La disyuntiva de Rusia

Reuters
Tras el estallido de la crisis de Ucrania en 2014, el Kremlin tuvo que escoger entre revisar su estrategia de desarrollo y movilizar sus recursos de cara a la confrontación con Occidente o tratar de mantener el mismo rumbo bajo nuevas condiciones.

La decisión aún no se ha tomado, de acuerdo con un grupo de politólogos reunidos a mediados de septiembre de 2015 en la presentación del informe   'La administración rusa en 2015: táctica sin estrategia', elaborado por Alexander Kolésnikov, director del programa 'Política interna e instituciones políticas de Rusia'  del centro Carnegie de Moscú.

Varios expertos describen los escenarios de desarrollo más probables para Rusia en los próximos años.

Dmitri Orlov, director de la Agencia de Comunicaciones Políticas y Económicas

Desde otoño del año pasado (tras la oleada de sanciones antirrusas), la necesidad de tomar decisiones estratégicas ha ido en aumento. En aquel momento se creó una bifurcación que hoy sigue vigente. El primer camino conduce a una estrategia que tiene su punto de apoyo en la mayoría conservadora tradicional, los pensionistas, las capas menos productivas...

Por otro lado, incluye una agenda socioeconómica dinámica orientada a la atracción de capital, tanto de occidente como de las fuentes de inversión internas, es decir, un apoyo en las capas activas.

Esto implica también evitar agrupaciones irreconciliables: aquellas que se formaron a partir de la mayoría tradicional en primavera del año pasado (el inicio de la fase activa de la crisis de Ucrania).

El segundo camino abraza la idea de Rusia como una 'fortaleza sitiada', en la que se intensifica la actividad de los inadaptados, de los que exigen el restablecimiento de la URSS, de las prestaciones socioeconómicas y las nacionalizaciones. 

La administración rusa aún no ha hecho su elección y, aunque la primera opción es la más probable, hasta 2018 (año de las siguientes elecciones presidenciales) no se tomará la decisión definitiva.

Alexander Kolésnikov, director del programa 'Política interna e instituciones políticas de Rusia'  del centro Carnegie de Moscú

Hasta 2018, todo está más o menos claro. La inercia favorecerá la continuación del actual rumbo de desarrollo. No se verán protestas significativas; la protesta social no pasará al plano político. Es difícil predecir lo que sucederá en la economía, pero a juzgar por el desarrollo actual de los acontecimientos, se espera un lento receso.

La élite avanza hacia el 2018 sin ninguna estrategia… nadie sabe lo que ocurrirá después. La opción А es seguir la inercia del desarrollo actual. La opción B implicaría un recrudecimiento de la línea estatista, cuasipratiótica, nacionalista y antioccidental.

En este caso, Rusia podría presentarse casi como un imperio, capaz de liderar los procesos globales. De hecho ya estamos viendo algunas señales de este modelo, en la medida en que nos acercamos a Siria. La opción C sería el milagro económico. Se trata de una opción completamente utópica, puesto que la élite actual no da ninguna muestra de desplazamiento en esta dirección.

Creo que los acontecimientos se desarrollarán según la peor de estas opciones, aunque lo harán lentamente: como ahora, se producirá una recesión económica y un debilitamiento de la opinión pública, pero sin grandes explosiones sociales.

Vasili Zharkov, jefe del departamento de Politología de la Escuela Superior de Ciencias Sociales y Económicas de Moscú

Durante mucho tiempo la inercia ha desempeñado un papel positivo… La década del 2000 se caracterizó por una comprensible política (interna) bastante acertada, así como por la estrategia de no alineación en política exterior.

El statu quo se desmoronó con el estallido de la crisis ucraniana en febrero de 2014. La revolución ucraniana detonó en el interior de Rusia. Fijó la necesidad de escoger entre construir un imperio, iniciar una nueva guerra fría, movilizarse y arrojar al fuego el resto de las fuerzas que nos quedaban del siglo XX; o dar media vuelta y tratar de hacer realidad lo que Dmitri Orlov bautizó como 'escenario inclusivo'. 

Rusia necesita abstenerse de cualquier decisión dictada por su memoria cultural. El problema es que no ha pasado el tiempo suficiente para que podamos librarnos de nuestra concepción de Rusia como imperio. 

 

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Consulte el informe  'La administración rusa en 2015: táctica sin estrategia' (en ruso o inglés).

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