La lección de Escocia para entender la crisis en Ucrania

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

El autor sostiene que estamos tan condicionados para analizar la situación en Ucrania a través de filtros pertenecientes a la época de la Guerra Fría que utilizamos los mismos criterios que hace 25 años para entender lo que sucede en el país.

Europa podría contar con un nuevo estado a finales de año. Parece que los separatistas de una esquina de Europa están ganando la partida en sus tentativas de obtener la independencia, mientras se aprovechan de los complejos sentimientos y emociones que han acumulado durante siglos.

Si este movimiento separatista se dispara fuera de control, algunos temen que pueda afectar a los mercados de petróleo, a la vez que expresan su preocupación de que las armas nucleares caigan en las manos equivocadas. Y eso podría tener graves implicaciones para la OTAN, la UE y nuestro modo de pensar sobre el derecho a la autodeterminación nacional en Europa. Estoy hablano de Escocia...

El hecho de que Escocia declare su independencia del Reino Unido, un sueño surrealista hace solo dos años, es ahora una posibilidad real. Este extraordinario giro de los acontecimientos, el resurgir de un apoyo público a la independencia que pilló por sorpresa a los EE UU, podría ayudarnos a entender la crisis de Ucrania de tres modos destacables.

En primer lugar, lo más importante es que la situación en Escocia puede ayudarnos a ver por qué Rusia lamenta tan profundamente la pérdida de su imperio y por qué valora tanto a Ucrania. Reemplacemos “Escocia” por “Ucrania” y “Gran Bretaña” por “Rusia” en cualquier artículo de opinión sobre el referéndum sobre independencia y tendremos una descripción sorprendentemente acertada de lo que los rusos sienten por Ucrania.

Para empezar, habría que cambiar el término “Gran Bretaña” por algo como “Pequeña Bretaña”. Además, habría que crear una nueva bandera.

En segundo lugar, la situación que se está creando en Escocia podría ayudar a que Rusia entendiese que hay una enorme diferencia entre llamar a las personas “separatistas” y “terroristas”. Los eventos de Maidán desembocaron en una espiral de violencia que solo es posible cuando las necesidades inherentes de autodeterminación nacional no se ven reconocidas. De repente, una palabra como “separatistas” se transformó en “rebeldes” y “terroristas” en las proclamas de Kiev.

Esto no quiere decir que esta misma sucesión de acontecimientos pueda tener lugar en Escocia si el voto por la independencia se subvierte de algún modo tras el 18 de septiembre; solo que algo supuestamente simple, como votar un Acuerdo de Asociación, puede tener consecuencias importantes.

Al votar por la independencia del Reino Unido, los separatistas escoceses no están rechazando el capitalismo y no están rechazando a Londres; simplemente, creen que les podría ir mejor si gobernasen sus propios asuntos. Se trata de identidad nacional, orgullo cultural y autonomía regional. Estos mismos factores (por supuesto, con mayor fuerza pero también más volátiles) entran en juego en Crimea y el este de Ucrania.

Finalmente, los separatistas escoceses nos pueden ayudar a entender el camino que tomará Ucrania en caso de que funcione el alto el fuego. ¿Qué aspecto tiene realmente una solución “federalista”? ¿Es sostenible?

Como señaló Vox en su artículo explicativo sobre Escocia: “Eso son simplemente cuestiones técnicas; el nuevo Gobierno también tendrá que desarrollar un sistema fiscal, implantar una plataforma para asuntos socials, tomar decisiones sobre inmigración y debatir toda una serie de cuestiones políticas diversas”.

Si todo esto funciona, tal y como planean los separatistas, Escocia podría servir a Ucrania como modelo que ha recibido la aprobación occidental. Podría ayudar a determinar las consecuencias inmediatas de otorgar una mayor autonomía a regiones como Dónetsk y Lugansk. Podría proporcionar una guía para asuntos de alcance mucho mayor, como si Ucrania se debe unir a la OTAN o no y qué tipo de frontera debe existir entre Rusia y Ucrania.

Los que apoyan el movimiento separatista escocés afirman que esta votación solo sucederá una vez en la vida y que si fracasan abandonarán de una vez para siempre. Sin embargo, este arriesgado experimento es interesante, ya que nos muestra lo que no pensamos cuando pensamos en Ucrania. Estamos tan condicionados para analizar la situación en Ucrania a través de filtros pertenecientes a la época de la Guerra Fría que utilizamos los mismos criterios que hace 25 años para entender lo que sucede en el país.

Solo vemos dos bloques rivales, OTAN contra Rusia, enzarzados en una confrontación de suma cero; vemos la reaparición de un nuevo telón de acero entre Rusia y Occidente, la vuelta de la realpolitik en geopolítica, un choque de civilizaciones entre Rusia y Europa.

Y quizá, solo quizá, el voto de los separatistas escoceses nos hará cambiar de opinión y nos obligará a abandonar el viejo modo de pensar heredado de la Guerra Fría.

Dominic Basulto es el editor estadounidense de Russia Direct. Ha estudiado en Princeton, Yale, la Universidad Estatal de Moscú. Tiene un blog en el Washington Post.

Artículo publicado originalmente en Russia Direct   

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La opinión del autor no refleja necesariamente la de RBTH.

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