Angela Merkel en el contexto del nuevo patriotismo ruso

Dibujado por Konstantín Maler

Dibujado por Konstantín Maler

La canciller alemana no estuvo presente en los actos de celebración del 9 de mayo, que han sido unos de los mayores de la historia. Sin embargo, se reunió con Putin al día siguiente para recordar a los caídos en la guerra.

Rusia ha celebrado el 70º aniversario de la Victoria en la Gran Guerra Patria con un énfasis quizás nunca antes visto en este evento. Sobre la Plaza Roja se organizó un desfile militar que superó a los 23 desfiles que le han precedido (tras 1945, el siguiente desfile del 9 de mayo no volvió a organizarse hasta 1965 y desde 1990 hasta 1995 tampoco se celebraron desfiles en este día).

Este año han participado 16.500 soldados, 194 unidades de tecnología militar incluyendo como colofón el tanque de última generación Armata, así como 143 aviones.

Además, se celebraron desfiles en otras 25 ciudades del país, con una participación total de 85.000 soldados. La marcha de soldados chinos sobre la Plaza Roja se celebraba por primera vez y estaba llamada a simbolizar el refuerzo de la alianza entre ambos países ante la mirada de Occidente. 

El símbolo del “nuevo patriotismo ruso”

El gobierno ruso ha concedido una enorme importancia a la celebración del aniversario de la Victoria. En el contexto de una confrontación con Occidente debido a la crisis en Ucrania, esta celebración debía mostrar no sólo el potencial militar del país, del mismo modo que el año pasado debía mostrar el potencial cultural y deportivo del país de las Olimpiadas en Sochi,  sino que también ha demostrado la unión del pueblo alrededor de Vladímir Putin, “que ha devuelto Crimea a Rusia”.

El mensaje que se desprendía del ambiente era: “si fuimos capaces de derrotar a los nazis a costa de numerosas víctimas, ¡qué nos importan las sanciones o la crisis económica!”. Precisamente esta celebración a gran escala, incluso pomposa, de la Victoria, era lo que reclamaba una aplastante mayoría de la población, que hoy en día tiene una aguda necesidad de sentirse orgullosa de su país.

Esta nueva unión de la gente alrededor de una renovada idea patriótica se ha visto demostrada, en particular, por las acciones masivas bajo el título “Regimiento inmortal”, en las que la gente llevaba por las calles retratos de sus antepasados que participaron o murieron en la guerra.

Sólo en Moscú participaron en esta acción hasta medio millón de personas, y en toda Rusia se llegó a los 12 millones. Además, a diferencia de otras acciones patrióticas modernas, en esta ocasión la participación era del todo voluntaria, todo el que se sumó al evento lo hizo de corazón. 

Hermano pequeño de China

Anteriormente Moscú no había subrayado especialmente el papel que China desempeñó en la Segunda Guerra Mundial (las fechas del fin de la Gran Guerra Patria y de la Segunda Guerra Mundial son distintas). Sin embargo, lo más seguro es que este año Putin viaje a Pekín para celebrar el 70º aniversario del fin definitivo de la guerra en septiembre.

En contra de las expectativas, eldiscurso de Putinprevio al desfile fue bastante contenido respecto a Occidente y a Estados Unidos en particular. No hubo ningún ataque “militarista” contra Occidente, algo típico en este tipo de intervenciones en la época de los líderes soviéticos durante la guerra fría. Putin volvió a criticar los intentos de “imponer un mundo unipolar”, aunque también, en un tono conciliador, enumeró a todos los Aliados de la Segunda Guerra Mundial. 

Merkel en Moscú

La principal intriga de la fiesta en materia de política exterior fue la visita a Moscú de la canciller alemana, Angela Merkel.

Actualmente Merkel es la principal promotora de la política de la Unión Europea, por lo que mantiene contactos directos con Putin de forma regular. Al mismo tiempo, no hay que olvidar que para Alemania, y para Merkel personalmente, el arrepentimiento de los alemanes por los crímenes del nazismo es una parte indispensable de la cultura política del país.

En este sentido, no acudir a Moscú habría sido quizás más difícil que acudir. Y ningún apretón de manos con Putin, al que rehúyen los demás líderes occidentales, podía estar de más para la canciller alemana en este contexto.

Merkel parecía invitar al presidente ruso a “arrepentirse” también por su política en Ucrania, dando a entender (aunque indirectamente), que este gesto también sería recompensado con el restablecimiento, al menos parcial, de las relaciones políticas y económicas.

El encuentro no dio grandes frutos. Sin embargo, algún detalle inspira esperanzas de que justo después de la celebración no se reanude la guerra en el sureste de Ucrania. Merkel y Putin conversaron de forma completamente amistosa durante la ceremonia de la ofrenda floral en la tumba del Soldado Desconocido. Esta fue una ceremonia conjunta, lo cual ya de por sí es un gesto importante.

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