¿Qué implicaciones tendría para Rusia la retirada unilateral de tratados internacionales?

Dibujado por Konstantín Máler

Dibujado por Konstantín Máler

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha declarado que Moscú puede decidir unilateralmente retirarse de los tratados internacionales, como ya hicieron en su tiempo los Estados Unidos.

“Los Estados Unidos decidieron unilateralmente abandonar el tratado relativo a la limitación de armas estratégicas ofensivas, y así lo hicieron. Esta decisión se fundamentaba en consideraciones relacionadas con su seguridad nacional. Y nosotros haremos exactamente lo mismo si lo consideramos útil y necesario para la protección de nuestros propios intereses”, afirmó Putin durante un encuentro con los parlamentarios rusos.

El tratado sobre el control de armas entre la Unión Soviética y Estados Unidos (INF) se firmó en Washington el 8 de diciembre de 1987. Rusia firmó este acuerdo porque EE UU Unidos tenía desplegados en Europa (Alemania Federal, Gran Bretaña, Italia y Bélgica), 429 misiles balísticos y de crucero Pershing-1ª, Pershing-2 y BGM-109G con cabezas nucleares, capaces de atacar en cuestión de minutos toda la parte europea de la URSS hasta el Volga.

El presidente se refería al 2002, cuando Estados Unidos se sustrajo del Tratado sobre la limitación de los sistemas de misiles antibalísticos, firmado en 1972. Cualquier persona puede equivocarse. No tiene nada de extraño.

En cualquier caso se puede afirmar que la salida de los Estados Unidos de este tratado en 2002 fue un gran error. Ahora son muchos quienes lo reconocen en Washington. Al final los grandiosos planes de desarrollo de un sistema de defensa antimisiles no se concretaron. Por ejemplo, en el marco del tratado, los Estados Unidos podrían desarrollar hasta cien escudos estratégicos de defensa antimisiles, pero están previstos en total 40 interceptores de base terrestre hasta 2020.

Por lo que respecta a los sistemas Standart-3 en Europa, Asia y en embarcaciones, debido a sus características técnicas, la posibilidad de abatir misiles balísticos estratégicos es extremadamente limitada, especialmente después de la abolición, en 2013, de la modificación avanzada del SM-Block 2B.

Siguiendo el ejemplo de los Estados Unidos, y con argumentos no del todo convincentes, Rusia ha dejado de cumplir unilateralmente el Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE), firmado en 2007. Pero ¿qué ventajas traerá esta decisión? Hasta el momento Rusia no ha superado todavía los máximos y las cuotas establecidas en el acuerdo, incluso al contrario, está un 30-40% por debajo de esos niveles. Pero se trata de un gesto puramente político que conlleva la pérdida de ejercer un estrecho control sobre las cuotas contractuales de todos los países miembros de la OTAN en términos de posicionamiento y de redistribución de tropas y armamento pesado en Europa.

Ahora sólo nos queda esperar que en los países bálticos, en Polonia, Rumania y Bulgaria, no surjan nuevas grupos militares aliados con el pretexto de la crisis ucraniana, pues, dada la inexistencia de un tratado por parte rusa, tienen absoluta libertad de actuación en este sentido.

También es perfectamente posible que el presidente Putin tuviera en mente la posibilidad de que Rusia rescindiera el acuerdo para la eliminación de los misiles de corto y medio alcance (Tratado INF- Tratado sobre Misiles de Alcance Medio y Más Corto), firmado en 1987. Este tema ya se debatió en la década pasada y con la actual situación política las discusiones en torno a esta cuestión aún son más encendidas.

En su discurso pronunciado en Múnich en febrero de 2007, Putin habló de la fabricación de misiles de medio alcance por parte de una serie de países, en un momento en el que casi únicamente Rusia y Estados Unidos no estaban autorizados a tener sistemas de esta clase. En el mismo año el jefe del Estado Mayor de entonces, el general del ejército Yuri Baluyevski, justificó la posible retirada de Rusia del Tratado INF amparándose en los planes de los Estados Unidos para implantar instalaciones de defensa antimisiles en Polonia y en la República Checa en 2012. En este escenario, los misiles de medio alcance (MMA) eran necesarios para Rusia no para frenar a países terceros, sino para enfrentarse a la OTAN.

