Ucrania frente a una nueva Guerra Fría

Fuente: AP

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Según los medios occidentales parece que el país se encuentra en una encrucijada en la que tiene que decidir entre Rusia y Europa. La situación es más compleja que un juego maniqueo de buenos y malos.

Como explicaba el director polaco Krzysztof Kieslowski: “A la industria de la televisión no le gusta ver la complejidad del mundo. Prefiere las ideas y los conceptos simples: o es blanco o es negro, o bueno o malo”. Los medios de comunicación europeos presuponen que las manifestaciones en la Plaza de la Independencia (la Maidán de la Revolución Naranja de 2004), se deben a la negativa del presidente de firmar el Acuerdo de Asociación (que, por cierto, la mayor parte de los ucranianos confunden con la adhesión a la Unión Europea). Pero eso, en realidad, no es más que una mínima gota de agua en el océano de motivos de descontento hacia el presidente ucraniano.

Según una encuesta del Centro Razumkov (a favor de la oposición), realizada en abril de 2013, un 43 % de los ucranianos desean unirse a la Unión Europea y un 33 % a la Unión Aduanera con Rusia, Bielorrusia y Kazajistán. Según otra encuentra realizada por el Research & Branding Group (progobierno), con fecha de diciembre de 2013, un 46 % está a favor de la UE y el 36 %, a favor de la Unión Aduanera. En esta misma encuesta, el 49 % de los ucranianos apoya el movimiento Euromaidán y el 45 % no. La mayor parte de las encuestas pone de manifiesto una divergencia histórica: el oeste del país es proeuropeo, el este es prorruso.

Aunque los medios de comunicación europeos presentan a Víktor Yanukóvich como un aprendiz de dictador manipulado por Putin y a la inmensa mayoría del pueblo ucraniano como deseosa de adherirse a la Unión Europea por amor a la libertad, la situación es mucho más compleja que este enfrentamiento entre el blanco y el negro que tan a menudo aparece en periódicos y televisiones occidentales. A este respecto, el activismo de varios autoproclamados 'embajadores de la democracia', aunque produzca bellas imágenes, no debe tenerse en cuenta como factor relevante sobre el terreno. Por ejemplo, este es el caso de Victoria Nuland, vice secretaria de Estado de los EE UU, que repartió galletas entre los manifestantes.

Es mejor examinar los resultados de la encuesta realizada por el Instituto Gorshenin el pasado 2 de diciembre entre los propios manifestantes. Un 56 % declara manifestarse por la dimisión del actual presidente, un 28 % por la firma del tratado de asociación con la UE y un 18 % para “tener una vida decente en un país normal”. En otras palabras, la inmensa mayoría de manifestantes se opone en masa a casi todo: las políticas del presidente Yanukóvich, la degradación de la situación social, la corrupción y los sobornos que se propagan, la arbitrariedad de los funcionarios y de la policía.

Geopolíticamente hablando, es indiscutible que Vladímir Putin tiene como primera prioridad diplomática la reconstrucción de un bloque cohesionado alrededor de Rusia: Comunidad de Estados Independientes, Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), Unión Económica Euroasiática. Es obvio también que la OTAN y la UE están llevando a cabo una política de ampliación y cooperación hacia el este que despoja a Rusia de sus vecinos más cercanos. Yanukóvich, intentando que subiesen las pujas en la subasta entre Europa y Rusia, ha jugado con fuego. Sin embargo, en este enfrentamiento simplista entre Oeste y Este, en esta nueva 'Guerra Fría' que tiene lugar en Ucrania desde hace más de diez años, ninguna voz se ha alzado hasta ahora a favor de una tercera vía: el no alineamiento.

Podría haber llegado el momento de que las elites ucranianas y los manifestantes de los dos bandos reflexionasen sobre el futuro de su país, un futuro que no signifique convertirse en un suburbio de Rusia ni en un suburbio de Europa. Si se piensa bien, la posición del país, entre Europa y Rusia, podría ser una bendición. Pero hace falta inspirarse en las ambiciosas políticas de no alineamiento que se llevaron a cabo en otros tiempos, en lugar de condenarse a ser satélite de uno u otro bando. 

Katerina Rizhakova es consultora de comunicación.

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