Rusia lucha por integrar a Ucrania en la Unión Aduanera

Encuentro entre los ministros de Asuntos Exteriores de Rusia y Ucrania. Fuente: ITAR-TASS

Encuentro entre los ministros de Asuntos Exteriores de Rusia y Ucrania. Fuente: ITAR-TASS

La firma de un acuerdo de asociación con la UE el próximo mes de noviembre dificultaría los planes rusos de integrar a Kiev en sus iniciativas de cooperación en el espacio postsoviético.

Pocas frases resumen mejor la especial relación entre Rusia y Ucrania que el viejo proverbio ruso de “Petersburgo es la cabeza, Moscú el corazón, y Kiev el alma de Rusia”. Con él se hace referencia al mismo nacimiento de Rusia como nación, producido al fundarse el Rus de Kiev a finales del siglo IX.

Esos vínculos fueron destacados por el presidente Putin el pasado 28 de junio, con motivo de la celebración en Kiev del 1025 aniversario del Bautismo de Rusia, cuando afirmó que ucranianos y rusos, en tanto que herederos de los mismos valores, son “un solo pueblo”, para añadir que la economía de Ucrania solo puede ser competitiva si se incorpora a la Unión Aduanera de Bielorrusia, Kazajistán y la propia Rusia.

Sin embargo, el presidente ucraniano Yanukovich, en su discurso del 24 de agosto conmemorativo del aniversario de la declaración ucraniana de independencia, no dudo en reafirmar que “La asociación con la Unión Europea contribuirá a que Ucrania se constituya como un Estado moderno europeo”, aunque recalcando que las buenas relaciones con Rusia también son vitales.

Y es que la posible firma de este acuerdo de asociación con la UE durante la cumbre de la Asociación Oriental, a finales de noviembre en Vilnius, ha encendido todas las alarmas en Moscú, ya que el Tratado de Libre Comercio en él incluido cerraría las puertas a la entrada de Ucrania en la futura Unión Euroasiática, principal intento integrador del Kremlin en el espacio postsoviético que reemplazará a la Unión Aduanera en 2015.

Ucrania: un país dividido

Aunque el ministro de exteriores ucraniano Kozhara se esfuerza en reiterar que Kiev busca cooperar con todos, la realidad es que tanto Bruselas como Moscú han dejado claro que la Asociación con la UE y la plena participación en la Unión Aduanera son mutuamente excluyentes. A pesar de ello, Ucrania intentó rebajar la presión rusa adquiriendo el pasado mes de junio un estatus de observador (con voz pero sin voto) en esta última organización.

Esto no representa una sorpresa, ya que desde el comienzo del mandato de Yanukovich en 2010 se dejó claro que la integración europea era el objetivo prioritario de su política exterior. Se produce así la paradoja de que un mandatario considerado pro ruso ha situado a Ucrania mucho más cerca de la UE que los líderes de la ‘revolución naranja’, y si no se ha firmado ya el acuerdo de asociación ha sido por la presunta deriva autoritaria de la política interior de su gobierno.  

La realidad es que el proyecto europeo es lo único que puede unir a una sociedad profundamente dividida. El ex presidente Yuschenko prometió una rápida integración en la UE como miembro de pleno derecho (algo que tardará décadas en producirse), a la vez que abogaba por una entrada en la OTAN rechazada por la mayoría de la población (incluso en las zonas occidentales). El fracaso en ambos objetivos fue clave en su estrepitosa derrota en las elecciones presidenciales de 2010.

Si Yanukovich hubiese propuesto la entrada de Ucrania en el equivalente oriental de la OTAN, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, la polarización se hubiese reproducido. Sin embargo, y tras extender en abril de 2010 la cesión a Rusia de la base de Sebastopol hasta 2042, estableció por ley la neutralidad de Ucrania y su permanencia ajena a cualquier bloque, en el convencimiento de que para Moscú sería mucho más llevadera una integración económica con Occidente que una militar.

La visión rusa de Ucrania

La cuestión es que para gran parte de los rusos, incluidos muchos de sus dirigentes, la misma existencia de Ucrania como Estado independiente es una aberración histórica, y la siguen llamando ‘la pequeña Rusia’. De ahí sus continuas apelaciones a la herencia común, con una retórica de fraternidad a la que se unen las referencias a los beneficios económicos que supondría para Kiev la integración en la Unión Aduanera.

De hecho, el nivel de intercambios comerciales de Ucrania con Rusia sigue representando más de un 25% del total (según datos del World Factbook de la CIA), y amplios sectores de la industria pesada del este del país dependen por completo del mercado ruso para la venta de sus productos. A ello se suma la dependencia energética: aunque no se han reproducido los cortes totales de 2006 y 2009, las tensiones crecen por los intentos de Kiev de rebajar el precio del gas ruso, algo a lo que Moscú sólo accedería si Ucrania renuncia a su acercamiento a la UE.

El problema es que conforme se acerca la cumbre de Vilnius el nerviosismo del Kremlin se acrecienta, lo que puede llevar a Rusia a adoptar medidas punitivas contra Ucrania. Sin embargo, una mayor presión sólo reforzaría los propósitos ucranianos de asociación con la UE, y serviría para vencer las reticencias de diversas capitales europeas sobre la firma del acuerdo de asociación, motivadas por la situación penal de la líder opositora Timoshenko. 

Conclusiones

Así las cosas, la posición más adecuada para Rusia sería el no poner más trabas a las intenciones de Ucrania. Si en noviembre es la UE la que rechaza la firma del acuerdo, el principal objetivo de la política exterior de Kiev se verá frustrado, y no le quedará otro remedio que la plena integración en la futura Unión Euroasiática.

Por el contrario, si Kiev consigue suscribir el acuerdo, por doloroso que sea para Rusia las diferencias desde el punto de vista práctico no deberían ser muchas, ya que la asunción por Ucrania del acquis comunitario la convertiría en un vecino mucho más previsible, y el Kremlin está más que acostumbrado a negociar en términos bruselenses.

Como reflexión final, lo ideal sería que el modelo de la UE y el desarrollo de la Unión Euroasiática se armonizasen en todo lo posible, de modo que a largo plazo fuese incluso viable constituir una gran unión del atlántico al pacífico, objetivo declarado del propio Vladímir Putin.

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