Entre vuelos y caídas: el índice de popularidad de Putin a lo largo de 15 años

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

Por tercer mes consecutivo el presidente ruso conquista récords de popularidad en las encuestas. El sociólogo Denís Volkov, del prestigioso Centro Levada, analiza las fluctuaciones que ha habido en los índices de aprobación de Vladímir Putin en los últimos 15 años.

En los primeros meses de 2014, el porcentaje de la población rusa que apoya las acciones del presidente Vladímir Putin ha pasado del 65 % de enero al 82 % a finales de abril. Al mismo tiempo, se ha registrado un aumento del índice de satisfacción con el Gobierno, de intención de voto por el partido del presidente y de los factores generales de optimismo.

El Centro Levada es una organización de investigación sociológica independiente y una de las más grandes de Rusia. Cuenta con una red de 67 oficinas regionales y coopera con otros centros de opinión pública en la CEI y en los países Bálticos. El Centro Levada comenzó a gestarse en 1987. El nombre es en honor del sociólogo ruso Yuri Levada (1930-2006)

Inicialmente, la popularidad del presidente aumentó 4 puntos debido a la victoria del país en los Juegos Olímpicos. La intervención de Rusia en los eventos de Ucrania y la adhesión de Crimea han hecho que crezca otros 11 puntos.

Finalmente, la línea directa televisiva del presidente, dedicada casi por completo a la situación en Crimea y Ucrania, ha permitido a Putin consolidar su éxito en esta operación. Esto ha llevado a que el índice de apreciación presidencial ganase un par de puntos más en los porcentajes, en un momento en los que otros indicadores comenzaban a descender.

La situación en torno a Crimea ha hecho que mejoren los resultados de las encuestas por una serie de razones. La amenaza de un conflicto militar produce siempre, en cualquier lugar, la necesidad de alinearse con los “nuestros” contra los “otros”, de modo que la población del país se aglutina en torno a sus líderes.

El “retorno” (como lo ha definido Putin) de la península de Crimea a la familia rusa no solo es percibido por la mayoría de los rusos como una justa indemnización histórica, que alivia en parte el recuerdo del dolor por la pérdida rusa de su estatus de superpotencia, sino que también tiene, en sí mismo, algo noble. La idea de que Crimea debía volver a formar parte del ámbito ruso y que los líderes del país debían tutelar los intereses de los rusos en el espacio postsoviético ya había comenzado a afianzarse a principios de los años 90.

Una amplia mayoría de ciudadanos está convencida de que Rusia ha ofrecido su ayuda a la población rusófona, defendiéndola de un fin seguro a manos de los “fascistas” y “nacionalistas” que han alcanzado el poder en Ucrania, teoría que, por otra parte, se difunde desde hace meses en todos los principales canales de televisión rusos.

Además, según la opinión de la mayor parte de los rusos, lo único que hacían los gobiernos de los países occidentales era obstaculizar la salida de la crisis, persiguiendo sus propios (y sórdidos) intereses. La historia de Ucrania se presenta a los rusos en un modo más atractivo y correcto, que difiere significativamente de la visión que tienen los países europeos y los EE UU.

Finalmente, el factor esencial es que, según la mayor parte de los rusos, la cuestión de Crimea y la intervención de Rusia en la crisis ucraniana no han tenido consecuencia alguna. Los eventos sucedidos en la península no han seguido un desarrollo sangriento, y los rusos no creen en las sanciones impuestas por Occidente ni, por otra parte, están en condiciones de valorar sus consecuencias, ya que apenas se mencionan en los medios informativos.

Y es precisamente de los telediarios, principalmente en los tres mayores canales televisivos, de donde el 90 % de los rusos obtiene información sobre la situación en su país y en el mundo. Solo un 15- 20 % utiliza internet para este fin, aunque aquí los usuarios de fuentes de información independientes y de calidad, que ofrezcan una pluralidad de puntos de vista sobre la realidad, representan un porcentaje mínimo. La inmensa mayoría de los rusos no tiene acceso a fuentes de información alternativas a las oficiales.

El índice de popularidad de Putin no aumentó solo en primavera: se habían alcanzado ya niveles récord en 1999, tras las explosiones en los edificios de la periferia moscovita, y al principio de la segunda guerra de Chechenia, cuando el apoyo a la actuación de Putin saltó del 31 al 80 %.

También en septiembre de 2008, durante la guerra ruso-georgiana, la valoración del presidente rozó el 88 %. Sin embargo, junto a estos importantes episodios se registraron también decenas de eventos menores, acompañados de campañas de información y propaganda, que contribuyeron sin duda a acrecentar la popularidad del jefe de Estado.

Recordemos, entre otros, el escándalo del “Soldado de bronce” en Estonia, la importación de carne polaca en mal estado, los escándalos relacionados con el espionaje inglés y estadounidense. Cualquier conflicto de cierta relevancia en política exterior también era utilizado por los tecnócratas del Kremlin para hacer aumentar los índices de valoración. En este caso, como en el de Crimea, el régimen político ruso ha mostrado su inmensa capacidad de adaptación al cambio.

Sin embargo, sin entrar en detalles, en los 15 años de evolución de las encuestas, durante los que Putin ha ocupado sin interrupción el cargo de presidente y de primer ministro, se pueden distinguir dos fases principales: un primer periodo de crecimiento, de 1999 a 2008, con una parada en 2004, al que ha seguido otro periodo de descenso de la popularidad.

En el arco de tres años, de 2008 a 2011, Putin ha perdido casi un tercio de su valoración. El nivel mínimo lo ha alcanzado en diciembre de 2011, cuando en las grandes ciudades rusas se produjo una oleada de protestas contra el fraude electoral; en aquel entonces, el 63 % apoyaba la política de Putin, mientras que el 36 % estaba en contra. La campaña presidencial mejoró temporalmente la actitud hacia Putin, pero después, durante un año y medio, hasta febrero de 2004, las cifras apenas cambiaron, oscilando en torno al 65 %.

 En otras palabras, ninguna movilización temporal de la opinión pública ha logrado cambiar esta tendencia de larga duración y que está determinada por la economía. Los eventos de Crimea han mejorado, durante algún tiempo, la imagen de los políticos a ojos de los rusos, aunque sin influir sobre las valoraciones de la situación económica. Y precisamente esta es la razón por la que, para que dure la popularidad de Putin y la estabilidad del sistema político, será determinante el ritmo del crecimiento económico.

Acceda a la página web del Centro Levada(en ruso e inglés).

Denís Volkov, sociólogo del Centro Levada.

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