRICS ya es mayor que el índice análogo de los países del G7: si bien el de los BRICS es de 37,4 billones de dólares, el de los países del G7 asciende a 34,5 billones. Y ahora no podemos decir: “Bueno, ahora lo haremos separadamente, aquí haremos esto y lo otro y vosotros allí haced lo que queráis”. Lo único que conseguiremos será un futuro desequilibrio. Si queremos resolver los problemas, debemos hacerlo juntos.

Ahora se habla de la aparición de un nuevo G7, formado por los países de los BRICS, Indonesia, Turquía y México. ¿Cree que este formato tiene futuro?

Ya lo he dicho: debemos resolver los problemas juntos, porque todo está interrelacionado en el mundo actual y, si creamos asociaciones regionales, como lo hacemos nosotros (la Unión Económica Euroasiática, con Bielorrusia y Kazajistán), estas deben ser únicamente un complemento de los instrumentos globales existentes que debe funcionar siguiendo estas normas globales. 

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Publicado originalmente en ruso en TASS.