Conversando con liberales rusos

¿Qué piensan de Rusia y de la democracia occidental los opositores a Vladímir Putin? Fuente: RIA Nóvosti / Iliá Pitalev

¿Qué piensan de Rusia y de la democracia occidental los opositores a Vladímir Putin? Fuente: RIA Nóvosti / Iliá Pitalev

Un periodista indio conversa con ciudadanos rusos acerca de las razones por las que se oponen a Vladímir Putin.

Antón (nombre ficticio) es un excelente programador de software de 30 y tantos que parece tenerlo todo. Tiene un buen puesto de trabajo en Moscú, que le permite recorrer el mundo en viajes de negocios, un apartamento digno (no muy apartado del centro de la ciudad) y una ajetreada vida social. “Es estupendo poder hacer todo aquello con lo que mis padres solo podían soñar a mi edad”, afirma. Pero a continuación añade en un tono filosófico: “no solo de pan vive el hombre”.

Este programador de software fue uno de los manifestantes en las protestas acontecidas en Moscú el año pasado,  en las que muchos afirmaban que las elecciones a la Duma del Estado (el parlamento ruso) habían sido amañadas.

Antón también tiene ideas firmes sobre la prohibición de adopciones de niños rusos por parte de ciudadanos estadounidenses.   “Vivimos en una 'putinocracia', asevera mientras denuncia la cantidad de poder que ostenta el presidente ruso. Le replico que si acaso preferiría vivir en una 'yeltsinocracia' o incluso (para acabar de maltratar la lengua) en una 'gorbachevocracia'. Mi amigo se ríe y me sugiere lo fácil que me resultaría obtener la ciudadanía rusa si lo quisiera. 

Nosotros somos en esencia europeos;  nuestra cultura está más cerca del oeste que del este y no tenemos que avergonzarnos de ello”. Le gustaría ser testigo de una Rusia “moderna y democrática, con unas elecciones libres y justas”. Cuando le recordé que no existía la más remota posibilidad de que las elecciones presidenciales rusas del año pasado hubieran sido manipuladas, me contestó con desagrado que debería dejar de comparar las elecciones en Rusia con las elecciones en la India. 

“Los canales de televisión están controlados por el Estado, así que la gente de los pequeños pueblos se limita a ver las noticias y luego votan a favor el régimen”, protestó. 

Mis respuestas atrajeron la atención de Antón. Le dije que mucha gente sostiene en la India que los canales de noticias en inglés están patrocinados por el partido gobernante y que, en estos canales, se demuestra una clara inclinación hacia la “Primera familia” de la India que alcanza niveles inaceptables. 

Aún así, insiste en destacar la firmeza de la mayor democracia del mundo. Le sugiero con ironía que la coalición del gobierno en la India estaría encantada de concederle la ciudadanía si él la quisiera.

Antón no es el único que piensa así. Al contrario de lo que mantiene la opinión generalizada, no son solo los moscovitas quienes discrepan de la disposición política actual.

Tatiana, una intelectual de la zona más oriental del país, bromea sobre la falta de libertad de expresión  imperante en Rusia. “Estuve de visita en la India a principios de los 80 y me impresionó ver que la gente podía manifestar las peores opiniones sobre Indira Gandhi en las calles de Delhi y no preocuparse por ello”, cuenta. “Deberías estar agradecido al Partido del Congreso de Nehru”, me reprende, y añade que gracias a ellos puedo disfrutar de la libertad de expresión. Le conté la historia de las 2 chicas arrestadas en noviembre cerca de Bombay a causa de una inofensiva entrada publicada en Facebook en la que se criticaba la paralización de la ciudad tras la muerte del líder político de un partido de la derecha. 

Esto ha ocurrido en un estado parlamentario liberal, a pesar de que el dirigente fallecido lideraba un partido de derechas enfrentado al congreso y a sus políticas. El mensaje subyacente que se envía a los jóvenes de la India parece ser que deberían tener cuidado antes de enfrentarse a la clase política.

Un escándalo público obligó a retirar los cargos contra esas chicas, pero el partido del líder fallecido sigue acosando a los universitarios y el arresto ha obligado a muchos jóvenes a extremar la prudencia a la hora de publicar opiniones en las redes sociales. Le dije a Tatiana que la buena imagen de la India facilita este tipo de situaciones. Si esos arrestos se produjeran en Rusia, los líderes de occidente no habrían tardado en condenar este despropósito. 

A otro de mis amigos moscovitas le desagrada especialmente la subida al poder en Rusia de candidatos elegidos a dedo. Según este hombre de 40 años, también admirador de la democracia india, personas sin experiencia en política ni en los servicios públicos, surgidos de la nada, son colocados directamente en el Kremlin. 

Cubre a la India de elogios al asegurar que se trata de una verdadera democracia en la que este tipo de cosas no pasan. Esta declaración resultaba irónica mientras paseábamos por un barrio de Bombay, donde vi una pancarta política gigante en la que se felicitaba a Rahul Gandhi por su elección como vicepresidente del Partido del Congreso. Rusia dejó de tener zares en 1918, mientras que la mayor democracia del mundo que tanto admira mi amigo está a la espera de los resultados de un príncipe en las próximas elecciones nacionales en 2014. 

Casi todas las democracias del mundo tienen defectos, algunos peores que otros. Todo lo que puedo decirles a mis amigos liberales de Rusia es que gusta lo ajeno más por ajeno que por bueno.