Retrato íntimo de Serguéi Lavrov

Fuente: AP

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El acuerdo alcanzado el 14 de septiembre de 2013 para la destrucción del arsenal químico de Siria constituye el primer gran convenio cerrado entre Moscú y Washington en los últimos años, motivo por el cual las miradas del mundo entero se han posado en el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. Algunos creen incluso que el convenio de Siria ha llevado al ministro a la cumbre de su carrera diplomática. El propio Lavrov, que ocupa desde hace casi diez años su actual cargo ministerial, nunca habla de sus logros personales.

“La diplomacia no solo se mide por los logros alcanzados, sino también por los problemas que se consiguen evitar a través de ella”, declaró en su día el que fue ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Abba Eban, convertido en leyenda de la diplomacia mundial.

De todos es sabido que cualquier resultado obtenido suele ser objeto de diferentes valoraciones —a menudo radicalmente opuestas— de los colegas, socios, rivales y, finalmente, de los sucesores.

¿Qué le queda entonces a un diplomático de profesión? Una de las respuestas posibles a esta pregunta la he encontrado, por extraño que pueda parecer, en los versos del propio Lavrov: “Caminar con tesón hacia la meta”.

En 1992, nombran a Lavrov viceministro de Asuntos Exteriores (entonces el cargo de ministro lo ostentaba Andréi Koziriov) y, dos años después, es enviado a Nueva York en calidad de embajador de la Federación de Rusia ante la ONU. En ese momento comienza un importante periodo de su carrera.

La poesía es una de las aficiones del ministro, que comenzó a escribir poemas cuando aún era estudiante. Entre los libros preferidos de Lavrov se encuentran la novela del escritor norteamericano J. D. Salinger, El guardián entre el centeno, y la novela rusa El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov.

Sus amigos lo consideran el alma de la fiesta: le gusta cantar, tocar la guitarra y bebe whisky. A diferencia de muchos representantes de la élite rusa, Lavrov no pasa sus vacaciones en países exóticos, sino que descansa en los impetuosos ríos del país eslavo.

Le gusta el rafting, el fútbol, el ski alpino y la pesca submarina; se dice también que colecciona armas blancas. Además ostenta el cargo de presidente de la Federación rusa de piragüismo en eslalon.

“Serguéi Víctorovich es un verdadero deportista y, aunque no se puede decir que sufra de falta de apetito, siempre está en forma, siempre elegante. Probablemente su pasatiempo favorito —cortar leña— tenga algo que ver en esto. Incluso en Nueva York, en la residencia del embajador, los jardineros dejaron a petición suya varios leños sin cortar”, asegura en una entrevista su compañero, el periodista y exagente de los servicios de inteligencia, Yuri Kobaladze.

Lavrov no solo ha cortado leña en los Estados Unidos, sino que también ha tenido que romper alguna que otra lanza en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde ha ejercido como representante permanente tantos años como de ministro.

¿Presentía Lavrov su larga presencia en la escena diplomática internacional?

Es poco probable, pues en el gobierno ruso, hasta ahora, las decisiones sobre el personal solo han podido ser anticipadas por quienes las toman. En 2006, fui testigo de una conversación sobre los acontecimientos del año venidero; Lavrov comentó entonces con ironía: “Si aún sigo aquí…”.  

¿Cuál ha sido su recorrido?

En la biografía oficial de Lavrov consta que nació en 1950 y es de nacionalidad rusa. El mismo Lavrov, cuyo padre era un armenio de Tbilisi, se sinceró en un encuentro celebrado con estudiantes armenios en 2005: “En realidad tengo raíces georgianas, pues mi padre era de Tbilisi, pero mi sangre es armenia”.

Después de la escuela secundaria, Lavrov se matriculó en la MGIMO (Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú), donde estudió en el departamento de estudios orientales de esta facultad de Relaciones Internacionales. Además de la lengua cingalesa, que adquirió gracias a su área de especialización, Lavrov aprendió también inglés y francés. Después de su graduación en 1972, pasó un periodo de prácticas en la embajada de la URSS en Sri Lanka.