Después llegó la administración de Barack Obama y, en 2009, abolió el programa de los predecesores republicanos y lo sustituyó por el plan de Fases Adaptativo para Europa, de implantación de instalaciones de defensa antimisiles. Pero en 2013 Obama revocó la cuarta fase del programa causando aún más preocupación en Rusia.

Sin embargo, Moscú consideró que no era suficiente. La oposición al sistema de defensa antimisiles norteamericano se presenta ahora también como un argumento a favor de la fabricación de misiles de medio alcance rusos y del rechazo del tratado. Según los expertos, se justifica por la necesidad de hacer frente a los misiles de crucero aéreos y marítimos norteamericanos. Finalmente para justificar la salida del tratado se utilizan argumentos sobre violaciones técnicas del Tratado INF por parte de los Estados Unidos, que fabrican misiles de clase semejante como blancos para experimentos de los sistemas de defensa antimisiles.

Esta tendencia de desdeñar los tratados ocurre en un clima de escalada de la tensión en torno a la situación en Ucrania, de la indignación pública por las acciones de la política exterior de los Estados Unidos, así como de una campaña activa antiamericana en Rusia. A la luz de esto, los argumentos a favor de la salida del Tratado INF se interpretan más como fruto de la coyuntura política actual que como un análisis estratégico serio, que podría ayudar a valorar en profundidad las consecuencias militares y políticas para Rusia en la escena internacional.

Por lo que respecta a otros países (Israel, Irán, Arabia Saudí, Pakistán, India, China, Corea del Norte), apuntan sus misiles terrestres de corto y medio alcance unos contra otros o contra los Estados Unidos y sus aliados, pero no contra Rusia. En cualquier caso, las fuerzas nucleares rusas de todas las clases superan en un número cuatro o cinco veces mayor (y sobre todo en calidad) las armas nucleares de todos estos terceros países juntos. Lo que Rusia posee para disuadir a los Estados Unidos es más que suficiente para disuadir también a todos los terceros países juntos o por separado. No son necesarios para lograr este objetivo misiles de medio alcance.

No obstante, la salida de Rusia del Tratado INF podría causar un incremento de las tensiones con los países aliados de los Estados Unidos en Europa: estos tendrían un motivo real de preocupación con los misiles balísticos y de crucero rusos de medio alcance.  Este movimiento podría llevar al desarrollo de un sistema de defensa antimisiles europeo, a su evolución y mejora, y, de ese modo, se convertiría en una preocupación todavía mayor para Moscú. Los países de la OTAN son capaces de responder no sólo con sistemas defensivos, sino también ofensivos.

La salida del Tratado INF permitirá a Rusia instalar misiles de medio alcance, que servirán para otros países, pero que de modo alguno afectará al equilibro estratégico con Washington. Para eso Rusia dispone de misiles balísticos intercontinentales, pero no armas, sobre la base de los acuerdos de 1987, que son capaces de alcanzar el territorio de Alaska.

En este caso, Washington tendrá la posibilidad de desarrollar nuevos misiles ofensivos de medio alcance en el territorio de los aliados europeos, algunos de los cuales acogerían de buen grado ese paso por parte de los Estados Unidos. Además, a diferencia de lo ocurrido al inicio de la década de 1980, y como resultado de la ampliación de la OTAN hacia el este, estos misiles conseguirían, con un menor tiempo de vuelo, bombardear todo el territorio de Rusia hasta los Urales y más allá, lo que constituiría un importante contrapeso muy desestabilizador para el potencial estratégico de los Estados Unidos. Surgiría también un grave desequilibrio estratégico, por no mencionar el inicio de una etapa totalmente nueva de confrontación con Occidente, que parecía ya olvidada.

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Alexéi Arbatov es el director del Centro para la Seguridad Internacional del Instituto de Economía Mundial y de Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias de Rusia (IMEMO RAN, en siglas rusas), y miembro de la Academia de Ciencias de Rusia.