Los BRICS, la semilla de un nuevo orden financiero internacional

Dibujado por Serguéi Vinográdov

Dibujado por Serguéi Vinográdov

La creación de un Nuevo Banco de Desarrollo acordada por los mandatarios de los países BRICS en la cumbre de Fortaleza a mediados del mes pasado, supone la aparición de una alternativa al sistema financiero internacional dominado por el FMI y el Banco Mundial.

Los historiadores del futuro, no lo dudo, considerarán el encuentro que se celebró los días 16 y 17 de julio en la ciudad brasileña de Fortaleza entre los jefes de Estado que integran el grupo de los BRICS como uno de los momentos cruciales de la historia, comparable a la derrota de Napoleón en Waterloo en 1815 y a la ascensión británica, y luego norteamericana, a la dominación imperial del mundo.

Es evidente que Vladímir Putin desempeña un papel destacado en la creación de una alternativa histórica al sistema monetario y financiero anglo-americano por medio del grupo de los BRICS. Los próximos meses, supongo, serán decisivos en relación con esta cuestión.

Sin duda, el acuerdo más importante alcanzado en la cumbre fue el de la creación del denominado Nuevo Banco de Desarrollo con un capital inicial de 50.000 millones de dólares, que posteriormente podrá ser aumentado hasta los 100.000 millones. Además, los países BRICS convinieron crear un nuevo fondo común de reservas de divisas por un valor de 100.000 millones de dólares, gracias a lo cual será extremadamente difícil y caro que se repitan los ataques financieros de Wall Street de 1997 contra el Tigre asiático.

En una extensa entrevista concedida a la nueva agencia de noticias ITAR-TASS, el presidente Vladímir Putin habló de los aspectos fundamentales en la elaboración de la estrategia común de los BRICS: “El mundo contemporáneo es multipolar, complejo y dinámico, es una realidad objetiva. Y los intentos de construir un modelo de relaciones internacionales en que todas las decisiones se tomen en el marco de un polo único son ineficaces, una y otra vez fallan y finalmente están condenadas al fracaso”, declaró el líder ruso.

En sus valoraciones y reflexiones, Putin señala también esta realidad: los cinco países al completo, entre los cuales hay dos que son miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, dotados con derecho a veto, y cuya población total asciende a casi 3.000 millones de habitantes, se muestran unánimes en sus declaraciones respecto a los principios de las relaciones internacionales y la Carta de la Organización de las Naciones Unidos, documento cuya existencia, al parecer, han olvidado hoy en Washington y en Bruselas.

Además, el Banco Mundial y el FMI se han negado a financiar algunos proyectos porque no favorecen los intereses de corporaciones internacionales de los Estados Unidos o la Unión Europea, como ExxonMobil o Monsanto.

Aunque no expresado claramente, en conjunto esta observación constituye en sí un ataque de facto al papel neocolonial del FMI y del Banco Mundial que por su “consenso de Washington” siguen una política de medidas de austeridad económica, venden activamente compañías estatales y devalúan las monedas nacionales: una política que es conveniente y favorece unívocamente los intereses financieros e industriales de los países desarrollados.

De facto, creando un Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS con un capital de 50.000 millones de dólares, con una dirección propia, con reglas propias completamente independientes de los dictados del FMI, los países BRICS por primera vez desde el periodo de la posguerra han hecho la revolución al sistema del dólar, que todavía a día de hoy tiene en sus manos el desarrollo mundial y lo ha dirigido de modo unilateral a favor de los intereses de los denominados países ricos.

Conforme a una regla tácita, el jefe del FMI siempre ha sido un representante de Europa, y el presidente del Banco Mundial tiene que ser ciudadano de los Estados Unidos, además tanto el banco como su presidente tienen su sede de trabajo en Washington.

Todos los países integrantes de los BRICS, a excepción única de China, fueron destinatarios de créditos del FMI condicionados por obligaciones de los deudores ante el acreedor y por duras exigencias

Tras la disolución de la Unión Soviética, ocurrida en 1991 no sin ayuda de los Estados Unidos, Washington consiguió que todas las inversiones en la economía de Rusia fueran confirmadas por el FMI. Este está controlado por el Ministerio de Finanzas de los Estados Unidos. Esto permitió a las corporaciones internacionales norteamericanas y a Wall Street expoliar las riquezas de Rusia bajo la presidencia de Yeltsin. Exactamente de la misma manera que durante la crisis de deuda de los países tercermundistas de la década de 1980, cuando Brasil y luego Sudáfrica se vieron obligados a someterse a los dictados del FMI.

Ahora, con la existencia de estos dos nuevos institutos como semillas de un nuevo sistema económico internacional justo, los BRICS tienen la oportunidad de formular un “consenso popular” o, como algunos lo llaman ya, el “Consenso de Río”, que contribuiría al desarrollo racional de las economías nacionales, al aumento del nivel de vida de toda la población, a la disminución del poder de los oligarcas corruptos. Todo indica que el proyecto del “Consenso de Río” ya está en marcha.

A pesar de que Vladímir Putin dio a entender que la recepción de los nuevos miembros de los BRICS debe esperar la consolidación de estos nuevos institutos, Indonesia, Turquía y una serie de otros países cuyo desarrollo es rápido ya hacen cola para hacerse miembros de los BRICS. Esto, a su vez, crea un serio contrapeso al mundo de Washington.

Además, Rusia ha propuesto también crear una red de universidades: un conglomerado de las principales universidades de Rusia, China, Brasil, India y la República Sudafricana, en primer lugar de especialidades económicas y técnicas, informa la agencia TASS.

Hoy en día, Rusia, junto con Brasil, India, China y la República Sudafricana, han creado una nueva familia, una donde hay buen juicio y al menos una pizca de simpatía y ánimo de compartir el duro destino de otros. En cambio, el Grupo de los Siete o G-7 es hoy un club de economías que se han derrumbado: Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, Francia, Canadá, Japón. El único país cuya economía funciona, aunque sea a medio gas, es Alemania.

Vladímir Putin y sus colegas de los BRICS ahora pueden pasar a crear una alternativa que tenga en cuenta los intereses de toda la comunidad internacional. Es algo que espero y llevo soñando décadas.

BRICS, una asociación que a medio plazo será capaz de romper con el monopolio de Estados Unidos en la economía y la política mundial. Lea más aquí>>>

 

Artículo publicado originalmente en ruso en Rossiyskaya Gazeta.

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