Luces y sombras de lucha antiterrorista en el Cáucaso Norte

Muchos están luchando en Siria e Irak y hay un férreo control de las autoridades.

Muchos están luchando en Siria e Irak y hay un férreo control de las autoridades.

Valery Matytsin / TASS
Las autoridades han conseguido frenar el número de atentados en esta región sacudida por el terrorismo durante años. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos critican algunas medidas.

Si echamos un vistazo a las estadísticas, las fuerzas del orden del Cáucaso Norte han cosechado grandes éxitos en la lucha contra el terrorismo. En 2015 consiguieron acabar con la organización del Emirato del Cáucaso [una filial local de Al-Qaeda]. Además, de los 26 cabecillas de las formaciones leales al Estado Islámico se ha logrado liquidar a 20. Los datos son buenos y se trata de resultados sistemáticos: la actividad de los terroristas en esta región ha caído en picado desde las Olimpiadas de Sochi en 2014, cuando la policía comenzó a dedicarse a la expulsión de los wahabíes.

¿Dónde están ahora? Principalmente, en Siria y en Irak. Según los mismos datos oficiales, los que vivían en Daguestán huyeron en mayor número a Siria que al bosque o a las montañas. Sin embargo, en lugar de los guerrilleros clandestinos, al Cáucaso Norte han vuelto algunos métodos típicos de los años 90 y la década de los años 2000: medidas de represión en lugar de “fuerza blanda” y un gran control sobre la población, tal y como se desprende del informe del centro internacional de derechos humanos Memorial.

¿El padre responde por el hijo?

Entre las regiones en las que ha habido menos operaciones antiterroristas se encuentran Ingushetia y Chechenia. Allí la palabra “prevención” se ha convertido casi en un mantra. Si observamos las noticias, parece que los diputados regionales solo se dedican a viajar por las ciudades chechenas hablando del problema del extremismo religioso. No obstante, según los activistas de derechos humanos, esta es la innovación preventiva más “inofensiva” de todas.

“Hace unos meses, en Chechenia se lanzó un proceso de patriotización obligatoria espiritual y moral que, tras ser ampliamente criticada en los medios de comunicación, cambió de nombre”, confirma la directora del proyecto en Rusia y el Cáucaso Norte del Grupo de Crisis Internacional, Ekaterina Sokiriánskaya.

Este programa afecta a la juventud chechena de 14 a 35 años: cada uno recibe un documento en el que se indican, además de sus características personales, su grupo étnico, así como su origen confesional. Pero lo más importante es que los jóvenes son responsabilidad de un adulto. Este es un intento de formalizar la práctica de la responsabilidad colectiva, comenta Sokiriánskaya. Se trata de una práctica arcaica e ilegal: “La opinión de la sociedad sobre esta iniciativa es negativa. Sin embargo, la propia “patriotización”, aunque afecta a todos, en Chechenia por ahora no ha tenido unas consecuencias tan negativas como en Daguestán” — añade la experta. Esta innovación, que se encuentra fuera del ámbito legal, así como la responsabilidad del mayor respecto al menor, se limitan exclusivamente a la presión psicológica sobre la familia.

Una barba inadecuada

Said Tsarnáev / Ria NovostiSaid Tsarnáev / Ria Novosti

La experiencia de Daguestán análoga a la “patriotización” consiste en un “registro preventivo”: una base de datos en la que los órganos policiales incluyen a los partidarios del wahabismo. Rellenan fichas con sus datos personales e incluso su ADN. Actualmente, en este registro figuran, según el periódico Kavkazski Uzel, unas 100.000 personas. No hace falta cometer ningún delito para entrar en ella, mientras que salir es muy complicado. Estas personas se encuentran de facto bajo arresto domiciliario, comenta Sokiriánskaya.

Según los activistas, en la práctica es posible incluir a una persona en base a una denuncia por no llevar la ropa o la barba “adecuadas”. La policía organiza redadas en las mezquitas salafitas y detiene a los asistentes. No obstante, según informa al periódico Kommersant un agente, la policía controla “quién habla en las mezquitas y lo que se dice en ellas; solo por llevar una barba determinada no se entra en el registro”.

Es precisamente en Chechenia donde se detiene sin fundamento a un mayor número de salafitas por disidentes. El líder checheno, Ramzán Kadírov,  fervoroso creyente del sufismo, les declaró la guerra públicamente.

Empresarios terroristas

En general, el Cáucaso Norte se ha quitado de encima cierta carga del terrorismo armado, “pero no hay que cantar victoria”, opina el investigador sénior de la Academia Rusa de Economía Nacional y Administración Pública, Konstantín Kazenin. Según el experto, esto no ha afectado a las raíces sociales del terrorismo: “Muchos extremistas simplemente se han marchado a Oriente Próximo, y esta ha sido la razón de que las posiciones de los movimientos clandestinos comenzaran a debilitarse en las repúblicas”.

Además, los radicales han comenzado a adherirse al Estado Islámico, que no tiene tantos problemas de financiación como el Emirato del Cáucaso: los brazos de Al-Qaeda y de otros patrocinadores cada vez están más disueltos en los países de tránsito.

En cuanto a los guerrilleros que empiezan a volver, su flujo por ahora se encuentra bajo control, señalan los expertos. Por ejemplo, diez hombres entraron en Rusia desde Europa haciéndose pasar por empresarios e intentaron unirse a movimientos clandestinos, aunque fueron identificados y detenidos.

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