El islamismo se convierte en una creciente amenaza para Rusia

Fuente: ITAR-TASS

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El ataque terrorista en Volgogrado, los disturbios en Biriuliovo, el asalto a las mezquitas de Kazán por parte de los islamistas y llamamientos a la ‘muerte de los infieles’ plantean la cuestión sobre la amenaza que supone la propagación del islam en Rusia.

Cada vez es más frecuente la celebración de mítines musulmanes en ciudades como Kazán, Majachkalá, Yelábuga e incluso en San Petersburgo y Tiumén, donde resuenan llamamientos a la construcción de un ‘califato islámico en Rusia’.

“Hay que comprender que el mundo islámico camina hacia la creación de un califato”, comenta Vadim Sídorov (también conocido como Harun al-Rusi), el autoproclamado emir de la Organización Nacional de Musulmanes de Rusia (NORM, por sus siglas en ruso). “No hay nada que temer”, para los musulmanes, el califato es sinónimo de unión en la fe, de integración, algo así como la Unión Europea del mundo musulmán.

Sídorov habla sobre una integración pacífica del ‘califato ruso’ en la futura ‘Unión Europea musulmana’ con un optimismo cautivador. Solo hay un problema: el emir o, como lo llaman sus compañeros, el ‘Harún de toda Rusia’ ha huido del país. La razón es simple: los agentes del orden han arrestado a dos de sus compañeros de lucha —Maxim Baidak (Salmán Sever) y Grigori Mavrov (Amir Hamdani al-Maliki)—, líderes de la sede petersburguesa de NORM.

Estos se habían declarado imanes en el entorno virtual y llevaban cinco años invitando a los rusos a través de la red a convertirse al islam “para ceder el control de la umma (comunidad de creyentes del islam) rusa a los verdaderos arios”. Sin embargo, lo hacían de un modo algo peculiar: subían vídeos a internet en homenaje al terrorista Shamil Basáyev y a las conocidas como ‘viudas negras’, fallecidas en los ataques terroristas perpetrados en el metro de Moscú. 

Ahora, estos imanes de internet se enfrentan a un juicio por hacer apología del terrorismo.

Pero la actividad de los islamistas radicales no se limita a la publicación de prédicas en línea, sino que además acuden al mundo criminal para formar una ‘guardia islámica’. Valeri Ilmendéev constituye un ejemplo antológico. De etnia chuvasia, se convirtió a la corriente wahabí y se unió a las filas de la comunidad Djamaat de Uliánovsk, donde acabó en la colonia número 2 de Uliánovsk, convertida después en un centro de reclutamiento de combatientes para del ‘Emirato del Cáucaso’. Allí creó el ‘baitulmal’ —una reserva de fondos aportados voluntariamente por los hermanos del islam— y la ‘shura’ —una especie de asamblea penitenciaria islámica—.

“La propagación de la ideología fundamentalista islámica entre los presidiarios rusos no es la única amenaza a la que se enfrenta la seguridad nacional”, asegura Rais Suleimánov, director de la sede del Instituto Ruso de Investigaciones Estratégicas para la región del Volga. “Entre los reclutadores se ha extendido ahora una nueva tendencia. Cada vez más trabajadores inmigrantes de Asia Central y Kazajistán reciben influencias wahabitas no en su país natal, sino en Rusia, donde resulta más fácil promover el islamismo, ya que nadie entiende ni quiere entender nada”.

Román Silantev, profesor de la Universidad Lingüística de Moscú, advierte de que gracias a la despreocupación de la sociedad rusa ha surgido la ‘internacional wahabita’, una alianza de criminales y nacionalistas de todos los colores, fanáticos religiosos y neófitos. “Esto dará lugar a un desplazamiento pausado del centro del extremismo religioso desde el Cáucaso a la región del Volga, a los Urales, a Siberia y, luego, a todas partes. El país entero se volverá a convertir en una zona de actividad terrorista frenética, y es que el islamismo radical cuenta con un poderoso lobby en las estructuras de poder”, asegura el experto.

La situación que se vive en Tatarstán, donde se ha creado un ‘holding wahabí’, constituye la principal preocupación entre los expertos. Este término fue introducido por el muftí de Tatarstán, Ildus Faizov, y su adjunto, Valiula Yakápov, quienes advirtieron hace tiempo de que los wahabíes estaban entrando en el sector empresarial y en el aparato del Estado, donde ya cuentan con numerosos protectores y patrocinadores.

El ministro de Asuntos Internos de la República de Tatarstán, Artiom Jojorin, reconoció “el acercamiento entre los funcionarios y dirigentes locales con los wahabistas”. Pero lo hizo tarde: el modelo tártaro de ‘holding wahabí’ ha echado raíces en todas las repúblicas musulmanas y en las principales ciudades del país.

En verano de 2012, Valiula Yakúpok falleció a causa de un atentado. Aquel fue el primer atentado terrorista perpetrado contra uno de los líderes musulmanes de Rusia. Aunque no enseguida, se detectó en él la huella wahabita. En la madraza Risalia, en la región de Nizhekamsk, el muftí Faízov y su equipo encontraron sermones wahabitas, cursillos e instrucciones sobre, por ejemplo, cómo cortar ‘correctamente’ la cabeza a un infiel. Cuando intentaron volver a guiar dicha madraza por la senda del islam tradicional, esta fue asaltada. Los alumnos recién graduados de Risalia acuden ahora a las mezquitas rusas no solo para predicar.

En diciembre de 2011, los wahabitas tártaros tomaron la mezquita de Almetevsk (en Tatarstán) y, un poco antes, la de Krasnoufinsk (en la región de Sverdlovsk), la de Buguslán y la de Abdulino (en la región de Orenburgo). La aparición de imanes extremistas y la expulsión de los muftíes que predican el islam tradicional está adquiriendo una gran escala. Según reconoce Farit Salmán, en el distrito autónomo de Yamalo-Nenetski, cada vez es más habitual que los wahabitas acudan a las mezquitas con rifles. Así dejan claro al imán local que si les critica, se unirá a la lista de los otros sesenta líderes musulmanes asesinados. 

Versión reducida. Artículo publicado en ruso en Russki Reporter.