Evolución del salafismo en Daguestán

Dibujado por Niyaz Karimç

Dibujado por Niyaz Karimç

El salafismo en el Cáucaso Norte ha sufrido cambios considerables desde principios del año 2000. En la actualidad los partidarios de esta rama del islam son más jóvenes que hace diez años, tienen mayor formación y muchos de ellos están en una complicada situación socioeconómica.

A finales de los años 90 estaba representado principalmente por pequeñas comunidades (dzhamaat) que no podían cambiar la situación general en la región. El nivel de conocimientos religiosos de los seguidores de esta doctrina era muy bajo y, además de eso, los salafistas ponían énfasis sobre todo en los métodos radicales de la lucha, manifestándose contra el islam tradicional. Ahora las ideas del “islam puro” cada vez encuentran más adeptos entre los jóvenes instruidos, muchos de los cuales estudiaron en países árabes. 

Según datos de la Dirección Espiritual de Musulmanes de Daguestán, durante los últimos años más de 1.500 personas de la república se fueron al extranjero para estudiar el islam. Esta cifra solo incluye a los que lo hicieron de forma oficial. Los jóvenes del Cáucaso Norte estudian en Egipto, Arabia Saudí, Qatar, Pakistán y Malasia. Antes del inicio de las operaciones militares en Siria en este país estudiaban unos 150 chechenos. Entre veinte y treinta estudiantes lo hacen en Arabia Saudí. Una cantidad significativa de karachais, cherkeses  e ingushos también completan su formación religiosa fuera de Rusia e incluso los musulmanes de Osetia del Norte han dejado de ser una rareza en las escuelas religiosas del Próximo Oriente. 

Por supuesto, no hay que considerar a todos aquellos que estudian en el extranjero como potenciales partidarios de la yihad. Además, los que han estudiado en Siria, Turquía y Malasia a menudo siguen la rama más moderada. En cambio, los que han ido a Egipto y Arabia Saudí generalmente son menos tolerantes con los valores del islam tradicional. 

En el pasado los chechenos y los daguestaníes fueron los principales ideólogos de las agrupaciones extremistas. Este papel actualmente queda repartido de manera más uniforme entre otras nacionalidades de la región. Concretamente, el comandante de campo Anzor Astemírov, eliminado en marzo del año 2010, era kabardino. Said Buriatski, también eliminado ese mismo año, era ruso de Siberia. 

La edad de los miembros de las organizaciones radicales islamistas ha bajado un poco. La nueva generación de yihadistas está representada por jóvenes de 20-25 años, mientras que en los años 90 su edad era de 30-35 años. 

Las autoridades locales califican a los actuales insurgentes armados de “niños, empujados al error, contagiados de una ideología ajena”. Además, muchos jóvenes tienen una actitud muy negativa hacia el gobierno de Moscú por su incompetencia a la hora de solucionar los problemas de la región y debido a la corrupción. En este contexto no es sorprendente que durante una encuesta que se realizó entre los escolares en Daguestán el año 2011, un 12% expresara su apoyo a los insurgentes armados. 

La composición social de los movimientos clandestinos armados ha cambiado. Actualmente ya no se trata de habitantes del campo que conocen poco la ideología del “islam puro”. Cada vez hay más jóvenes con educación superior, procedentes de las ciudades, que se alistan a las filas de la insurgencia armada. Esto explica por qué los atentados terroristas han pasado a ser más frecuentes precisamente en las ciudades. 

La complicada situación socioeconómica, el bajo nivel de vida, el desempleo masivo y la corrupción, en el contexto del elevado porcentaje de jóvenes entre la población de la región, son elementos que contribuyen al carácter explosivo de la actual situación en el Cáucaso. 

Los jóvenes, al no ver perspectivas para encontrar trabajo y realizarse, pierden interés hacia los estudios, sienten odio hacia las autoridades. En su intento de vengar a la sociedad, en la que no pueden encontrar un sitio digno para ellos, los jóvenes rechazan la moral y las normas que rigen la sociedad, y pasan a engrosar las filas de los grupos criminales. 

La institución tradicional de la familia se está debilitando progresivamente incluso en el Cáucaso Norte. También crece el nivel de toma de conciencia de la sociedad y la juventud musulmana, en comparación con la generación de sus padres, por norma general goza de unos conocimientos más amplios. La realidad les hace plantearse unas preguntas a las que los tradicionales imanes de las mezquitas no pueden contestar. Como resultado, los jóvenes se decantan por los intelectuales islámicos de su entorno, que en la vida cotidiana se han encontrado con los mismos problemas que afrontan ellos. El clero islámico, según ellos, está demasiado dedicado a servir a los intereses del poder político, lo que provoca una fuerte caída de la autoridad de los muftíes en el Cáucaso. 

Las acciones militares en el Cáucaso Norte no han puesto fin al islamismo radical. La actividad de la insurgencia armada durante los últimos años ha crecido considerablemente. Esto obligó a las autoridades locales a reexaminar la idea de crear un “nicho legal” para la actividad de los salafistas. Concretamente, a partir del año 2010 en la región se discute la posibilidad de derogar “La ley sobre la prohibición del wahabismo”. 

Con este objetivo en Daguestán se creó una comisión especial para la colaboración y rehabilitación de los insurgentes armados liderada por Abbas Kebédov, hermano del líder salafista de finales de los años 90, uno de los impulsores de la invasión de Daguestán desde Chechenia por parte de grupos islamistas radicales armados. El mismo Kebédov en el año 2005 fue condenado a un año de cárcel por posesión ilegal de armas. Después apeló la decisión del tribunal. 

La creación del movimiento legal salafista, conocido como “Akhl as-Sunna va-al-Dzhamaa” (Gente de la sunna y de la comunidad) significó que las autoridades de Daguestán por primera vez intentaron solucionar el problema del islamismo radical por medio de la vía política, intentando aislar a los yihadistas por medio de la creación de una “flanco legal”. 

Se trató de un proyecto completamente nuevo no solo para el Cáucaso Norte sino para Rusia en general que permitió a los jóvenes entender claramente que profesar el salafismo no tiene por qué significar secundar el movimiento extremista en los bosques.  

Los observadores, entre otros de International Crisis Group, constataron que durante un tiempo el diálogo con los líderes religiosos salafistas dio sus resultados porque en las mezquitas donde estaban presentes podían ejercer cierta influencia y entre los jóvenes se registró un descenso de los que se fueron al bosque a secundar las filas de los terroristas. 

El líder actual de “Akhl as Sunna”, el joven investigador y teólogo Kamil Sultanakhmed, está ganándose rápidamente la autoridad entre los salafistas. Goza de un gran respeto entre la juventud de Daguestán, en general gracias a su crítica de las prácticas sufís, tradicionalmente extendidas en el Cáucaso Norte, y también por sus explicaciones sobre las ideas del islamismo moderado. 

De todas formas, en los últimos meses se constata un retroceso en el diálogo entre las diferentes partes implicadas en el conflicto, el movimiento “Akhl as-Sunna” ya no es tan compacto ni goza de tanta influencia y se ha registrado un incremento de la violencia para reprimir a la insurgencia.  

Dmitri Nechitailo es investigador sénior del Instituto de estudios orientales de la Academia de Ciencias de Rusia.

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