Crisis en Ucrania, ¿catalizador para un cambio esperado?

Dibujado por Alexéi Iorsh

Dibujado por Alexéi Iorsh

La futura prosperidad de Rusia y de Ucrania se basa en desarrollar una democracia al estilo europeo. La integración de la economía ucraniana podría crear un nuevo contexto para la reforma.

El presidente ucraniano Víktor Yanukóvich desencadenó una nueva crisis en su país en otoño de 2013, cuando rechazó el acuerdo de comercio que ofrecía la Unión Europea en favor de un acercamiento a Rusia. Miles de ciudadanos ucranianos tomaron las calles como protesta y hubo heridos en las revueltas y enfrentamientos con la policía.

Entender la elección a la que se enfrentaba Ucrania y los motivos de Yanukóvich y del presidente ruso Vladímir Putin requiere una valoración profunda y matizada de la historia económica del área post soviética. La desintegración de la economía única que siguió a la caída de la URSS tuvo duras consecuencias económicas que todavía se aprecian en la región.

En los años 90 la economía rusa se contrajo un 40% y la de Ucrania llegó a caer un 60%. El sistema económico soviético estaba destruido y empezaban a surgir nuevos tipos de cooperación entre países. Esto no es en absoluto un proceso fácil. En la era soviética, Ucrania fue la república más avanzada económica y tecnológicamente de la URSS. Pero hoy en día, como estado soberano, Ucrania es uno de los países más pobres de Europa.

La UE y los EE UU comenzaron a competir con Rusia por la influencia sobre Kiev poco después de la caída de la Unión Soviética. Pero sus acciones adolecen de falta de visión estratégica y no están, en la actualidad, respaldadas por recursos económicos.

Hace no mucho, Ucrania era el tercer mayor receptor de ayuda estadounidense, tras Israel y Egipto. También la UE también ha implantado numerosos programas de asistencia para Ucrania. Pero la cuantía de la ayuda estaba lejos de cubrir las necesidades de Ucrania. La crisis de 2008 tuvo un efecto devastador en su economía.

Un acuerdo de 16.400 millones de dólares con el FMI, firmado en noviembre de 2008, y otro de 15.100 en agosto de 2010 solamente ralentizaron la caída del país en el abismo económico. También hubo duras consecuencias sociales que mostraron al Gobierno del país que el camino de las reformas ultraliberales era peligroso para la estabilidad social. Fue en ese periodo de incertidumbre cuando Rusia se unió a la rivalidad político-económica por Ucrania.

Kiev esperaba que Bruselas llegase con una versión moderna del plan Marshall, pero sus expectativas se frustraron. En efecto, Ucrania fue invitada a unirse al modelo eurocéntrico solamente como estado periférico.

Por el contrario, los líderes rusos creen que convertirse en un “país europeo de segunda clase” no es lo que Ucrania se merece. El Kremlin ofrece a Ucrania un camino más atractivo para el desarrollo a corto plazo, como socio en el bloque liderado por Moscú y conocido como Unión Euroasiática

El pack de ayuda que Rusia ofreció a Ucrania en diciembre de 2013 (un préstamo de 15.000 millones de dólares, una rebaja considerable en el precio del gas y proyectos tecnológicos conjuntos) evitó la caída y proporcionó un balón de oxígeno a los planes para salvar la economía ucraniana.

Los que abogan por la integración en la Unión Euroasiática afirman que no se pueden infravalorar las consecuencias negativas de la caída de la economía unificada soviética. Mucha de la herencia soviética conjunta ha sido conservada. Por ejemplo, Rusia y Ucrania todavía conservan un enorme flujo comercial en bienes y servicios (55.500 millones en 2012), libre circulación de viajeros y trabajadores sin visado, un transporte de gas integrado y cooperación en la industria energética, militar. Rusia también conserva su base naval en Crimea (Ucrania). En economía política, relaciones como estas se denominan 'interdependencia' y son una condición importante para la integración económica.

Pero no es seguro que el modelo propuesto por Rusia sea sostenible a largo plazo. La protección de los derechos de propiedad privada en Rusia es deficiente, no han sido creadas aún instituciones de la calidad requerida y las autoridades del país no están haciendo nada para crearlas. Lo que la economía rusa necesita son reformas que aseguren el funcionamiento de las instituciones económicas de un Estado moderno.

Si el siguiente movimiento de Rusia, tras involucrar a Ucrania en un proceso de reintegración, fuese llevar a cabo una serie de reformas institucionales que los economistas han estado reclamando durante los últimos 10 años, entonces las protestas en la Plaza de la Independencia de Kiev y el inesperado acercamiento entre Rusia y Ucrania podrían tener a largo plazo consecuencias positivas para ambos países.

Rusia y Ucrania están unidas por el hecho de que su futura prosperidad pasa por desarrollar sociedades democráticas de tipo europeo. Pero Rusia aspira también a convertirse en un centro de gravedad independiente en la política mundial. Sus actuales esfuerzos están dirigidos a atraer a Ucrania a su propio proyecto de integración, que es exactamente lo contrario a los intereses de la UE y los EE UU. La necesidad de consolidar la cooperación con Ucrania, en el marco de un proyecto de integración, podría impulsar reformas, tanto en Rusia como en Ucrania, que llevasen a la creación de un contexto donde se dé la posibilidad de una modernización real del sistema político-económico de ambos países.

Pero en el ínterin, no es probable que Rusia adopte una política compatible con observar pasivamente cómo se desarrolla Ucrania como miembro periférico de la Unión Europea.

Los líderes de los países que formaron la Unión Soviética comparten ciertas semejanzas en su visión del mundo. Una es que tienden a minusvalorar el concepto de 'valores' como factor que motive la política nacional, prefiriendo centrarse en los 'intereses', tanto nacionales como personales.

Los líderes rusos están convencidos de que las relaciones internacionales dentro de la CEI (como se conoce a la poco cohesionada organización de los antiguas repúblicas soviéticas) son un juego de suma cero. Eso significa que cada derrota sufrida por un territorio externo a la región cuenta como una victoria para Rusia. Estos 'forasteros' incluirían los EE UU y China, además de la UE.

Cualquier intento de entender las consecuencias económicas de los acontecimientos actuales con centro en Ucrania que no tenga en cuenta esta visión de las élites regionales tiene muchas posibilidades de fallar. 

Stanislav Tkachenko es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Estatal de San Petersburgo.

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