Los infructuosos esfuerzos de Australia por aislar a Rusia en el G20

Dibujado por Niyaz Karim

Dibujado por Niyaz Karim

Cualquier intento de aislar a Rusia de la agrupación de las 20 mayores economías del mundo tendrá serias repercusiones en la recuperación y el crecimiento de la economía mundial.

Desde que Crimea se anexionó a Rusia, los políticos australianos, probablemente bajo la influencia de sus maestros estadounidenses, han llamado a excluir a Vladímir Putin de la cumbre del G20, que se celebrará en Brisbane el próximo mes de noviembre.

Los ministros de Asuntos Exteriores de los países de los BRICS presentaron una declaración conjunta en marzo que denunciaba los intentos de dejar a Rusia fuera de la cumbre del G20. Según estos, “la custodia del G20 pertenece a todos los estados miembros por igual y ningún estado miembro puede determinar de forma unilateral su naturaleza y carácter”.

Infografía: El grupo de los 20

 Probablemente, los australianos no contaban con que tres de las mayores economías del G20 se opondrían a su iniciativa…

Australia también se ha subido al carro de las sanciones contra Rusia alegando su simpatía hacia el pueblo de Ucrania. Recientemente, el líder de la oposición australiana, Bill Shorten, ha pedido a Putin que “demuestre que tiene conciencia” y no visite el país para participar en la cumbre del G20, y culpa a Rusia de la tragedia del MH17. Para no ser menos, Tony Abbott ha advertido que tendrá una dura charla con Putin. El primer ministro australiano declaraba a la prensa : “Voy a decirle al señor Putin que se asesinó a ciudadanos australianos”.

Todo esto parece claramente un juego de la clase política australiana para ver quién es más fuerte, aunque en esencia se trata de promover los intereses de Washington. En cuanto el avión malasio fue abatido en el espacio aéreo ucraniano el pasado julio, Rusia llamó a la organización de una investigación independiente

Por su parte, los estadounidenses culparon inmediatamente de lo sucedido a los rebeldes sin ningún tipo de prueba. Utilizaron su máquina propagandística por todo el mundo occidental para culpar a Rusia. Hasta ahora no existe ninguna prueba concluyente o irrefutable de que los rebeldes sean los responsables del ataque.

No obstante, incluso antes de que comenzara la investigación, los australianos comenzaron a apuntar con el dedo a Moscú. Resulta extraño el hecho de que, a pesar de todas las pruebas que Estados Unidos declaraba poseer en julio, lo único que nos ha llegado del gobierno estadounidense y sus medios de comunicación sobre el accidente del MH-17 desde entonces ha sido el más absoluto silencio.

Australia es un maravilloso país lleno de personas cálidas, amistosas y abiertas. Cuesta creer que los líderes del país o los miembros del partido Laborista o del partido Nacional respalden ciegamente la voluntad de Estados Unidos, incluso cuando esta va en contra de los intereses nacionales de Australia.

Este es el mismo país cuyo gobierno respaldó la guerra de ocupación ilegal de Irak llevada a cabo por Estados Unidos, que asoló el país y provocó más de una década de caos, muertes y pobreza. El resultado final del fracaso de la aventura estadounidense en Irak fue la formación del Estado Islámico, o como quiera que se llame ahora este grupo de terroristas. 

El gobierno australiano de John Howard envió tropas a Irak sólo para complacer a George Bush. De modo que este es el país menos indicado para mostrar esta actitud de superioridad moral. Los líderes del establishment australiano creen que Estados Unidos necesita repeler la inexistente amenaza que supone China para la isla. Por ello el gobierno australiano ha transformado una nación de respetables ciudadanos en el policía de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico. Esta aislada nación podría prosperar mucho más si fuera un país neutral al estilo de Suiza.

La cumbre del G20 no trata sobre política, sino sobre la economía mundial y sobre cómo los líderes mundiales pueden trabajar juntos para vencer los desafíos a los que se enfrenta cada país. Este foro se formó para cooperar y celebrar consultas sobre el sistema financiero internacional. Por esta razón Barack Obama visitó San Petersburgo  para asistir a la cumbre de 2013 a pesar de que Rusia se había negado extraditar a Edward Snowden a Estados Unidos.

La cumbre de Brisbane debería concentrarse en coordinar políticas destinadas a estimular el crecimiento económico y reducir el desempleo. También debe hacerse hincapié en la restructuración de las organizaciones multilaterales de Bretton Woords, como son el FMI y el Banco Mundial, que de ningún modo reflejan las realidades económicas globales del siglo XXI.

Cualquier intento de aislar a Rusia del foro no sólo dividiría a los miembros en dos bandos e iniciaría una guerra fría dentro de la agrupación, sino que también tendría serias repercusiones en la recuperación y el crecimiento de la economía mundial.

Entre los intereses mutuos de Occidente figura asegurarse de que el G20 funcione bien. El grupo de los BRICS ya se encuentra en las primeras fases de diseño de un nuevo orden mundial, un orden que no estará dominado por Occidente y sus instituciones, que han acabado siendo herramientas parciales controladas por los gobiernos occidentales.

Si el G20 se vuelve víctima de la política, esto provocará más daños a Occidente que a Rusia, que ya está trabajando infatigablemente para incrementar el comercio y la cooperación económica con Asia y Latinoamérica y ha conseguido hacer de los BRICS una fuerza relevante y potente.

A pesar de que este grupo formado por cinco naciones con economías emergentes todavía es una asociación económica, es perfectamente posible que sus miembros adopten en el futuro puntos de vista más cercanos también en el sentido político. Los intentos de politizar y dividir el G20 no conseguirán otra cosa que acelerar este proceso.

Lea más: Moscú prioriza el crecimiento económico en el G20>>>