El camino de Rusia a la globalización se encuentra en un momento crítico

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

La actual crisis en Ucrania ha subrayado uno de los problemas de la globalización: ya no se puede castigar a socios comerciales relevantes como un instrumento de política exterior sin poner en tela de juicio los principios fundamentales que crearon el actual sistema económico global.

Cuando las naciones occidentales empezaron a imponer sanciones a Rusia, también se infligieron un castigo a sí mismas. A consecuencia de la globalización, las economías están vinculadas demasiado estrechamente para hacer que las sanciones económicas sean viables y los líderes occidentales comienzan ahora a darse cuenta de este hecho.

A lo largo de los últimos 25 años, Rusia se ha integrado cada vez más en el orden económico global. Mientras la economía rusa alcanzaba gradualmente a Occidente, el país empezó a importar bienes de consumo de Europa Occidental. La electrónica, los coches y otros productos alemanes se convirtieron en símbolos de prestigio social para los rusos, que se esforzaban en mejorar su calidad de vida. La gente ahora podía comprar también productos agrícolas como auténtico queso parmesano y vinos chilenos y franceses.

El problema fue que los rusos, confiando en esas importaciones, dejaron de producir sus propios artículos de consumo. Se volvió mucho más eficiente confiar en los artículos importados que promover la creación de una red de productores nacionales.

Rusia producía recursos naturales y llegó a ser uno de los principales actores en el mercado energético a la vez que se convertía en un gran importador de productos manufacturados y de lujo. Pasó a ser un típico miembro de la economía mundial globalizada, en que los Estados se especializan en industrias y sectores donde tienen una ventaja competitiva natural.

Los Estados miembros de la UE se benefician enormemente del comercio con Rusia. Se confía en las exportaciones energéticas rusas, y la Unión Europea exporta una gran cantidad de productos agrícolas. Ambos dependen de un comercio mutuo beneficioso.

Sin embargo, a pesar de que las sanciones afectarían negativamente tanto a la Unión Europea como a Rusia, los Estados Unidos y la Unión Europea llevan imponiendo múltiples rondas de sanciones contra Rusia desde marzo de 2014.

La respuesta rusa a las sanciones de la Unión Europea fue doble. En primer lugar, impuso sanciones selectivas a individuos de los Estados Unidos. Y, después de la segunda ronda de sanciones, Rusia impuso las suyas contra productos agrícolas de la Unión Europea y de los Estados Unidos. Estas acciones punitivas fueron mucho más importantes que la respuesta inicial rusa.

Lamentablemente, esta situación ha terminado haciendo daño a todos. Es una consecuencia de la globalización. Por ejemplo, las importaciones rusas de productos agrícolas de Europa resultaban bastante baratas para consumidores y la creciente clase media de Rusia, y han dejado un vacío que los productores agrícolas rusos no son capaces llenar.

Aunque los responsables de tomar decisiones políticas sostienen que estas sanciones impulsarán la producción agrícola nacional a largo plazo, a corto se observan déficits de ciertos productos y los precios de las mercancías agrícolas han aumentado en Rusia.

En junio de 2014 Rusia interpuso una reclamación a la OMC a propósito de las sanciones. Argumentaba que las sanciones habían violado las reglas de la Organización Mundial para el Comercio. Por su parte, la Unión Europea ha presentado quejas contra Rusia a la OMC alegando que Rusia impone elevados aranceles a las exportaciones procedentes de Europa.

La OMC se encuentra en la posición privilegiada de determinar el destino de la globalización. Si se pronuncia a favor de la Unión Europea, Rusia estará aún más incentivada para cooperar con China y desafiar el sistema que apoyan los EE UU y la Unión Europea. Si la OMC falla a favor de la reclamación rusa, el país no abandonaría la organización, pero se quedaría entre los socios comerciales de Europa y de los Estados Unidos poco dispuestos a colaborar.

Si bien la crisis ucraniana comenzó como un conflicto regional en relación con Crimea y el estado de la Flota del Mar Negro, ha seguido aumentado en una espiral descontrolada. Redunda en interés tanto de Rusia como de los EE UU que la crisis se resuelva y las relaciones mejoren hasta el punto de que la cooperación pueda reanudarse, aunque las relaciones continúen siendo frías.

Sin embargo, si la actual crisis persiste, ambas partes sólo terminarán por hacerse daño económicamente.

Michael Slobodchikoff es profesor del Departamento de Ciencias políticas de la Universidad de Troy (EE UU).

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Artículo publicado originalmente en Russia Direct.     

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