"¡Gracias por las sanciones!"

Dibujado por Konstantín Máler

Dibujado por Konstantín Máler

Las sanciones impuestas por Occidente a Rusia debido a la situación en Ucrania podrían convertirse en una oportunidad para modernizar la economía. La respuesta adecuada a la actual situación debería ser otorgar mayor libertad empresarial, y reducir los riesgos en el país, así lo cree el director del departamento de mercados internacionales de capital del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias de Rusia.

Hay que diferenciar entre los efectos a largo y corto plazo de las sanciones. El efecto inmediato no es muy grande. Las sanciones están pensadas de tal manera que no afecten en absoluto al flujo de petróleo y gas hacia Europa y los cálculos realizados sobre él. Esto significa que los ingresos en divisas sobre los que se apoya la buena salud de las finanzas rusas se mantienen intactos.

Entre enero y mayo de 2014, según datos de Rosstat, el saldo positivo de la balanza comercial fue de casi 100.000 millones de dólares, lo que supone un aumento del 10%. Esto significa que los empresarios tienen medios para pagar sus deudas en divisas. Tal y como están organizadas las finanzas rusas, puede que incluso se arregle algo.

Las grandes empresas rusas se han centrado demasiado en conseguir moneda extranjera. La máquina financiera del país se ha mantenido demasiado pequeña de forma artificial. Ahora tenemos una excusa para ocuparnos de ello: es mejor saturar la economía con dinero y crédito, bajar el interés, sanar con cuidado el rublo (hoy en día está sobrevalorado), reforzar los mercados financieros, lanzar un paquete de choque de rebajas fiscales para aquellos que estén dispuestos a aumentar la producción. Por delante tenemos una reducción de la importación y si somos inteligentes, crecimiento económico y pasos hacia un cambio en las importaciones.

¡Gracias por las sanciones! Hace tiempo que hacía falta un revulsivo. Pero todo esto tan solo sucederá si 'lo de arriba', los que deciden se enfrentan a las sanciones como un gran estímulo para el crecimiento de la demanda y la oferta interior.

Las consecuencias de las sanciones a largo plazo son más duras. La política oficial de la Unión Europea y EE UU es desplazar a Rusia del mercado del combustible en Europa. Además está el 'boicot tecnológico'. Y por si fuera poco el cierre de los canales de financiación externa y no temporalmente sino para largo. Es un reto duro, difícil de solucionar. Muchos de los sectores más importantes de la economía dependen entre un 50-80% de la importación.

En esta situación nos encontramos en una encrucijada. La buena respuesta sería realizar una modernización, liberar la energía para la clase media y la empresa, reforzar los estímulos para el crecimiento, elevar el nivel de ahorros, lanzarse a la "aceleración financiera", como hicieron China, Corea y Singapur.

Intentar crear nuestro propio milagro económico en una situación de mayor libertad empresarial, de reducción de los riesgos dentro del país. Hacer todo lo posible por atraer inversiones directas extranjeras que traigan consigo nuevas tecnologías. De cualquier país del mundo, se encontrará la manera.

También hay respuestas malas. Protegerse y pasar al modelo de movilización de la economía. Este camino no va a ninguna parte, tan solo a grandes pérdidas para la población. Hay otra opción desaconsejada, quedarse donde nos encontramos ahora mismo, dejar todo en manos del gobierno, en la presión fiscal y el control de la administración. Esta es la mejor manera de quedarse atrasados y más débiles a la larga.

En cualquier caso vienen tiempos difíciles. Tres meses, uno o dos años, pero no nos libraremos de una caída. Puede que haya alguna reconciliación temporal con algún país occidental. Puede que retrocedamos dos o tres pasos en el presente conflicto, pero las heridas provocadas por los últimos acontecimientos y sanciones son profundas.

El restablecimiento del anterior nivel de integración de Rusia en la comunidad internacional puede llevar entre 10-15 años. Por supuesto, en ese caso, si salimos reforzados como economía, emprendemos la modernización, nos mantenemos abiertos, en el mercado, podremos mejorar la calidad de vida. Nos haremos más honrados, eliminaremos la corrupción.

Esta realidad puede que no guste. Puede que se aprecie de forma diferente desde el punto de vista de quien tiene razón y quien es culpable. Pero es la realidad.

Las sanciones se extenderán en el tiempo, afectarán a pequeñas partes de la economía mundial y no afectarán a lo más importante, lo que le da estabilidad a la UE, es decir el flujo de materias primas desde Rusia.

Las empresas occidentales a las que sanciones les toca de refilón han tenido tiempo y posibilidad de adaptarse: poner límites a Rusia, cerrar contratos con otros agentes. El mundo tiene pensado crecer después de la crisis sin prestar atención a los que se queden en el camino.

Las sanciones por los acontecimientos de Ucrania, forman parte de los que se llama geopolítica. El orden mundial siempre es una lucha. Un tablero de ajedrez. Unos imperios desaparecen, otros se refuerzan y otros oprimen a un tercero. Hoy en día está surgiendo un mundo multipolar y los países luchan con dureza por sus zonas de influencia. No se sabe cuál será la relación de fuerzas final. ¿Se quedarán los EE UU, y junto con ellos el G-7, como el centro de todo y todos o surgirá una nueva estructura mundial más compleja? Tan solo lo sabremos dentro de unos diez años.

En cualquier caso ganará aquel que tenga más ideas y energía, más creatividad y libertad y una mayor calidad de vida. Por eso Rusia tiene que responder al reto. Hacerse más ingeniosa, innovadora y más ligera para el ascenso. Inteligente y no una fuerza de hierro.

Encontrar la receta propia del 'milagro económico'. Convertirse en un país al que se acercan y no del que huyen los europeos, los asiáticos o cualquier otra alternativa. Si Rusia llega a producir un 6-8% del PIB mundial, en lugar del 2,8 actual, eso sería ya otra cuestión.

Yakov Mirkin, director del departamento de mercados internacionales de capital del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias de Rusia.

Artículo publicado originalmente en ruso en Rossiyskaya Gazeta.

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