Cómo usan los políticos rusos las redes sociales

Fuente: Kommersant

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Cada vez es más frecuente la presencia de políticos en las redes sociales. De hecho, se ha convertido en una moda generalizada. Sin embargo, a veces, se han producido sonados escándalos en esta forma de comunicación tan avanzada con los electores.

Ramzán Kadírov, jefe de Chechenia, tiene un perfil en la red social Instagram que, según su gabinete de prensa, es el más visitado de los políticos en primera línea. Y hace poco pasó algo increíble. Kadírov creó un nuevo ministerio para la cooperación con la sociedad civil en Chechenia y nombró como responsable de la cartera a Arbi Tamaiev, un seguidor suyo en Instagram.

Alexéi Goreslavski, presidente  de la agencia de comunicación Agency One, considera que la campaña de Kadírov en Instagram es una de los más acertadas por parte de un político. “Kadírov ha encontrado una mezcla única de autenticidad e interactividad (en Instagram se puede comentar una fotografía, pero es imposible establecer un debate). El nombramiento como ministro del activo follower por parte de Kadírov es una forma de populismo moderno, un intento de obtener personal nuevo y hacer de ello un espectáculo popular cualitativo”.

Hasta 2008, los políticos rusos que utilizaban las redes sociales se podían contar con los dedos de una mano. Luego, a la blogosfera rusa llegó la revolución comunicativa encarnada por Dmitri Medvédev, amante de internet, elegido Presidente de Rusia en 2008. Animaba incansablemente a los políticos a que abrieran blogs y perfiles en las redes sociales. Pero la apoteosis se produjo cuando Medvédev visitó la sede principal de la compañía Twitter en San Francisco durante su visita a los Estados Unidos de 2010. Directamente allí inauguró una cuenta y lanzó al aire esta nota en esa red social: “¡Hola a todos! ¡Ya estoy en Twitter y este es mi primer mensaje!”.

Inmediatamente después se desató un entusiasmo generalizado por parte de los políticos hacia las redes sociales. Sus blogs y microblogs se dividen en dos categorías. En la primera encontramos los oficiales, que manejan los gabinetes de prensa y, en la segunda, los personales.

Si en la primera categoría no ha habido sorpresas, en la segunda sí que se han producido estrepitosas meteduras de pata. En octubre de 2010, Dmitri Zelenin, entonces gobernador de la región de Tver (a unos 200 kilómetros de Moscú), en una recepción en el Kremlin encontró supuestamente un gusano en su plato de ensalada y colgó de inmediato la fotografía en Twitter. En la misma red social se creó inmediatamente una cuenta del gusano que predijo la destitución de Zelenin y declaró que el próximo gobernador de la región  de Tver sería... un gusano. Sin embargo, se equivocó. Cuando ocho meses después, Zelenin presentó su dimisión, no designaron a un gusano para ocupar su puesto sino a un ser humano.

En febrero de 2012, con ayuda de Twitter, también alcanzó notoriedad otro gobernador, el jefe de la región de Krasnodar, Alexander Tkachev. Esta zona, a 1.400 kilómetros de Moscú, es conocida por sus balnearios a orillas del Mar Negro. Un residente local se quejó al gobernador de su bajo salario de 15.000 rublos (500 dólares), a lo que el gobernador respondió aconsejándole que cambiara de trabajo.

Los usuarios empezaron a recordar una anécdota similar y se la hicieron saber. Hace más de 200 años, en vísperas de la Revolución Francesa, cuando la reina María Antonieta fue informada de que los campesinos que se sublevaban no tenían pan respondió: “Que coman pasteles”.

¿Es que los políticos se ponen seriamente en riesgo al comunicarse directamente con los ciudadanos en las redes sociales? Hace poco, uno de los periódicos rusos de mayor tirada, Moskovski Komsomólets, se permitió hacer unas duras observaciones con respecto a algunas diputadas de la Duma Estatal, utilizando un término inventado ya por Lenin: “prostitutas políticas”.

 Andréi Isáyev, diputado de la Duma Estatal del partido Rusia Unida¸ que compone la mayoría parlamentaria, escribió inmediatamente en Twitter: “Criaturitas miserables, tranquilos, nos resultáis indiferentes. Y cierto redactor y un autor responderán brutalmente”. En sus comentarios, los lectores empezaron a hacer conjeturas respecto a quién estaba amenazando Isáyev. Estalló un escándalo mayúsculo.

El editor de la edición digital de Chastni korrespondent, Iván Zasurski, considera que, al ser usuarios de las redes sociales, se exponen literalmente a todo: “Todos cometen errores, la pregunta es hasta qué punto en ellos se lee la rabia y la estupidez de la gente, sus visiones de mundo; si no escribes con emociones negativas y no mientes a nadie, es difícil tener un tropiezo grave”.