Las autoridades de Daguestán proponen una amnistía para los insurgentes armados

Ramazán Abdulatípov, el presidente en funciones de Daguestán. Fuente: PhotoXpress

Ramazán Abdulatípov, el presidente en funciones de Daguestán. Fuente: PhotoXpress

El presidente Ramazán Abdulatípov declara que hay que “aprender a perdonarse unos a otros”. No es la primera vez que se proponen este tipo de planes para personas que han renunciado a la lucha armada y que carecen de delitos de sangre. La propuesta no ha estado exenta de críticas por parte de algunos expertos.

El presidente en funciones de Daguestán, Ramazán Abdulatípov, anunció en un programa de televisión que las autoridades de la república están estudiando la posibilidad de declarar una amnistía para los insurgentes armados que estén dispuestos a renunciar al terrorismo y regresar a la vida pacífica. 

El anuncio fue una reacción a la carta abierta de la periodista Marina Ajmédova, publicada en prensa la semana pasada. En la misiva había  una petición para que se anuncie la amnistía a los miembros de la clandestinidad criminal que han decidido regresar a la vida pacífica. 

Daguestán tiene una extensión de 50.000 km² (aproximadamente el tamaño de Aragón) y una población de más de dos millones de habitantes. Es una región en la que predomina el islam y hay una gran riqueza cultural y lingüística: hay decenas de etnias y trece lenguas oficiales. La mayor etnia es la avara (29,4%). La capital es Majachkalá, donde viven medio millón de personas.

La corresponsal de la revista Russkii Reporter, Marina Ajmédova, escribió: “En la realidad de la región en la que usted se encuentra ahora, efectivamente es más fácil aniquilar de forma intransigente a los disconformes. Sin embargo, la misericordia es el principal signo de fuerza. Y, como la propia fuerza, la misericordia debe ser demostrada”. 

Ramazán Abdulatípov declaró en un programa del Primer Canal de la televisión rusa que había leído la carta y estaba dispuesto a tomar medidas. “Llamé y dije: preparen una propuesta competente. Tenemos que aprender a perdonarnos unos a otros”, destacó. 

El tema de la amnistía para los miembros de la clandestinidad ya se empezó a discutir durante el mandato del anterior presidente de Daguestán. En el 2010 en la república se creó una comisión para contribuir a la adaptación de los antiguos insurgentes. Sin embargo, no llegó a poclamarse la amnistía. Por su parte, el director del Centro de Investigaciones Islámicas del Cáucaso Norte, Ruslán Gueréyev, cree que ahora se dan todas las condiciones para proclamarla. 

En 2011, como resultado de la violencia armada, 413 personas murieron y 411 resultaron heridas en esta República.  Y pese a que el pasado año el número de víctimas disminuyera casi en un 15%, la república todavía sigue ostentando el dudoso honor de ser una de las regiones más peligrosas de la Federación Rusa.

“Se trata de la amnistía para aquellas personas que suministraban productos y medicamentos, desempeñaban algún tipo de actividad de reclutamiento y que no tienen las manos manchadas de sangre. Creo que nuestra sociedad está preparada para ello y que la actual situación política en Daguestán permite empezar a realizar un trabajo ideológico normal en esta dirección. En cuanto al terrorismo en sí, se trata de una prerrogativa más del centro federal; las entidades regionales no tienen las competencias necesarias. El porcentaje de jóvenes radicales es alto, pero el de los que directamente están armados es sólo de un 3-4%”, explica. 

Yana Amelina, jefa de la sección de investigaciones caucásicas del Instituto Ruso de Investigaciones Estratégicas, está convencida de que no es aceptable ningún tipo de indulgencia en relación a los cómplices de la insurgencia armada. “Los guerrilleros no podrían existir si no contasen con un amplio grupo de apoyo entre la población civil. La gente tiene que saber y entender bien que si permiten que algún criminal entre en su casa serán castigados por cómplices. Resulta evidente que es posible dominar a cualquier tipo de criminal endureciendo su destino y no haciéndoselo más fácil, por tanto hay que apretar las tuercas y no aflojarlas. Hay que reforzar la lucha ideológica, religiosa y política y no permitir que se engrosen las filas de la clandestinidad con gente nueva. Pero aquel que ya tomó su elección, tiene que ser responsable de ella. No estamos hablando de menores de edad de 10-14 años, estamos hablando de gente adulta”, destacó Amelina. 

En la vecina Chechenia, se concedió una amnistía para los miembros de la clandestinidad armada. 

Artículo basado en materiales de Kommersant. 

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