A partir de aquí, siguió la carrera diplomática habitual: de 1976 a 1981 trabajó en el Directorado de Organizaciones Internacionales del Ministerio de Asuntos Exteriores de la URSS; entre 1981 y 1988, ejerció como primer secretario, asesor y asesor principal en la Representación permanente de la URSS en la ONU; de 1988 a 1990, fue vicedirector del Directorado de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia; entre 1990 y 1992, fue director del Departamento de Organizaciones Internacionales y Problemas Globales del MAE ruso.

Durante los años que trabaja en el Consejo de Seguridad de la ONU, Lavrov conoce al detalle los principales problemas de la arena internacional: participa en reuniones sobre los conflictos de Yugoslavia, Irak, Oriente Próximo o Afganistán, así como sobre la lucha contra el terrorismo. En diciembre de 1995 —tras la retirada de Koziriov—, se habla por primera vez de la posibilidad de nombrar ministro a Lavrov. Pero el cargo lo ocupó entonces Yevgueni Primakov, quien en 1998 fue sustituido por Ígor Ivanov. El turno de Lavrov no llega hasta 2004.

Durante todos esos años, Lavrov participó en la resolución de numerosos problemas. Tuvo que lidiar con los norteamericanos en cuestiones relativas a la defensa antimisiles y a la democracia en Rusia; firmar acuerdos adicionales sobre la frontera más extensa del mundo, entre China y Rusia; discutir con Japón la firma de un acuerdo de paz en un intento de poner fin a la disputa territorial entre ambos países; encargarse del ‘dosier nuclear’ iraní; justificar ante el mundo la operación militar rusa contra Georgia, que amenazaba con convertirse en un verdadero conflicto con los Estados Unidos; y negociar el proceso de regularización del Cáucaso. Por otro lado, naturalmente, ha tratado de fortalecer la posición de Rusia en Oriente Próximo, misión que se ha complicado a causa de las revoluciones árabes y de los conflictos armados en Libia y Siria.

Lavrov es conocido por su carácter decidido. Así, por ejemplo, en 2008 el periódico The Daily Telegraph afirmó que el diplomático se había enfadado durante una conversación telefónica que mantuvo con su colega británico, David Miliband. Al parecer, entre las frases pronunciadas por el diplomático ruso costó encontrar una susceptible de ser publicada.

Algunas personalidades llaman Lavrov el ‘ministro No’, y las anteriores secretarias de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton y Condoleezza Rice, han reconocido que, en más de una ocasión, el ministro ruso las ha sacado de sus casillas.

No cuesta adivinar que las discrepancias con EE UU ocupan el primer puesto entre las reflexiones del ministro, igual que lo ocupan en los documentos de política exterior rusa. Por cierto, en una ocasión, Lavrov comparó con el baile las relaciones con Estados Unidos: “El vals, por definición, consiste en caminar en círculos, así que no describe la situación actual. El tango... bueno, el tango también implica hay algún que otro movimiento brusco. […] El twist ya lo hemos bailado. […] Y así vamos... dos pasos adelante y uno hacia atrás. La tendencia es absolutamente positiva”. Qué decir, diplomático y con sentido del humor.

Lavrov nunca va a contradecir la política oficial de Rusia. “Por muy admirable que sea el ministro Lavrov, no deja de ser un ministro, es decir, una persona que se expresa en la línea general del gobierno; y esta línea no es posible sin la aprobación del jefe del Estado. Lavrov es un hombre de equipo, representa el enfoque general”, aclara en una conversación conmigo el investigador invitado del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, Serguéi Markedónov.

“Rusia se sostiene sobre lo que queda del sistema Yalta-Potsdam de relaciones internacionales y apoya exactamente esta vertiente del derecho internacional porque, como sucesora de la URSS, ha heredado ese sistema. Rusia percibe la soberanía nacional como la base de este derecho y sus intereses comienzan por evitar que se efectúen intervenciones unilaterales sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, donde Moscú tiene derecho a veto. Y Lavrov persigue esta línea política de una manera consecuente y rigurosa”, señala el experto. En su opinión, independientemente de las relaciones que mantengan con Rusia unos u otros círculos, en la arena internacional a Lavrov se le considera un profesional.