¿Cómo se expandió el virus del Ébola por África?

Dibujado por Konstantín Máler

Dibujado por Konstantín Máler

La última epidemia de fiebre hemorrágica del Ébola ha alcanzado una escala sin precedentes debido, principalmente, a cuatro causas.

En primer lugar, la aparición de focos naturales de la cepa del virus del Ébola en el territorio de África Occidental, en la frontera ente Guinea, Liberia y Sierra Leona. Por otro lado, hay una la falta de información científica fiable sobre la circulación del virus en las zonas indicadas hasta comienzos de 2014.

Además, la complicada situación socioeconómica que se vive en los países africanos; y, por último, una serie de costumbres locales que facilitan la expansión del virus por contacto.
¿Hasta qué punto es posible la reproducción de estas condiciones en el territorio de Europa y la Federación de Rusia?

El foco originario de la cepa del virus del Ébola se encuentra en el murciélago de la fruta, que no debe confundirse con el murciélago común. El murciélago de la fruta es diurno y se alimenta de frutos tropicales procedentes de los bosques de África Occidental. Tras el contagio, el animal no muestra ningún síntoma, pero segrega el virus por medio de fluidos biológicos, pudiendo contagiar a otros animales e incluso al hombre. Otros animales enfermos también pueden constituir un foco de infección. Cabe señalar que el murciélago de la fruta es uno de los alimentos preferidos de la población local.

Se han registrado tres tipos de brote epidémico del virus. El brote forestal, que se contagia en los bosques y provoca la muerte de aldeas enteras. Los murciélagos de la fruta infectan a los monos o a otros animales salvajes, los cuales, debilitados por la enfermedad, se convierten en presa fácil de los cazadores. Cuando estos llevan la presa a las aldeas, la epidemia se extiende a todos los miembros del asentamiento. En condiciones de hacinamiento y ausencia de un tratamiento adecuado la mortalidad puede llegar al 90 %.

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El segundo tipo de brote es el rural. Cuando las plantaciones de frutos tropicales se extendieron hasta los bosques, el murciélago de la fruta comenzó a alimentarse directamente en las plantaciones, donde también dejaban sus fluidos. Naturalmente, el riesgo de contagio aumentó considerablemente. Probablemente allí, en las inmediaciones de las plantaciones, apareció el paciente cero, a partir del cual se ha propagado la epidemia actual. Se trata de un niño de dos años que murió el 6 de diciembre de 2013.

A partir de ese momento, la infección siguió propagándose hasta llegar a los límites de la ciudad, donde surgió el tercer tipo de brote, el brote urbano. En este caso, la enfermedad se contagia por contacto directo con los fluidos corporales del enfermo. El virus del Ébola no se contagia por aire, como ocurre con la gripe, por lo que la propagación de la epidemia en EE UU, Europa y Rusia a escalas similares a la de África resulta imposible.  
La mayor parte de África Occidental se encuentra literalmente hundida en la ‘suciedad de la pobreza’: enormes montañas de basura se extienden incluso a lo largo de la calle principal de Conakry (la capital de la República de Guinea). Las aguas residuales fluyen a través de largas calles en las que los locales dejan la basura y donde los niños juegan y se bañan.

El sistema de salud de la región se encuentra en un estado embrionario y no existe ningún control sanitario-epidemiológico tal como lo entendemos.

En tales condiciones la mortalidad infantil asciende a cotas muy altas, a 118 de cada 1.000 niños. De hecho, cabe señalar que la tasa de mortalidad en la región antes del brote de Ébola, incluida la mortalidad en adultos, superaba considerablemente el número de muertes por ébola y esta situación no preocupaba en exceso a los países desarrollados.

La última causa de la alta mortalidad por fiebre del Ébola son las costumbres locales.

Durante los entierros, la tradición local dicta que los familiares del fallecido deben lavar y abrazar su cuerpo, pues se cree que de lo contrario este “volverá a por ellos más tarde”. Naturalmente, todos los que participan en este tipo de ceremonias corren el riesgo de contagiarse, ya que el virus se transmite por contacto.
El analfabetismo contribuye también a la propagación del virus: a la gente le resulta más fácil mantener una tradición ya asentada que creer en que podrían contagiarse con un virus mortal.  

La Federación de Rusia cuenta con un sistema avanzado de control de focos naturales, por lo que si se produjera un brote, este estaría permanentemente bajo control. La situación socioeconómica es diferente y Rusia siempre ha contado con un sistema estatal de seguridad biológica excepcional. Por esta razón, no puede producirse una situación análoga en el país eslavo: incluso en el caso hipotético de que el virus sea introducido en el territorio del país, se tratará de casos esporádicos, fácilmente identificables y localizables.

Sin embargo no debemos olvidar que, aunque  las medidas de precaución que se están poniendo en práctica en los aeropuertos (mediciones de la temperatura, interrogatorios, etc.) son imprescindibles, no excluyen la posibilidad de que aparezca el virus.

Incluso bajo los controles más exhaustivos, siempre hay una probabilidad. Un caso típico de infección se produce cuando una persona contagiada en periodo de incubación cruza la frontera sin ningún síntoma evidente y enferma ya en un nuevo territorio. Aun así, quiero remarcar que los servicios de salud detectan estos casos desde sus primeras evidencias. Anualmente se declaran entre 100 y 200 casos de contagios por virus introducidos desde el exterior y ninguno de ellos deriva en epidemia. Lo mismo ocurrirá con la fiebre del Ébola.

Mijaíl Shelkanov es director del laboratorio de virología del Instituto de Virología D.I. Ivanovski adscrito al Ministerio de Sanidad de Rusia.

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