¿Por qué los rusos no protestan por la caída del rublo?

Dibujado por Konstantín Máler

Dibujado por Konstantín Máler

La sociedad rusa, que desde comienzos de año se ha enfrentado dos veces a las fluctuaciones monetarias, podría haber causado disturbios multitudinarios frente a la situación de incertidumbre, movidos por anhelos revolucionarios.

Durante días la guerra de las divisas ha copado los titulares de la prensa rusa. Parece que toda la población no hace otra cosa que seguir al minuto los dramáticos altibajos del rublo frente a las divisas internacionales.

En muchos países, una fluctuación monetaria de 10% ó 20% en un solo día implicaría una catástrofe, incluso en el mejor de los escenarios. Esta incertidumbre provocaría acto seguido la dimisión en bloque del gobierno e incluso disturbios entre la población.

Desde fuera podría parecer que algo similar está a punto de suceder en Rusia: el pueblo empobrecido (doblemente con respecto al dólar) tomará las calles y el presidente se verá forzado a sacrificar el Gabinete de Ministros de Medvédev.   

Por otra parte, en Rusia, la palabra “catástrofe” se debe dividir al menos por diez si se trata de reflejar la realidad, incluso si se menciona en los reportajes informativos.

El país es enorme, y la inercia de todos sus procesos, aun mayor.

Basta con recordar las últimas décadas en las que se asistió a varias devaluaciones del rublo e incluso más graves. Por ejemplo, la de 1998 (por cierto, ahora la situación es mucho mejor que entonces). La última devaluación ocurrió hace sólo seis años. Y nunca provocaron protestas sociales o políticas significativas.

Eso teniendo en cuenta que en esa época la oposición era mucho más fuerte y estaba mejor organizada que ahora, por lo que las oportunidades para organizar las protestas también eran mucho mayores.

Varias razones explican que la población rusa sea reacia a protestar frente a las nuevas devaluaciones.

La principal es que la gran mayoría de la población vive sin utilizar otra moneda que no sea el rublo y no tienen ahorros en divisas.

En la actualidad, los depósitos de particulares en bancos rusos ascienden aproximadamente a unos 16,8 billones de rublos (270,7 millones de dólares al tipo de cambio actual).

Esta cantidad se vio reducida en este año tan dramático. Sin embargo, el descenso global fue menor del 1% del total de los ahorros registrados a principios de año: el dinero empezó a regresar durante el verano y compensó casi por completo el primer shock.

Además, no se ha observado a lo largo del año un cambio masivo de moneda nacional a divisa extranjera.

Se debe subrayar que un gran número de estos depósitos pertenecen a un número relativamente pequeño de ciudadanos. La gran mayoría de rusos, el 71%, no dispone de ahorros, conforme a datos del Centro Ruso de Estudios de Opinión Pública —VTsIOM— de principios del año.  

Sólo el 10% de la población efectúa depósitos bancarios, no sólo la cuenta corriente para depósitos directos que se pueden retirar con la tarjeta en los cajeros automáticos. Para el ciudadano ruso medio, el concepto de “ahorro” empieza con la cifra modesta de 250.000 rublos (4.200 dólares al tipo de cambio actual). Muchos guardan el dinero en casa cuando preparan una compra importante.

Según diferentes encuestas, entre el 4% y el 7% de la población tiene parte de sus ahorros en divisa extranjera. Por supuesto, la gente está interesada en el tipo de cambio, en especial del rublo con respecto al dólar: más de la mitad de los rusos siguen su evolución.

Pero, con todo, la gente lo ve como desde fuera, como algo que afecta en primer lugar a los “mimados moscovitas” o simplemente a los ricos, que nunca han gozado de gran estima en Rusia.

Incluso desde la perspectiva del viaje internacional, la devaluación del rublo tiene un impacto directo limitado. Aproximadamente el 15% de los rusos tiene pasaporte para viajar al extranjero, cuya gran mayoría va a Turquía o a Egipto una vez al año. Entre un 3 y un 5% de los rusos viaja con regularidad a Occidente, y son personas con conocimientos financieros suficientes para minimizar el riesgo cambiario y no sucumbir al pánico.

Por lo que respecta al impacto de la devaluación sobre el aumento de los precios, se prevé que sea mayor en los próximos meses. Sin embargo, la caída en un 10% del rublo frente al dólar añade aproximadamente un 1% de inflación. El resto de la subida de la inflación radica en la propia economía, insuficientemente diversificada, demasiado monopolizada y poco competitiva.  

Pero ni siquiera el hecho de que los precios suban un 20-30% hará que la gente salga a las calles, dado que este fenómeno no es algo insólito ni nuevo para Rusia.

Lo que diferencia la situación actual es que el presidente y el gobierno se están aprovechando del nivel de confianza del que gozan por parte de la población. El gobierno nunca ha aglutinado tanta confianza en todo el periodo postsoviético. Muchos rusos creen que su país tiene razón en su confrontación con Occidente desde un principio, y que las posturas hacia Rusia son injustas.

En la actualidad por lo menos el 80 % de los rusos, según datos del centro Levada de finales de noviembre, confían en el presidente. En un año se ha incrementado en 1,5 veces. Mientras que el porcentaje de rusos que consideran que el mandatario ruso no es digno de confianza ha caído del 12 % al 4 %.  

A diferencia de años anteriores, el aumento de la confianza en el presidente redunda también en beneficio de otras instituciones gubernamentales. En el contexto de guerra contra Ucrania los rusos confían tanto en las autoridades que la dramática batalla del rublo contra el dólar se vive con relativa indiferencia.

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