Las perspectivas del gas ruso en Europa

Dibujado por Natalia Mijáilenko

Dibujado por Natalia Mijáilenko

¿De dónde viene la idea de la construcción del gasoducto South Stream? La Comisión Europea afirma: ¿para qué necesitamos este proyecto? Existe el tránsito a través de Ucrania que funciona bien y no necesitamos inventar nada nuevo.

Cuando se desmoronó la URSS más del 90% de las exportaciones del gas ruso pasaban por Ucrania. Este país empezó a exigir ciertas preferencias: pedía que se le bajara el precio del gas y que Rusia pagara más por el tránsito. Sin embargo, el dinero que Rusia pagaba no se invertía en el gasoducto que con el paso del tiempo empezó a deteriorarse. Todos comprendían que tarde o temprano habría que hacer algo.

Por eso Gazprom empezó a construir rutas que no pasaban por el territorio ucranio. Primero fue la Corriente Azul que iba a Turquía, después apareció el conducto Yamal-Europa que llegaba a Alemania pasando por Bielorrusia y Polonia. Y luego surgió la idea de crear el South Stream, para que el gas ruso llegara a los países del sur de Europa sin pasar por Ucrania. Fueron realizados todos los proyectos, menos el último.

Está claro que modernizar el sistema del tránsito de gas ucranio sería más barato que construir el South Stream. En 2004 se firmó un acuerdo entre Rusia y Ucrania para modernizar el sistema de transporte de gas ucranio a cuenta de Gazprom, para lo que se creó una empresa entre ambos países. Pero a finales de 2004 en Ucrania se produjo la “revolución naranja” y las nuevas autoridades decidieron romper los acuerdos firmados con Rusia. Seguían sin invertir en el gasoducto y hablaban mucho de que pronto Ucrania recibiría el gas de otras fuentes, que finalmente no se encontraron.

Después, cuando Yanukóvich llegó al poder en 2010, el gobierno ucranio tenía la intención de firmar el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, pero tras estudiarlo, descubrieron que según las condiciones que se propuestas prácticamente se acabaría con la industria ucrania.

Las autoridades de Kiev volvieron a firmar contratos con Rusia, incluidos los del gas. Ucrania obtuvo un descuento notable y un crédito de 3.000 millones de dólares, además le prometieron conceder otro crédito por valor de 12.000 millones de dólares. Sin embargo, la historia volvió a repetirse: se produjo una nueva revolución, llegó un nuevo gobierno y se volvieron a romper todos los acuerdos con Rusia.

¿Qué pasa ahora con el South Stream? Desde el punto de vista económico era rentable y  necesario para los participantes del proyecto. Pero la Comisión Europea (CE) anunció a los líderes de Bulgaria y Serbia que no tenían derecho a firmar estos acuerdos (que en realidad ya estaban firmados) sin el consentimiento de la CE. En realidad, esto no es así: tanto Bulgaria como Serbia tienen todo el derecho de no coordinar los acuerdos internacionales sobre el suministro de gas. La Comisión solo puede determinar las condiciones de explotación del gasoducto cuando esté construido.

La Comisión insistía en que este proyecto debería haber sido realizado en el marco del Tercer Paquete Energético. Esto significaba que Gazprom debería haber construido el gasoducto por su cuenta, pero tendría que prestar a las empresas de competencia el 50% de su capacidad para su explotación.

Gazprom no quiso construir un gasoducto para las empresas de competencia por su cuenta y ofreció a cada una de ellas que financiara la parte del gasoducto que les correspondía. Como resultado, el gasoducto no fue construido. Aunque otro gasoducto que va desde Azerbaiyán hasta Italia ha recibido ya todos los permisos de la Comisión Europea para llenarlo de gas azerbayano.

Entonces se tomó la decisión de construir el Turkish Stream. Se supone que este gasoducto será construido en el curso del South Stream en el Mar Negro y de esa forma se evitará que el suministro del gas ruso a Turquía dependa de Ucrania. A otros países se les ofreció comprar el gas en la frontera entre Grecia y Turquía. Sin embargo, la Comisión Europea calificó el proyecto de sinsentido. Se dijo que Turquía, al no ser el miembro de la UE, puede comprar el gas donde quiera, pero los demás países deben comprarlo a Ucrania ya que es una ruta “más correcta y segura”.

Pero en este momento Ucrania está de facto en bancarrota y se mantiene a flote solo gracias a los subsidios que llegan desde el extranjero y créditos que un día tendrá que pagar. La compañía ucrania Naftogaz, que dirige el sistema del gas del país, se ha mostrado ineficaz en los últimos años, y sus pérdidas ya alcanzan los miles de millones de dólares.

Antes el gobierno de Ucrania cubría estas pérdidas, pero ahora el endeudado país no sería capaz de hacerlo. Esto significa que los problemas del tránsito del gas son inevitables y no se entiende qué van a hacer los líderes de Bulgaria y Serbia porque no tienen una alternativa al gas ruso. Precisamente el South Stream estaba pensado para solucionar este problema, que ahora ya no se puede resolver.

Con respecto al Turkish Stream, hay que comprender que en caso de que la Comisión Europea vuelva a insistir en que Gazprom construya un gasoducto por su cuenta, la empresa rusa no lo va a hacer. Todas las alternativas que se nombran en este momento serán más cara. El gas natural licuado (GNL) de EE UU  no solamente cuesta más, sino que no lo podremos ver en el mercado en un futuro próximo. Si analizamos las inversiones en la extracción de GNL veremos que su nivel está en el punto más bajo en los últimos 20 años. El costo de este gas es tan alto que no permite ganar dinero a las empresas estadounidenses. Como resultado, los EE UU se verán obligados a importar el gas y no dispondrán de los recursos para la exportación. Otros países se están autoengañando en este sentido.

Cuando se habla de la energía alternativa, debemos tener en cuenta que es mucho más cara que la tradicional. Los precios de la electricidad en los países que han apostado por las fuentes alternativas (Alemania y Dinamarca) son los más altos en Europa. Si los serbios están dispuestos a pagar varias veces más, nadie se lo puede impedir. Pero cuando hablé con el ministro de finanzas de de Sajonia, me dijo que si siguen invirtiendo en la energía alternativa y suben los precios de la electricidad, la gente empezará a salir a la calle a protestar. Y estamos hablando de Alemania.

Entonces, ¿qué pasará en Serbia? Se sigue intentando convencer a la población de los países europeos de que Rusia es un enemigo y un socio poco fiable, mientras que no se ofrecen unas alternativas reales al gas ruso. En realidad, esto llevará a la gente al borde de la ruina.

Serguéi Pravosúdov es editor jefe de la revista Gazprom.

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