¿Por qué necesita Gazprom a China?

Dibujado por Natalia Mijáilenko

Dibujado por Natalia Mijáilenko

El acuerdo del gigante energético ruso para suministrar gas al país asiático se puede considerar uno de los más importantes en la historia mundial del sector gasístico. Se ha dado un importante paso adelante en el camino a la integración de los mercados mundiales de gas.

Por mucho que se haya hablado de la eficiencia del funcionamiento de los mercados libres de gas en regiones aisladas del mundo, incluso en Europa y en Estados Unidos, aún queda mucho para que se cree un mercado único mundial de gas. Las persistentes oscilaciones de precio entre las principales regiones consumidoras -Europa, Norteamérica y la región Asia-Pacífico- confirman que la unificación de estos mercados supondrá un aumento de la eficiencia en el suministro de gas a nivel mundial.

Por ahora no se ha observado que los precios del gas tiendan a igualarse. A finales de verano el precio del gas natural en el indicador estadounidense Henry Hub marcaba 150 dólares por mil metros cúbicos, mientras que en los mercados al por mayor europeos oscilaba entre 250-400 dólares, dependiendo del tipo de contrato. Además, en Japón, desde la avería en la central nuclear Fukushima-1, por mil metros cúbicos de gas natural licuado (GNL) se paga entre 600-700 dólares.

Esta divergencia en el precio del gas, que se ha mantenido durante los últimos cuatro años, testimonia la paradójica “desglobalización” de los mercados gasísticos. Ha sido posible, en primer lugar, debido al aumento limitado mercado del GNL, que se estancó en los últimos años, a causa también del insuficiente desarrollo de las infraestructuras.

En segundo lugar, las interconexiones de gasoductos entre Europa y Asia son también prácticamente inexistentes. Sólo se puede citar el caso de Turkmenistán, que tiene, en teoría, la posibilidad de exportar tanto a China como a Europa, pero, sin lugar a dudas, su mercado de exportación dominante es China, y las posibilidades de abastecer gas a Europa son limitadas tanto por el volumen insuficiente de extracción como por los problemas de infraestructuras.

El reparto de los mercados regionales puede ser ventajoso a corto plazo para los productores y consumidores aislados, pues se garantizan una posición dominante en los mercados locales. Sin embargo, en conjunto, aporta riesgos y costes adicionales a la industria, especialmente para aquellas áreas que no tienen posibilidad de acceder a otros mercados. El inicio del suministro a gran escala de gas ruso a China permite, en parte, superar esta situación y conlleva la formación de nuevas relaciones estables entre los mercados europeos y asiáticos.

El contrato de larga duración de Gazprom garantiza posibilidades y estímulos a fin de ampliar significativamente las infraestructuras para el transporte y la extracción de gas en las regiones orientales de Rusia. Se trata no sólo de la construcción de gasoductos, sino también de la explotación de nuevos yacimientos, pero también a largo plazo de nuevas terminales de GNL. Un impacto semejante tendrá para el sector mundial del gas el inicio de la exportación de GNL estadounidense a Europa y Asia. La dinámica globalizadora de los mercados gasísticos es una condición importante para el afianzamiento del gas natural en posiciones clave dentro del equilibrio mundial energético, que se basa en el uso cada vez más activo de energías renovables.

Sin duda, los principales beneficiarios del contrato de Gazprom y China son potencialmente las mismas partes contratantes. Gazprom obtiene acceso al mercado de gas chino que crece a pasos agigantados. Las necesidades de importación de este país, que en este momento ascienden a cerca de 50.000 millones de metros cúbicos al año, en 2020 podrían alcanzar ya los 150.000 millones de metros cúbicos y, después de 2030, superarán con toda probabilidad los 200.000 millones. China, por su parte, podrá sacar provecho de las vastas reservas de Rusia, la “despensa de gas” mayor y más cercana en términos geográficos.

Tanto Gazprom como los chinos son ahora más competitivos entre sus socios en los mercados del gas. En otras palabras, ambas partes tienen la posibilidad de sustituirlos y, en consecuencia, sus posibilidades de negocio crecen. En concreto, se fortalece la posición negociadora de Gazprom en relación con los consumidores europeos. Por lo demás, esto ocurre a la vez que se produce un incremento de la importación de GNL por parte de otros países de Europa. Además, el volumen de exportación rusa a oriente no es comparable -por lo menos no lo será hasta 2020- con las cifras que se mueven en Europa, así que hablar de ventaja obvia por parte de Gazprom no se ajusta a la realidad.

Europa, Rusia y China obtienen ventajas del desarrollo de la extracción de gas y del sistema de transporte de gas en el país eslavo a expensas del aumento de la interconexión de los mercados. Gracias a este nuevo contrato, en Rusia se incrementará la capacidad para la extracción de gas y surgirán a largo plazo posibilidades de sustitución para la exportación a oriente, occidente y mercado interno. Esto permitirá evitar el déficit o el exceso de gas en los mercados aislados, así como suavizar las fluctuaciones de los precios.

La exportación de gas de Rusia a China contribuirá también a la lucha contra el cambio climático. Europa ha cosechado éxitos considerables en cuanto al descenso de la emisión de gases de efecto invernadero, pero el emisor principal es China, y precisamente del desarrollo de la energética china depende, en gran medida, el éxito de la política climática mundial. Para que China culmine el tránsito del carbón al gas -un combustible más “puro”- se requieren suministros fiables de gas natural a un precio aceptable. Rusia ofrece la solución a este problema.  

Alexander Kurdin es director del Departamento de Investigaciones del Sector Energético del Gobierno de la Federación de Rusia.

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