Sin confianza no habrá cooperación

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

Los países occidentales han pedido a Rusia que participe en la campaña internacional contra el grupo terrorista 'Estado islámico'. Moscú todavía no está dispuesto a aceptar la oferta, ya que no le satisfacen ni las condiciones de cooperación, ni las consecuencias de una operación conjunta con Estados Unidos.

La cooperación ruso-estadounidense en la lucha contra el terrorismo presenta un problema clave: la falta de confianza. Cada bando sospecha de que el otro utiliza a los terroristas en favor de sus propios intereses. Incluso entendemos el término 'terrorista' de manera diferente.

"Numerosos actos de terrorismo en Rusia no se incluyeron, por regla general, en la lista de los principales ataques terroristas globales, que sí contiene los del 11-S en EEUU, el 7 de julio de Londres, el 11 M de Madrid y los ataques sobre Mumbai y Bali. En cambio, Rusia cae en una categoría diferente, ya que aquí, al igual que en Israel, el terrorismo se percibe como una respuesta a la represión por parte del gobierno, y no como un ataque contra la humanidad en su conjunto", escribió Dmitri Trenin, politólogo ruso y Director del Centro Carnegie de Moscú.

Incluso ahora, para los intereses de Estados Unidos, resulta más beneficioso llamar a los terroristas 'luchadores por la libertad' (por ejemplo, en referencia a los rebeldes del Ejército Libre de Siria).

Aunque no es siempre así. En la planificación de la campaña afgana por parte de los servicios especiales rusos (y la de Irán, por cierto), éstos aportaron a la agencia estadounidense de inteligencia la información referente a las instalaciones militares de los talibanes. Además, Rusia entregó a los oficiales de inteligencia estadounidenses todos sus contactos en la Alianza del Norte, una alianza de señores de la guerra tayikos y uzbekos, que Moscú siempre ha ayudado a mantener la parte norte de Afganistán. Por último, Rusia dio luz verde a la creación de bases militares estadounidenses en Asia Central, y también permitió el suministro de tropas estadounidenses en Afganistán a través de su territorio.

Naturalmente, nada de ello fue una obra de caridad: Moscú comprendió que la radicalización de los talibanes planteaba una grave amenaza para los intereses rusos en los estados de Asia Central, y se sintió dispuesto a cooperar con EE UU. "No es la clase de evento que publica en portada de The Wall Street Journal, pero aumenta el nivel de seguridad y bienestar del pueblo estadounidense", comentaba acerca de esta colaboración el exembajador en Rusia, Michael McFaul

"En el corto periodo después del 11 de septiembre de 2001, el tiempo demostró que Moscú y Washington pueden ser y están unidos por interés", comenta Mijaíl Marguélov, presidente del Comité de Asuntos Internacionales del Consejo de la Federación.

Sin embargo, fue por un período breve. Moscú consideró que Estados Unidos se negaba a tomar en cuenta sus intereses. Así, Washington reaccionó enérgicamente a la objeción de Moscú con respecto la invasión de Irak, y además violó la única condición que Rusia había puesto a cambio de retirar sus objeciones a las bases estadounidenses en Asia Central: el carácter temporal de éstas. Esta decisión, así como los conflictos subsiguientes (el caso Snowden, el posicionamiento de Rusia acerca de Siria e Irán), finalmente ha destruido no sólo el creciente clima de confianza, sino también sus prerrequisitos.

Y, después de que se realizaran algunos aspectos de la cooperación, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, reconoció que Estados Unidos y Rusia tenían "todo un mecanismo bilateral eficaz que reúne diversos organismos que participan en la lucha contra el terrorismo".

No obstante, esta interacción es puramente táctica. Tras los acontecimientos en la península de Crimea y en el sureste de Ucrania, EE UU se negó a cooperar con Rusia en la lucha contra el terrorismo no sólo de facto sino también de iure. Rusia consideró negativo un paso tan probatorio. Cosa que, sin embargo, no significa que Moscú no esté involucrado en la lucha contra el terrorismo desde el lado de los intereses estadounidenses; sólo que lo hace sin el apoyo de los Estados Unidos. Además, a diferencia de EE UU, Rusia (sin demora alguna) suministró armas a las tropas iraquíes para luchar contra las tropas del Estado Islámico que avanzaban hacia Bagdad. En particular, ha ayudado a las autoridades iraquíes con aviones de ataque rusos.

En el futuro, Moscú estaría dispuesta a apoyar la lucha contra el Estado islámico, pero no desea participar de manera ilegítima en las operaciones en Siria, es decir, sin haber llegado a un acuerdo con las autoridades sirias.

Rusia exige a EE UU máxima transparencia en sus operaciones en Estados Unidos, conciliación con las autoridades sirias (es decir, el cumplimiento de todas las formalidades legales), y garantías de que esta operación no crecerá como resultado del bombardeo de las tropas de Bashar al-Assad.

Washington no parece estar listo para dar tales garantías. "El Secretario de Estado estadounidense me ha dicho repetidamente que, en un futuro próximo, ofrecerá algún tipo de formato mediante el que Estados Unidos, Rusia y los países de la región serían capaces de evaluar lo que está sucediendo y tratar de resolver el equilibrio de intereses, con el fin de hacer frente a la amenaza terrorista”, dice Serguéi Lavrov.

“Yo he reafirmado el compromiso con ese contacto, pero hasta que vaya más allá de las palabras, no tiene importancia".

Guevorg Mirzayán es corresponsal de Expert Magazine y miembro investigador en el Instituto de Estudios sobre EEUU y Canadá de la Academia Rusa de Ciencias.

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