Escritora de San Petersburgo recorre 4.000 km para salvar un oso

Anna Arbátskaya con el oso Adyg.

Anna Arbátskaya con el oso Adyg.

Stanislav Shájov
Para salvar a un osezno del maltrato en la ciudad siberiana de Kyzyl, una joven recorrió con él 4.000 km hasta un refugio en el sur de los Urales.

El osezno, que tenía solo un mes, fue confiscado el 24 de abril en la ciudad siberiana de Kyzyl, capital de la república de Tuvá (a 4.600 km al este de Moscú) a una mujer que se paseaba con él en brazos.

La antigua dueña del osezno no fue capaz de dar una explicación del origen del animal: primero decía que se lo habían regalado unos amigos, después que un taxista lo había dejado abandonado en la carretera, y por último que lo había encontrado en el bosque. Según otra versión, la mujer podría estar relacionada con cazadores furtivos que habían matado a los padres y planeaban vender el osezno a un circo o un zoológico. En Kyzyl no hay refugios para osos, por lo que el Servicio Estatal de Control de los Recursos Naturales local lanzó una petición de acogida temporal del osezno a través de las redes sociales.

Fuente: Stanislav ShájovFuente: Stanislav Shájov

La escritora y defensora de los derechos de los animales Anna Arbátskaya nació en Kyzyl, pero lleva un tiempo viviendo en San Petersburgo. A finales de abril voló a su ciudad natal con su hija pequeña para recoger sus últimas pertenencias y su automóvil. Anna ayudó a mantener durante muchos años una comunidad protectora de animales, por los que al leer el anuncio sobre el osezno decidió echar una mano. Sobre todo porque en la ciudad no se ofreció nadie más.

“En pocos días el pequeño oso me dejó el apartamento patas arriba [en Kyzyl]. Ahora tendré que cambiar los muebles y hacer algunas reparaciones. Lo llamé Adyg, que en lengua tuvana significa ‘oso”, cuenta ella.

La búsqueda de un nuevo hogar para el oso

Mientras tanto, se pusieron a buscar un nuevo hogar para el osezno. El problema es que en Rusia solo existe un centro de rehabilitación para osos y este se encuentra en el otro extremo del país, cerca de Moscú.

Justo en aquel momento en Bashkiria, cerca de los Urales, los trabajadores del parque nacional Bashkortostán buscaban precisamente un osezno. Ya tenían uno que había salido solo del bosque y había comenzado a caminar por la carretera hacia la ciudad. Para su rehabilitación necesitaban urgentemente un segundo oso, ya que estos animales aprenden más rápidamente en compañía. En un par de días, los defensores de los animales de Tuvá y Bashkiria se encontraron y acordaron que el oso sería trasladado al parque nacional.

Fuente: Stanislav Shájov
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Anna pidió acompañar personalmente a Adyg. Se preparó a conciencia para el viaje: los amigos de Anna le ayudaron a construir una amplia jaula de madera y a comprar una caja llena de alimentos infantiles para el oso con papilla de avena y de trigo sarraceno. Al animal le pusieron todas las vacunas necesarias y le tramitaron todos los documentos por si la policía decidía registrar su coche.

“Recorrimos unos 1.000 km al día. Cada tres horas parábamos para dar de comer a Adyg. Casi todo el camino fui acompañada de unos amigos conductores de camión que iban en la misma dirección. Me iban mostrando el camino, me ayudaban a reparar la jaula y dormíamos en sus camiones”, cuenta Anna.

El primer contacto con su amigo

Anna llegó al parque nacional cuando ya estaba completamente oscuro. Aquel día había recorrido casi 1.500 km y estaba extenuada. Para los oseznos ya había preparada una casita. El primer contacto estuvo lleno de gritos, fue un momento muy estresante para ambos.

Fuente: Anna ArbátskayaFuente: Anna Arbátskaya

Según cuenta el director del parque nacional, Vladímir Kuznetsov, durante los próximos seis meses ambos oseznos pasarán por un proceso de rehabilitación en el que aprenderán a vivir en condiciones salvajes y a buscarse el alimento por sí mismos.

“Para que los animales no se acostumbren al ser humano, solo dos o tres personas podrán acercarse a ellos llevando siempre la misma ropa y la cara tapada. Tampoco se recomienda hablar con ellos, ya que los oseznos podrían acostumbrarse y dejar de temer el habla humana, algo que les perjudicaría en un entorno salvaje. Si todo va bien, en agosto o septiembre podremos soltarlos para que vivan en libertad en nuestro parque”, comenta Kuznetsov.

Fuente: Anna ArbátskayaFuente: Anna Arbátskaya

Anna cuenta que los oseznos pasaron juntos la primera noche tranquilamente y que a la mañana siguiente ya no gritaban ni se peleaban, sino que jugaban pacíficamente. Aquello significaba que lo peor había quedado atrás.