El Kremlin busca apoyos tras inicio de bombardeos en Siria

Alexéi Iorsh
Rusia ha conseguido acuerdos de compromiso con Israel y Turquía y busca puntos de encuentro con los países occidentales. A pesar de las dificultades, en los últimos días se han producido avances.

Rusia ha entrado oficialmente en el conflicto sirio. Algunos observadores se muestran sorprendidos por la precipitación con la que Rusia se ha involucrado en el proceso. El 29 de septiembre, el presidente Vladímir Putin declaraba que Moscú tenía la intención de enfrentarse al Estado Islámico, la mañana del 30 de septiembre el Consejo de la Federación le otorgaba el permiso y a las pocas horas las Fuerzas Aéreas ya llevaban a cabo los primeros ataques.

En realidad, la operación llevaba preparándose semanas, e incluso meses. El punto más complejo de todo este proceso no era la preparación técnica, sino la política. Moscú ha intentado acordar los detalles de la operación con todas las partes interesadas (o, mejor dicho, con todas las partes que han aceptado entrar en este diálogo).

Ante todo, Moscú ha conseguido el compromiso de los vecinos de Siria: Israel y Turquía. Con estos países debía acordar un mecanismo para evitar incidentes militares. Al parecer, la estrategia con los turcos y los israelíes fue presentarles los hechos y proponerles un acuerdo. Y ambos países se mostraron de acuerdo (en Tel Aviv pusieron a Moscú la condición de no permitir el envío de armamento ruso a la organización libanesa Hezbolá).

Con el colectivo de países occidentales resultó más complejo encontrar un entendimiento mutuo. Dos son los principales problemas que impiden una cooperación antiterrorista eficaz entre los EE UU, la UE y Rusia: en qué lado luchar y contra quién.

La esencia del primer problema consiste en el hecho de que Occidente se niega en rotundo a luchar del lado de Asad. Los EE UU y la UE consideran que el presidente sirio debe dimitir inmediatamente. Moscú y Teherán, en cambio, se niegan a traicionar a Asad.

Como resultado, en estos momentos las partes han alcanzado cierto compromiso y los países occidentales han hecho algunas concesiones. Estos países han accedido a que Asad no abandone su puesto ahora, sino al finalizar la operación militar y la guerra civil. Concretamente, no podrá participar en unas nuevas elecciones presidenciales.

El último en dar su brazo a torcer fue Washington: durante la noche del 29 al 30 de septiembre hora de Moscú, John Kerry reconocía que lo que Siria necesitaba no era el derrocamiento de Bashar al Asad, sino “una transición suave y controlada”.

Por su parte, Teherán y Moscú dieron a entender que no están en contra de tal transición. El presidente Hasán Rouhaní dijo entre líneas que no descarta la posibilidad de reformas en Siria y Vladímir Putin expresaba el 30 de noviembre su esperanza de que el presidente Asad “muestre una postura activa y flexible y esté abierto al compromiso en nombre de su país y de su pueblo”.

El segundo problema es la incertidumbre respecto al objetivo de los bombardeos de Rusia en Siria: el Estado Islámico o los oponentes del gobierno oficial de Damasco. Antes de marcharse hacia EE UU, Vladímir Putin dejaba claro que las Fuerzas Aéreas de Rusia podían atacar a todas las partes enfrentadas al gobierno legítimo de Siria, al menos porque esas fuerzas favorecen al Estado Islámico.

Occidente ha exigido a Moscú que se limite a los bombardeoscontra las posiciones del Estado Islámico, aunque finalmente también con alguna concesión. Corren rumores de que la oposición siria se verá obligada a sentarse a negociar con Asad para firmar un acuerdo político y así dejar libres a las fuerzas del gobierno que luchan contra los terroristas.

Es cierto que en estas operaciones hay todavía algunos puntos por resolver: crear una coalición más amplia y acordar con más detalle la coordinación de acciones con la coalición estadounidense.

Sin embargo, todo esto puede llevarse a cabo durante el curso de la operación, cuyo inicio no puede posponerse más. Cada día que pasa el Estado Islámico refuerza sus posiciones. Además, cada una de las partes puede cambiar su postura en cualquier momento debido a influencias externas o a factores internos.

 

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