20º aniversario de la Constitución rusa

Hoy, 12 de diciembre, se cumplen 20 años de la aprobación de la Constitución rusa. Fuente: ITAR-TASS

Hoy, 12 de diciembre, se cumplen 20 años de la aprobación de la Constitución rusa. Fuente: ITAR-TASS

El 12 de diciembre se cumplen dos décadas del día en que se aprobó la Constitución de Rusia. Andréi Goltsblat, directivo del grupo de expertos que redactó la Carta Magna, recuerda en qué condiciones nació el texto legal más importante de Rusia

Con la caída de la Unión Soviética, en el espacio postsoviético se produjo una situación absolutamente nueva. Rusia había declarado su independencia. La nueva Rusia necesitaba también un nuevo sistema de gobierno. Borís Yeltsin, entonces presidente del Consejo Supremo de la RSFSR, tomó la decisión de crear una Comisión Constitucional del Consejo Supremo de la RSFSR para preparar la nueva Constitución de Rusia. Así comenzó en 1989 el proyecto de la Constitución.

Yo empecé a trabajar en la Comisión Constitucional en verano de 1990 como director del secretariado. Tenía 28 años, la misma edad que el secretario principal, Oleg Rumiantsev. La media de edad entre los expertos que formaban parte de la Comisión Constitucional era de 50-60 años. 

Andréi Goltsblat, durante los años 1991 – 1994 dirigió el secretariado de la Comisión Constitucional del Consejo Supremo de la Federación Rusa. Dirigió el grupo de expertos que redactó la Constitución de la Federación Rusa.

Las cosas más elementales para poder llevar a cabo un trabajo eficaz, como ordenadores o fotocopiadoras, brillaban por su ausencia. En aquella época, naturalmente, tampoco existían los teléfonos móviles o el correo electrónico. Únicamente teníamos un fax para toda la comisión, y no siempre estaba disponible. Sin embargo, había un ambiente muy animado, teníamos la sensación de estar viviendo un momento importante y muy interesante. Todos trabajábamos con gran entusiasmo.

Por aquel entonces yo tenía un coche Zhigulí modelo 13 de segunda mano. Podía aparcarlo directamente frente a la segunda entrada del edificio del parlamento. Recuerdo el momento en que recibimos los primeros equipos modernos para trabajar. En el enorme gimnasio de la dirección de asuntos del Consejo de Ministros de la RSFSR se instaló una red de ordenadores donde se procesaban las numerosas enmiendas al proyecto de Constitución.

El trabajo en el proyecto de Constitución fue algo inolvidable para mí. Aquella potente fuerza intelectual que Oleg reunió a su alrededor era capaz de solucionar cualquier problema. No podíamos relajarnos ni por un momento. Las disputas y discusiones sobre el proyecto de Constitución se convertían en auténticas contiendas intelectuales. Recuerdo que en una ocasión nos fuimos toda la comisión a la dacha del Consejo de Ministros de la URSS en Arjánguelsk. Allí estuvimos alojados durante casi un mes, trabajando en el proyecto. En mi opinión, ese fue el periodo más productivo de todo el proceso.

Las partes de la Constitución que más debates provocaron fueron aquellas relacionadas con las funciones del presidente, del parlamento y del gobierno. Algunos miembros de la comisión insistían en que, además del primer ministro, una parte de los ministros más importantes debían ser nombrados con el consentimiento del parlamento. Otros proponían una opción que no contemplaba la participación del parlamento en la formación del gobierno. Además, en esta segunda opción el puesto del primer ministro no se contemplaba. Elpresidentedebíaaglutinarlatotalidaddelpoderejecutivo.

Recuerdo los tanques en 1991, recuerdo cómo llegué a trabajar a la Casa Blanca tras volar urgentemente desde Crimea, donde me encontraba de vacaciones con mi familia. Fue una experiencia desagradable, aunque no tan terrible como más tarde, en 1993. En 1991 todo terminó muy rápidamente y parecía que lo peor había quedado atrás, que en adelante sólo vendrían cosas buenas.

El 21 de septiembre de 1993 salí del edificio del parlamento y me fui a casa. Cené con mi familia y encendimos la televisión. De pronto, el programa de noticias se interrumpió y apareció el presidente anunciando la disolución del parlamento. Al cabo de una hora, un enviado vino a por mí y me dijo que debía acudir a la Casa Blanca, de modo que salí hacia allí. Erancercadelas 23:00 horas. Todo el secretariado estaba reunido. Oleg Rumiantsev dijo que debíamos escribir un proyecto de resolución del Congreso respecto a los decretos del presidente. Nos pusimos a escribir. Rumiantsev no paraba de entrar en la asamblea del Consejo y volvía para añadir más texto y correcciones. Hacia las cinco de la madrugada estábamos agotados y todos se fueron a sus despachos para dormir un poco. Yo me fui a casa, al día siguiente regresé, pero habían acordonado la Casa Blanca y ya no permitían pasar a nadie más.

 

La situación empeoró gravemente, la agitación inicial se fue desvaneciendo, empezamos a comprender que aquello no se iba a acabar tan rápida ni felizmente. Aun así, en una ocasión pude entrar en la Casa Blanca. Allí comenzaba a fallar la luz, las comunicaciones y había problemas con la canalización. Uno de los primeros días de octubre salí a uno de los oscuros pasillos del edificio. Por él iban y venían hombres armados. Desatornillé una placa en la que se leía 'Comisión Constitucional' y me la llevé. Si vuelve a ser necesaria, pensé, la devolveré a su sitio, y si no, al menos la guardaré para el recuerdo. Finalmente se quedó 'para el recuerdo'. Tuve la suerte de poder conservarla. Más tarde se la regalé a Oleg, que en mi opinión era el hombre más adecuado para custodiarla.

Finalmente abrieron fuego contra nuestro lugar de trabajo, la asamblea constitucional se interrumpió, aceptaron por referéndum el proyecto finalizado de Constitución y se celebraron elecciones a la Duma. Así acabó todo.

Andréi Goltsblat, Doctor en Ciencias Jurídicas. Miembro de la International Bar Association (IBA) y de la American Bar Association (ABA).

Texto abreviado. Publicado originalmente en RBC Daily.

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