El inevitable pero poco probable acercamiento entre Rusia y la UE

Dibujado por Alexéi Iorsh

Dibujado por Alexéi Iorsh

En la próxima cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE, que tendrá lugar los próximos 25 y 26 en Luxemburgo se ampliarán las sanciones contra Rusia hasta enero de 2016. A pesar de la tensión existente, los importantes lazos económicos y de seguridad hacen inevitable que ambas partes llegar a acuerdos, antes o después.

Los países de la Unión Europea (UE) acordaron ayer ampliar las sanciones económicas a Rusia hasta finales de enero de 2016, indicaron a Efe fuentes diplomáticas. Afectan a los mercados de capital, defensa, productos de uso dual y tecnologías sensibles. Se aprobaron en julio de 2014. La decisión se tomó en Bruselas a nivel diplomático y se espera que sea adoptada formalmente por los ministros de Exteriores de la UE en el Consejo que celebrarán el próximo lunes en Luxemburgo.

Los principales países europeos, sobre todo Alemania y el Reino Unido, no quieren dejar de poner presión sobre Rusia. Pero al mismo tiempo no pueden pasar por alto el rechazo de algunos países de la UE, particularmente Grecia y Chipre, a la hora de aumentar las sanciones.

Además, hay cierta fatiga en la UE con las actuales autoridades ucranianas, que siguen reclamando ayuda, pero no cumplen los consejos de sus "amigos europeos", sobre todo en la implementación de los Acuerdos de Minsk.  Finalmente, la UE es consciente de la necesidad de contar con Rusia para resolver determinados problemas internacionales, como el programa nuclear iraní o el avance del Estado Islámico en Siria e Irak.

En general, se tiende a asumir que el enfriamiento de las relaciones entre la UE y Rusia va a ser largo, ya que la causa no está solamente en los eventos de Ucrania. Más bien, la crisis ucraniana en sí misma es hasta cierto punto el resultado del aumento de las contradicciones en estas relaciones.

El esfuerzo por cooperar de ambas partes ha estado dictado sobre todo por intereses económicos y mientras la UE penetraba más en el espacio postsoviético, mediante una lógica de un renacido y "nuevo imperio europeo", se ha pasado a una mayor rivalidad.

Hay que admitir que es un proyecto que resulta atractivo y que uno de sus principales factores es el uso del poder blando, pero antes o después iba a comenzar a chocar con Rusia. El ejemplo de Ucrania es un indicativo de que, por primera vez en su historia, la UE se ha alineado claramente en la batalla por la integración europea con un país que, de ninguna manera, cumplía los criterios para la adhesión.

Desde el principio la expansión de la UE contó con el apoyo estadounidense, que lo veía como una posibilidad de frenar el resurgir de Rusia como superpotencia. En este sentido, Washington le dio una especial importancia a la integración de Ucrania en la UE y, posteriormente, en la OTAN. También es importante el papel desempeñado por Alemania, que tras fortalecer su poder y emerger como el hegemón de la UE, volvió a retomar el interés por Ucrania.

De modo que la confrontación de Rusia y la UE, y Occidente en general, sobre Ucrania será duradera. Con la adhesión de Crimea y el apoyo a las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, Rusia trataba de poner freno a la expansión de la UE y la OTAN en el espacio postsoviético.

Pero lo que ha ocurrido de facto es que ha creado un reclamo para hacer una revisión del orden internacional establecido por Occidente tras el colapso de la URSS, y todo ello sin tener en cuenta su opinión. Occidente, que se siente más fuerte, sobre todo a nivel económico, trata de prevenirlo y presiona política, económica, diplomática y psicológicamente a Rusia.

La historia muestra que este tipo de situaciones se resuelven mediante una guerra o un compromiso. Debido a que la perspectiva de un conflicto bélico entre potencias nucleares preocupa hasta a los halcones estadounidenses, la partes deberán, antes o después, llegar a un acuerdo, que obviamente requerirá de concesiones por ambas partes. Estas dependerán en principalmente de hasta qué punto Rusia es capaz de sobrellevar (o no) la presión que suponen las sanciones.

A largo plazo, el desarrollo de un nuevo modus vivendi es inevitable ya que Rusia y la UE se necesitan mutuamente, tanto económicamente como desde una perspectiva que garantice la seguridad en el continente.

La idea de crear un espacio económico único desde "Lisboa hasta Vladivostok", expresada recientemente por Angela Merkel, pero declarada antes por Rusia, es una confirmación de este aspecto.

Está claro que la crisis de Ucrania solo se superará mediante un esfuerzo conjunto. Rusia, en general, pertenece a la cultura europea, son pocos quienes lo cuestionan. Cada vez hay más europeos que entienden que un alejamiento beneficia a terceros países, concretamente a EE UU, y no es ventajoso para ninguno de los dos. Así, no hay alternativa a la paciente creación de unas condiciones que tengan como resultado un nuevo acercamiento.

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Vladímir Chernega es asesor del Consejo de Europa, doctor en Derecho y enviado extraordinario y plenipotenciario.

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