¿Qué hay detrás de las declaraciones “antioccidentales” de las autoridades rusas?

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

La escalada de tensión con Occidente no supone un aislamiento para Rusia, como ocurrió en la URSS, sino una oportunidad para encontrar nuevos socios.

El reciente coro de mandatarios rusos que ha declarado su firme intención a oponer resistencia a la presión occidental no debería sorprender a Washington y las capitales europeas. En una entrevista concedida a Rossyiskaya Gazeta, Nikolái Pátrushev, secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, afirmó que Estados Unidos era responsable de haber creado la crisis en Ucrania, porque su objetivo ha sido siempre minar la influencia de Rusia.

El presidente Putin, en una entrevista concedida al periódico serbio Politika, dice que, “junto con la sanciones impuestas a sectores enteros de nuestra economía, este enfoque (el de Occidente) no puede ser calificado sino de hostil”. Por su parte, el primer ministro Dmitri Medvédev hizo las veces de pacificador al sugerir, en una entrevista al canal de televisión estadounidense CNBC, que la situación debería “volver al punto de partida”, antes de empezar a “considerar relaciones de cooperación en un futuro”.

Según el periódico Nezavísimaya Gazeta, con sede en Moscú, estas declaraciones se percibieron como un “bombardeo a los medios” por parte de las autoridades rusas.

Pero ¿qué podía esperar el presidente Obama después de presentar a Rusia como la segunda mayor amenaza mundial después del virus del Ébola en su discurso ante las Naciones Unidas? (La organización terrorista Estado Islámico tuvo que contentarse con un humillante bronce, relegado por Rusia a un simple tercer puesto en la lista de plagas globales.)

¿Y cómo esperaba la canciller alemana Angela Merkel que reaccionara Moscú a sus condiciones para levantar las sanciones contra Rusia, “garantizando la celebración de unas elecciones democráticas en el este de Ucrania, que estarían supervisadas por la OSCE y reconocidas por el gobierno central de Kiev”? Dado que Kiev no está en grado de celebrar unas elecciones inclusivas y democráticas en el territorio que controla (partidos enteros que han representado tradicionalmente las regiones del este de Ucrania, como el Partido de las Regiones y el Partido Comunista, no figuran en la lista de candidatos elegibles), ¿cómo puede esperar la Merkel que Rusia lo haga por Kiev en el este de Urania?

Al situarse en un escenario sin salida, las autoridades rusas están dando a entender a Occidente que no se doblegarán, simplemente porque doblegarse no tiene ningún sentido. Yanukóvich, por ejemplo, se doblegó ante las numerosas demandas occidentales, incluidas la de dejar en libertad a los activistas de Maidán en enero-febrero de 2014 y la de firmar un acuerdo para compartir el poder con la oposición. Pero estas concesiones no le libraron de la ira occidental.

Así, Occidente debe culparse en parte de las señales desagradables que le llegan de Moscú. Además, las declaraciones formuladas por los mandatarios rusos se basan en la cruda realidad de Ucrania.

Nikolái Pátrushev no exagera un ápice cuando afirma que en los últimos 10-20 años “toda la generación que ha crecido en Ucrania (…) está completamente envenenada por el odio a Rusia”. La crueldad de los enfrentamientos en el este de Ucrania, donde un gran número de jóvenes voluntarios participaron en ambos bandos, habla por sí misma.

Por desgracia, Pátrushev también está en lo cierto cuando dice que Ucrania “se está despertando” a la realidad de una nueva vida sin la relación comercial privilegiada con Rusia, pero sin ser miembro de la Unión Europea (si bien con muchas obligaciones vinculantes que cumplir): este despertar “será duro y doloroso”. Pátrushev tampoco falta a la verdad cuando sostiene que la maquinaria militar de la OTAN, antes descrita como no dirigida directamente contra Rusia, se posiciona ahora abiertamente como fuerza principal para “contener” a Rusia

Mientras que Estados Unidos y ciertas estructuras de la Unión Europea podían mostrarse a veces hostiles, los empresarios estadounidenses y europeos trataban de estrechar lazos con Rusia, y ahora no podemos sobrevivir sin los mercados, recursos y profesionales de los unos y de de los otros. Esta es también una verdad importante que, si bien no se menciona en la entrevista de Pátrushev, está muy presente en las declaraciones de los altos funcionarios de finanzas y de la cartera de economía del gobierno ruso. De hecho, a esta verdad alude constantemente el presidente Putin.

En el discurso que Putin pronunció en el Foro de Inversión “Rusia llama”, celebrado en Moscú, el mandatario subrayó que, al buscar nuevos socios en China y América Latina, Rusia no está volviendo la espalda a sus tradicionales socios en la Unión Europea a pesar de sus sanciones contra Rusia. “Las sanciones no son una elección nuestra”, remarcó Putin en el foro.

Los expertos occidentales, como Michael McFaul, exembajador de Estados Unidos en Moscú, que se muestran a favor de “contener” a Rusia, se olvidan de que la élite rusa actual es diferente de la soviética que, de buena gana, dejaba que la contuvieran. Mientras que la actual simplemente no permitirá quedarse aislada.

Cuando Moscú habla de sanciones occidentales como una “oportunidad” no está volviendo a las viejas ideas soviéticas de ser “autosuficiente”. Se debe señalar que incluso los actuales dirigentes norcoreanos están diciendo adiós a la estrategia de autosuficiencia de Kim Il Sung. En el lenguaje de la élite rusa moderna, “oportunidad” significa buscar nuevos socios y nuevos mercados en Asia y América Latina. También significa desarrollar armas nuevas e inteligentes, en lugar de aumentar de modo irreflexivo el número de tanques y de cabezas nucleares, como se hizo bajo el mandato de Leonid Brezhnev.

Y por supuesto, la élite rusa responderá de buen grado y con rapidez a cualquier gesto de buena disposición por parte de Occidente. Quizá sería un poco más prudente después de las confrontaciones de 2008 y de este año. Sin embargo, no hay que olvidar que incluso las heridas de la guerra ruso-georgiana de 2008 se curaron en el espacio de unos meses.

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