Opositores rusos se debaten entre la emigración o quedarse en el país

Serguéi Guríev (izquierda) y Garri Kaspárov (derecha). Fuente: Reuters, ITAR-TASS

Serguéi Guríev (izquierda) y Garri Kaspárov (derecha). Fuente: Reuters, ITAR-TASS

En una semana dos destacados miembros de la clase intelectual rusa que habían mostrado opiniones abiertamente contrarias al gobierno han anunciado su emigración política.

A principios de junio el campeón del mundo de ajedrez y miembro de la oposición Garri Kaspárov declaraba en una rueda de prensa en Ginebra que no planea volver a Rusia. Una semana antes se hacía público que Serguéi Guríev, uno de los principales economistas del país, había tomado la misma decisión. Al comentar las razones de su salida del país, Kaspárov y Guríev daban a entender que temen seriamente una persecución política en Rusia.

Según estimaciones de Iliá Yashin, uno de los líderes del movimiento opositor Solidarnost, alrededor de 50 activistas políticos han abandonado Rusia el último año por temor a ser detenidos. La salida del país de Guríev es el primer ejemplo de emigración de un miembro de la élite que se mostraba crítico con el poder al mismo tiempo que colaboraba con él.

Hace un año Iliá Yashin, al ser llamado a un interrogatorio tras llevarse a cabo un registro en su casa, se llegó a debatir entre salir del país o quedarse. “Un día antes del interrogatorio, una periodista de una agencia estatal de información me llamó y me dijo que había visto un comunicado de prensa informando de mi arresto con fecha del día siguiente, - comenta Yashin. – Pasé una noche difícil pensando lo que tenía que hacer, pero tomé una decisión: no pienso huir ni esconderme de nadie”.

Esta misma decisión la tomó Alexéi Navalni, un activista que goza de una gran popularidad al que muchos consideran el rival potencial más fuerte de Vladímir Putin. Antes de abrir contra él cinco causas penales y registrar su casa y las casas de sus familiares en varias ocasiones, las autoridades le dieron a entender que su presencia en el país no era deseable.

Las autoridades rusas retiraron a Navalni el pasaporte en junio del año pasado por riesgo de fuga como imputado por un caso de malversación de fondos que muchos consideran motivado políticamente. Por ejemplo, según el antiguo ministro de finanzas Alexéi Kudrin, “la acusación entra en conflicto las bases de las relaciones de mercado en Rusia”.

Huir o quedarse, la decisión corresponde a cada uno. “Los que huyen son desertores: serán malos ciudadanos allá donde vivan. Sólo por esto ya han perdido su principal guerra interna”, declaraba en directo a emisora de radio Eco de Moscú Valeria Novodvórskaya, miembro de un movimiento de disidentes que en los años 70 y 80 fue detenida en repetidas ocasiones por propaganda antisoviética y a la que llegaron a negar un tratamiento médico necesario.

Cualquier activista civil deberá tratar de evitar por todos los medios entrar en prisión: el sistema penitenciario ruso está pensado para humillar a las personas, quebrar su carácter y su voluntad, de modo que nadie en su sano juicio debería entregarse voluntariamente a esta experiencia”, opina el periodista y editor Serguéi Parjómenko, quien, como Iliá Yashin y Alexéi Navalni, forma parte del Consejo de Coordinación de la Oposición Rusa.

Gracias a la tecnología, desde el exilio es perfectamente posible continuar la comunicación con tus compañeros, aunque en el extranjero se pierde nitidez, claridad y eficiencia en la comprensión de lo que sucede en el país, reconoce Parjómenko.  

El exilio y el cálculo político

En general, la tendencia a ejercer presión sobre los activistas civiles con puntos de vista propios sobre lo que sucede en Rusia existe desde hace muchos años, asegura el opositor.

En la actualidad este tipo de presión ha llegado a un punto en el que las personas que hasta ahora gozaban de suficiente protección se han convencido de que su protección no está asegurada de ninguna manera”, comenta Parjómenko.

 La socióloga Olga Kryshtanóvskaya, que en 2009 ingresó en Rusia Unida, partido en el poder, muestra otra opinión al respecto.

En estos momentos no hay la necesidad que había en la época soviética de emigrar escandalosamente y para siempre, ahora puedes vivir donde quieras”, comenta Kryshtanóvskaya. En su opinión, las declaraciones de Kaspárov sobre emigración “no son más que propaganda: Kaspárov pasa la mayor parte del tiempo viajando”.

Al Kremlin le interesaría mantener a gente como Kaspárov en Rusia y demostrar que aquí no cuentan con un apoyo significativo, - asegura Nikolái Petrov, profesor del departamento de politología comparada de la Escuela Superior de Economía. – Al provocar que salgan del país el gobierno los convierte en exiliados políticos, concediéndoles de esta manera valor político”.

A la pregunta sobre la amenaza de acusaciones contra Guríev durante una conferencia de prensa el 4 de junio, Vladímir Putin respondía que no había oído hablar de él hasta hacía poco. No obstante, Guríev, que antes de su salida al extranjero dirigía una de las principales escuelas de economía del país, la Escuela Rusa de Economía, figura entre los primeros cien nombres de la lista presidencial de las élites del gobierno.

Putin añadía que si Guríev “no ha hecho nada malo no tiene nada que temer. Si quiere volver, que vuelva; si quiere vivir en París, es un hombre libre, que viva en París”,  declaraba el presidente ruso.

El hecho de que le hayan echado aparentemente del país y Putin muestre que tampoco es muy necesario aquí es una señal muy negativa para un número considerable de expertos que viven en Rusia, - señala Nikolái Petrov. – Aunque esta señal no llega a los electores de Putin. ¿Quién es ese tal Guríev? Nadie lo conoce”.

Según Olga Kryshtanóvskaya, “Putin quiere subrayar que esto no es ningún drama, que no existe ninguna persecución especial, que esta persona no es ningún elemento clave, en el sentido político, como para que el Estado comience a perseguirlo”.